Los riñones de Manuel, diagnosticado con VIH en 2008, llevaban años deteriorándose, hasta el punto de que iba a empezar diálisis. Lo daba por hecho. “Pero apareció un amigo mío que tiene lo mismo que yo y me dijo que quería ayudarme”, relata. Así, entre dos conocidos y gracias al equipo del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, hace un mes se hizo realidad el primer trasplante de la historia de España entre dos personas que conviven con este virus.
Hace poco más de un año, las donaciones de órganos procedentes de personas con VIH estaban prohibidas en España. Pero Sanidad levantó en julio de 2025 ese veto, vigente desde 1987, al considerar que los avances médicos hacen seguros desde hace tiempo estos trasplantes.
El primer país en permitirlo fue Sudáfrica, en 2008, al que siguió Estados Unidos, en 2024, y ahora varios países europeos, como Reino Unido, Italia y Francia. En total, se han llevado a cabo en todo el mundo unos 70 trasplantes de este tipo.
“Si hasta ahora estaba prohibido es por el tabú que se asocia a la enfermedad, porque los profesionales hace años que pedíamos que se cambiara la ley”, celebraba este viernes Francesc Moreso, jefe de sección de la Unidad de Trasplantes Renales de Vall d’Hebron. “Es un paso más para quitar el estigma del VIH”, añadía Albert Sandiumenge, coordinador de Donación y Trasplantes del centro hospitalario.
Los avances de la terapia antirretroviral para pacientes con VIH hacen que sus trasplantes sean comparables a la población general. De hecho, según datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), más de 800 personas que conviven con el virus han recibido donaciones de órganos, sobre todo de riñón e hígado. Lo que no podían era donarlos, con lo que se calcula también que durante la última década se perdieron unos 165 potenciales trasplantes de órganos de personas fallecidas con VIH.
“Mi donante se merece el cielo”, expresaba este viernes Manuel, nombre ficticio, por teléfono. No quiso acudir a la rueda de prensa en Vall d’Hebron para preservar su intimidad y la de su “salvador”. “Yo no sabía ni siquiera que éramos los primeros en hacerlo, me lo dijeron los doctores”, reconoce.
Manuel, infectado con el VIH por motivos que desconoce, padecía una glomerulonefritis crónica, que le dañaba los filtros del riñón hasta el punto de quedarse al borde de la diálisis. Al comentárselo a su conocido, este se ofreció a darle el riñón y el proceso se aceleró. La operación se llevó a cabo este año y por ahora ambos han reaccionado bien. “El trasplante me ha dado ganas de todo”, celebra.
Los médicos de Vall d’Hebron, el hospital que diagnosticó el primer caso de VIH en España en 1981, han explicado que un trasplante de este tipo no entraña demasiadas complicaciones. De entrada, hay que comprobar que se dan unos requisitos mínimos, como que la carga viral sea indetectable o suprimible mediante tratamiento antirretroviral, no haber presentado determinadas infecciones o si el tratamiento antirretroviral ha tenido fracasos.
A partir de ahí, hay que encontrar una combinación adecuada de la medicación para que no haya interferencias entre los antirretrovirales, por el VIH, y los inmunosupresores para evitar rechazo al nuevo órgano. “La cantidad de antirretrovirales disponibles hace que no de demasiados problemas”, señalaba Jordi Navarro, médico adjunto del Servicio de Enfermedades Infecciosas.
La ONT estima que cada año fallecen en España 17 personas con VIH que podrían ser donantes. No es una cifra que vaya a dar un vuelco a los trasplantes en un país que ya es líder en estas operaciones, pero todos los médicos coinciden en que cada órgano cuenta. Si no, que se lo expliquen a Manuel, exultante estos días. “A ver si el siguiente avance es que podamos encontrar pareja y que el virus no sea un lastre. Ponlo en el artículo, a ver si hay suerte y de estas encuentro una”, se ríe.