Fernando FuentesPor Fernando Fuentes26 OCTUBRE 2026

El cibercrimen continúa expandiéndose a nivel global y ya es considerado una de las principales amenazas para gobiernos, empresas y personas. De acuerdo con estimaciones internacionales, esta actividad ilícita crece a tasas de dos dígitos cada año y se proyecta que hacia 2030 moverá cerca de 28 billones de dólares a nivel mundial.

Las cifras son tan significativas que, según la compañía de ciberseguridad Cybertrust, actualmente el cibercrimen ya es la tercera economía más grande del planeta, solo por detrás de Estados Unidos y China. El fenómeno refleja cómo las organizaciones criminales han profesionalizado sus operaciones, aprovechando la digitalización acelerada, la masificación de los datos y el creciente uso de tecnologías avanzadas como inteligencia artificial.

“El cibercrimen es actualmente una industria altamente sofisticada, con estructuras organizadas, modelos de negocio y capacidades de innovación comparables a las de grandes compañías globales”, explica José Antonio Lagos, CEO de Cybertrust.

Cibercrimen. Foto: Archivo

Según el experto, el crecimiento sostenido de los ataques responde a múltiples factores. Entre ellos, el aumento de dispositivos conectados, la expansión del trabajo remoto, la dependencia digital de las empresas y la creciente exposición de información sensible en plataformas digitales.

“Los ciberdelincuentes entendieron que los datos tienen un enorme valor económico. Por eso vemos ataques cada vez más dirigidos al robo de información, secuestro de sistemas mediante ransomware y fraudes digitales orientados tanto a empresas como a consumidores”, agrega.

A lo anterior se suma el impacto de la inteligencia artificial, que está permitiendo a los atacantes automatizar campañas de phishing, generar mensajes fraudulentos más creíbles e incluso desarrollar mecanismos avanzados de ingeniería social.

“La IA está elevando el nivel de sofisticación de las amenazas. Hoy un fraude digital puede imitar con gran precisión el lenguaje, la imagen o incluso la voz de una persona o empresa. Eso hace mucho más difícil detectar una estafa”, señala José Antonio Lagos.

El experto agrega que, ante este escenario, “la ciberseguridad debe ser vista como un elemento central para la continuidad operacional, la reputación y la confianza. No basta con reaccionar frente a un ataque; las empresas necesitan desarrollar capacidades de prevención, monitoreo y respuesta permanente”.

“El crecimiento exponencial del cibercrimen confirma que la seguridad digital se ha transformado en uno de los grandes desafíos económicos y sociales de esta década, obligando a empresas, gobiernos y ciudadanos a fortalecer su capacidad de adaptación frente a amenazas cada vez más complejas”, concluye.