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La inteligencia artificial se incorporó rápidamente a la vida cotidiana, ya que ayuda a responder preguntas, resumir textos, recordar información, resolver tareas y hasta tomar decisiones. Pero, a medida que aumenta esa dependencia, también aparece una preocupación sobre qué ocurre con las capacidades que dejamos de ejercitar.

En este marco, Alejandro Benegas, máster en Psicología de la Salud, explicó el concepto de “sedentarismo cognitivo”, utilizado para describir la delegación constante de funciones mentales en la tecnología.

“Se denomina sedentarismo cognitivo, que es justamente delegar absolutamente todo o la mayoría de las cosas a la inteligencia artificial”, explicó en una entrevista con la FM 89.3 Santa María de las Misiones.

El especialista advirtió que esta práctica puede tener consecuencias sobre procesos vinculados con la cognición y la neuroplasticidad. “Esto afecta significativamente el deterioro cognitivo y la neuroplasticidad, que realmente es necesario, importante y vital para que nosotros podamos tener salud integral”, sostuvo.

Frente a este escenario, Benegas planteó la importancia de desarrollar lo que denomina “inteligencia digital”. “Es la capacidad de relacionarme con los dispositivos electrónicos, conocerlos, utilizarlos, que sea un aliado y no delegar al 100% todo”, explicó.

Como ejemplo, mencionó el uso que hacen los estudiantes de la inteligencia artificial para resolver actividades escolares. “Suben el PDF, le piden las consignas y la inteligencia artificial redacta, resume, responde y entrega, lista la actividad”, describió.

Para el especialista, la herramienta puede ser “altamente” potente y beneficiosa, pero “nosotros tenemos que ser inteligentes digitalmente para que la inteligencia artificial sea un aliado”, remarcó.

Dopamina, estrés y ansiedad

Benegas también puso el foco en la relación permanente con los dispositivos electrónicos y en los mecanismos de recompensa que pueden generarse. “Con los dispositivos electrónicos y la inteligencia artificial se genera una hormona que es la dopamina que nos da un placer, diríamos, efímero, de corto plazo y nos genera una dependencia constante”, dijo.

A su vez, remarcó que “la inteligencia artificial, la dependencia constante nos genera niveles de estrés y niveles de ansiedad”, señaló.

En su explicación, diferenció los posibles efectos inmediatos de aquellos que podrían aparecer con el paso del tiempo: estrés y ansiedad en el corto plazo, mientras que a largo plazo planteó preocupación por el deterioro cognitivo y la menor estimulación de procesos vinculados con la neuroplasticidad.

Cuando la tecnología también afecta los vínculos

El especialista advirtió que el impacto no se limita a las capacidades individuales. También puede alcanzar las relaciones familiares, de pareja y los vínculos sociales.

Sostuvo que “está afectando considerablemente mi relación con las demás personas, es decir, relaciones interpersonales de calidad, comunicación asertiva, escucha activa y está afectando a las familias, a las parejas, a las personas”.

Según Benegas, el uso excesivo de dispositivos puede contribuir además a relaciones fragmentadas y mayores niveles de depresión, dentro de un escenario en el que las personas pasan cada vez más tiempo vinculadas con las pantallas.

Afirmó que “hoy los niños están más limitados, las familias están menos comunicadas, las personas tienen niveles mayores de estrés y de ansiedad”.

En este sentido, uno de los ejemplos que utilizó Benegas fue el momento de las comidas. Recomendó establecer espacios libres de dispositivos durante el desayuno, el almuerzo y la cena para recuperar momentos de interacción familiar.

“Yo sugiero tener momentos específicos en los cuales evitar los dispositivos y la relación con la tecnología”, explicó. Y agregó: “Uno de ellos, claramente, es el almuerzo, la cena, el desayuno, momentos de calidad en familia”.

Ejercitar la memoria también fuera de las pantallas

Benegas destacó además la importancia de recuperar actividades que obliguen al cerebro a trabajar con información, pensamientos y recuerdos sin delegar permanentemente esas funciones en la tecnología.

Como ejemplo personal, contó que utiliza una agenda para escribir diariamente y registrar pensamientos positivos, deseos, intenciones y pedidos.

“Me ejercito con los pensamientos, con los deseos, con las intenciones, con los pedidos que me realizan para escribir cotidianamente porque esto ayuda considerablemente a nuestra capacidad mental, memoria, atención, lenguaje”, explicó.

Benegas planteó que el desafío no pasa por rechazar la inteligencia artificial ni los dispositivos electrónicos, sino por aprender a utilizarlos sin abandonar el ejercicio de las propias capacidades.

La clave, según su planteo, es que la tecnología siga siendo una herramienta y no termine reemplazando aquellas funciones cognitivas que necesitan ser ejercitadas de manera cotidiana.

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