Un informe que analizó la evolución de la delincuencia adolescente en Chile entre 2015 y 2025, elaborado por la Fiscalía Nacional, evidenció que solo un 2,4% de los 30.590 jóvenes a los que se hizo seguimiento persisten en la comisión de delitos una vez que son adultos.

El estudio sobre Responsabilidad Penal Adolescente (RPA) analiza la evolución de los ingresos de adolescentes al sistema penal durante una década; identificó además cinco trayectorias delictivas diferenciadas.

Los datos muestran que los ingresos de adolescentes al sistema penal registraron una disminución sostenida entre 2015 y 2018, seguida de un aumento en 2019 y una fuerte caída durante los años de pandemia. Desde 2022 se observa una recuperación progresiva, aunque los niveles de 2025 continúan por debajo de los registrados al inicio del período.

El comportamiento, además, presenta diferencias territoriales: mientras el país en su conjunto aún no recupera los niveles de 2015, regiones de la Macrozona Sur, como Biobío, La Araucanía y Maule, presentan niveles superiores a los observados al comienzo de la serie.

Uno de los principales hallazgos apunta a la concentración de los delitos. El informe establece que el 10% de los infractores concentra el 43% de los delitos, mientras que el 1% acumula el 12,5%. Es decir, la actividad delictiva adolescente no se distribuye de manera homogénea entre quienes ingresan al sistema penal.

El perfil general, en tanto, se mantiene relativamente estable: se trata mayoritariamente de hombres de 16 y 17 años, edades en las que se concentra la participación delictiva adolescente.

Cinco perfiles y una mayoría que desiste

El estudio incorpora un análisis longitudinal de una cohorte de 30.590 jóvenes, seguida durante 11 años, lo que permitió identificar cinco trayectorias delictivas.

  • Perfil de desistimiento temprano (67,2%): Es el grupo mayoritario. Los jóvenes ingresan principalmente a los 16-17 años, registran en promedio 3,3 delitos por persona y un máximo de ocho delitos. La mayoría abandona la actividad delictiva durante la adolescencia y no desarrolla una trayectoria delictiva adulta.
  • Perfil violento (16%): Es un grupo más acotado y se caracteriza principalmente por delitos contra la propiedad de carácter violento, como robo con intimidación y robo con violencia, además de una importante presencia de armas de fuego.
  • Dos perfiles de transición: corresponden a adolescentes que combinan de manera relativamente pareja delitos violentos y no violentos contra la propiedad. El estudio no permite determinar si estas trayectorias posteriormente evolucionan hacia perfiles más violentos o si permanecen en delitos contra la propiedad de menor gravedad.
  • Perfil prolífico (2,4%): Es el grupo más reducido, pero uno de los principales focos de preocupación. Representa apenas el 2,4% de la cohorte, pero concentra el 13% de los delitos registrados entre 2015 y 2025. Su característica principal es la persistencia en delitos contra la propiedad no violentos, como robos por sorpresa y robos en lugar habitado.

Participación con adultos y crimen organizado

El informe también advierte sobre una transformación en los delitos cometidos conjuntamente por adolescentes y adultos. Estos casos representan aproximadamente una quinta parte del total y, durante la última década, se observa un desplazamiento desde los delitos contra la propiedad hacia ilícitos asociados al crimen organizado.

En los años más recientes, los delitos vinculados a drogas y armas superan a los delitos contra la propiedad dentro de esta modalidad de coparticipación. Para la Fiscalía, esto plantea la hipótesis de una creciente vinculación de algunos adolescentes con estructuras criminales organizadas mediante su participación conjunta con adultos.

El análisis agrega que la participación de adultos se concentra especialmente entre personas de 18 a 29 años, por lo que una parte importante de los coimputados adultos también pertenece a rangos etarios jóvenes.

Nueva estrategia de persecución penal

A partir de estos resultados, el Ministerio Público plantea avanzar hacia una persecución penal diferenciada según el perfil del adolescente. La idea es no aplicar una respuesta única a todos los jóvenes que ingresan al sistema, sino distinguir entre:

  • Adolescentes de desistimiento temprano.
  • Perfiles violentos.
  • Perfiles prolíficos.
  • Trayectorias intermedias o de transición.

Para los primeros, se plantea priorizar salidas alternativas y mecanismos de justicia restaurativa, buscando evitar que el contacto con el sistema penal genere un efecto criminógeno.

Para los perfiles violentos y prolíficos, en cambio, se plantea una persecución focalizada, con sanciones acordes a la gravedad y medidas orientadas también a la reinserción.

Durante las preguntas, se planteó si las sanciones actuales están siendo adecuadas para el grupo prolífico y si el sistema está bien enfocado. Las expositoras señalaron que: “Si el sistema estuviera dando la mejor respuesta, hubiera influido en que estas carreras no hubieran sido tan persistentes”.

La conclusión expuesta es que el sistema funciona en una parte importante de los casos, especialmente cuando se trata de adolescentes que desisten tempranamente, pero presenta posibles deficiencias frente al grupo minoritario cuyas carreras delictivas se mantienen de manera persistente.