Por Cartas al director12 OCTUBRE 2026

SEÑOR DIRECTOR:
La carta “Gas para generación; si sobra lo pagamos todos”, firmada por don Rafael Loyola, plantea una inquietud legítima: quién asume los costos cuando el sistema eléctrico se tensiona. Vale la pena, sin embargo, mirar el problema de fondo, que es más grande que cualquier episodio puntual.
Año tras año, nuestra matriz de generación llega al otoño-invierno en situación de estrechez y debe recurrir a medidas de emergencia. El origen de esto no es un combustible ni un actor particular: es un sistema que todavía depende en exceso de la hidrología y que, cuando ésta falla, termina apoyándose en el diésel.
Ahí está el verdadero costo. Cada vez que como país descansamos en el diésel, pagamos más caro, emitimos más y quedamos más expuestos. El gas natural existe precisamente para evitar esa onerosa dependencia, al ser un recurso firme, flexible y de menores emisiones, capaz de otorgar mayores niveles de seguridad sistémica.
El hecho de estar tomando medidas de último momento, rogando por la llegada de las lluvias y ya al borde del racionamiento, es el mayor síntoma de una matriz de generación eléctrica que hoy no es lo suficientemente robusta.
La discusión que necesitamos, entonces, no es cómo repartir culpas por un episodio, sino cómo fortalecer esa matriz para no vivir cada invierno al límite del racionamiento. El desafío que emerge es cómo incorporar al gas natural en la planificación de largo plazo, con un marco normativo que reconozca esa necesidad estructural, para que deje de ser una solución de emergencia y pase a cumplir el rol de seguridad que el sistema necesita.
Carlos Cortés Simon
Presidente ejecutivo, Asociación de Gas Natural
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