
En las islas de Aldabra, en Seychelles, hay unas 183.000 tortugas gigantes de Aldabra. La cifra supera a las 121.355 personas que viven en todo el país, según un estudio de la Fundación de las Islas Seychelles (SIF) y la Universidad de Exeter. Es la mayor cantidad registrada para esta especie.
El trabajo, publicado en Ecology and Evolution, calculó que la población de este animal se mantuvo sin grandes cambios entre 2018 y 2022. También corrigió una estimación de 100.000 tortugas que se repetía desde finales de la década de 1990. Ese número anterior no incluía a muchos ejemplares que permanecían bajo la sombra o escondidos entre la vegetación.
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Durante cinco años, equipos de la SIF contaron tortugas en las distintas islas de Aldabra. El lugar es uno de los dos únicos del mundo donde las tortugas gigantes siguen viviendo en libertad. El otro son las islas Galápagos, donde hay muchas menos.

La abundancia actual contrasta con lo que ocurrió en el siglo XIX. La explotación de las tortugas dejó la población de Aldabra por debajo de los mil ejemplares. Con el paso de las décadas, las medidas de protección permitieron su recuperación.
Aldabra fue declarada reserva natural estricta en 1981. Un año después, la Unesco la incorporó a la lista de Patrimonio de la Humanidad. La directora ejecutiva de la SIF, la doctora Frauke Fleischer-Dogley, relacionó el aumento de la población con el trabajo sostenido de los equipos que viven y trabajan allí.
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Fleischer-Dogley señaló que tener más de 180.000 tortugas gigantes en libertad refleja años de protección. Para ella, el resultado es una buena noticia para Seychelles, para quienes trabajan en Aldabra y para la conservación en el océano Índico. El estudio ubica la recuperación de esta especie entre los mayores logros de conservación de esa región.
El nuevo cálculo no quiere decir que la cantidad de tortugas se haya duplicado desde 1999. Los relevamientos anteriores no podían registrar a los animales que permanecían ocultos bajo los árboles o en sectores con vegetación cerrada. Aun así, ya mostraban que la población crecía.
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La doctora Nancy Bunbury, una de las autoras, explicó que el seguimiento de las tortugas de Aldabra es uno de los más antiguos de la región. Sin embargo, en algunas zonas es difícil verlas y contarlas. El nuevo análisis tuvo en cuenta tanto las tortugas observadas como las que podían haber quedado fuera de la vista.
Para hacerlo, los investigadores usaron una herramienta estadística. En términos simples, les permitió calcular cuántas tortugas podrían no haber sido vistas durante los conteos y considerar las diferencias entre un ambiente y otro. Así obtuvieron una cifra más cercana al total real.
Bunbury afirmó que el estudio ofrece la base de datos más fiable disponible sobre la especie en Seychelles. También deja una referencia para comparar la población en las próximas décadas y detectar cambios con mayor precisión.
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Los conteos mostraron que las tortugas se ven con mayor frecuencia en los pastizales de Aldabra, llamados “césped de tortugas”. También aparecen en terrenos abiertos, zonas expuestas y matorrales poco densos.

En cambio, resulta más difícil encontrarlas en matorrales cerrados, manglares y áreas con Pemphis, una planta propia del lugar. El método usado en el estudio corrige esa diferencia: evita que esos sectores, donde las tortugas se esconden con facilidad, queden fuera del cálculo.
El doctor Dave Hudson, investigador de la Universidad de Exeter en Cornualles, colaboró en la revisión de los registros reunidos durante años y en el cálculo de la población. Dijo que los resultados son una buena noticia para las tortugas y reflejan el trabajo hecho en las islas.
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La recuperación no elimina los riesgos. Los autores sostienen que el seguimiento debe continuar porque el clima de Aldabra está cambiando. Sequías más largas y frecuentes podrían reducir la sombra y el alimento que necesitan las tortugas. Además, la subida del nivel del mar amenaza las partes bajas de las islas.
También siguen presentes algunos animales invasores. Las cabras salvajes, que habían destruido vegetación antes de ser eliminadas en 2012, ya no están. Pero todavía hay gatos salvajes y ratas negras, que comen huevos y crías de tortuga.
Los investigadores creen que eliminar a esos animales podría quitar los últimos obstáculos para que la población siga creciendo y enfrente mejor los efectos del cambio climático. Hudson aclaró que las 183 mil tortugas son un punto de partida para medir el futuro, no una cifra definitiva.
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El estudio da a los equipos de conservación información para detectar cambios y actuar ante la sequía, las especies invasoras y otras presiones relacionadas con el cambio climático.