Por Álvaro Pezoa10 AGOSTO 2026
Cinco meses son insuficientes para juzgar el éxito de un gobierno, pero bastan para reconocer si existe una dirección. En política, tenerla -o no- es importante. Hay administraciones que avanzan respondiendo a la contingencia y otras que intentan ordenar la agenda desde un conjunto definido de prioridades. A la luz de estos primeros meses, todo indica que el gobierno del Presidente Kast está siguiendo el segundo camino.
Más allá de la valoración que cada uno pueda hacer de sus políticas, resulta difícil sostener que el Ejecutivo carece de una hoja de ruta. Por el contrario, comienza a delinearse un itinerario coherente que busca intervenir sobre algunos de los problemas que más han condicionado el desarrollo del país durante la última década.
La reciente aprobación de la megarreforma económica constituye el eje más visible de esa estrategia. Su propósito es recuperar el crecimiento, incentivar la inversión y crear un entorno más favorable para el empleo. En una economía que durante años ha mostrado señales de estancamiento, el mensaje es claro: sin crecimiento sostenido difícilmente podrán financiarse las restantes aspiraciones sociales.
Pero la acción del gobierno no se agota allí. Antes de fin de año espera concretar una amplia reforma en materia de seguridad, precisamente en el ámbito que los ciudadanos identifican como su principal preocupación cotidiana. Paralelamente, impulsa nuevas medidas para fortalecer el empleo, prepara una reforma al mercado de capitales destinada a dinamizar la inversión y trabaja en un conjunto de iniciativas orientadas a la protección de la infancia y al fortalecimiento de la familia.
Consideradas aisladamente, estas mociones podrían parecer políticas sectoriales. Sin embargo, observadas en conjunto revelan una lógica común: reconstruir las condiciones que permiten a una sociedad desarrollarse con estabilidad. Crecimiento, seguridad, inversión, empleo y fortalecimiento del tejido familiar dejan de ser objetivos independientes para convertirse en piezas de un mismo proyecto de gobierno.
Naturalmente, ninguna reforma garantiza por sí sola mejores resultados. La experiencia enseña que las buenas leyes necesitan una implementación eficaz y una gestión capaz de ejecutarlas con consistencia. Del mismo modo, los ciudadanos no evalúan únicamente la calidad técnica de una agenda, sino los cambios concretos que ésta produce en sus vidas diarias.
Por eso, la etapa que comienza puede ser incluso más exigente que la anterior. El desafío ya no consiste únicamente en aprobar reformas, sino en demostrar que ellas son capaces de modificar la realidad. Si el gobierno logra ejecutar con eficacia la agenda que ha construido y comunicar con claridad el propósito que la inspira, será la propia ciudadanía la que determine si esta hoja de ruta representó efectivamente el punto de inflexión que Chile esperaba.
Por Álvaro Pezoa, Director Centro Ética y Sostenibilidad Empresarial, ESE Business, School, Universidad de los Andes
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