Se respira en las canchas una cierta insatisfacción, como si las hinchadas, de golpe, estuvieran con pocas pulgas, al borde de los cánticos contra su propio equipo, como si hubiera un clima de ebullición generalizada. Eso es, primero, palpable en los cinco grandes, aunque, pensándolo bien, un poco menos en Boca. La salida de Úbeda descomprimió el asunto y hay una leve buena onda con el Vasco Arruabarrena, que se irá confirmando (o no) con el correr de los partidos.

Con un equipo cuya base es bastante parecida a la de Úbeda (la aparición sería Flores, y no mucho más, porque Villa está de suplente y habrá que ver que nos depara Valencia), Boca juega algo mejor, o, al menos, se vislumbra a qué quiere jugar. Pero sigue estando todo atado con alambres, y en cualquier momento puede retroceder de golpe. El otro día contra Recoleta ellos estuvieron a punto de ponerse 2-0 a los 30 del primer tiempo, y ni los centrales ni el arquero ofrece garantías. Pero al menos hay, sí, un mejor clima que en los otros equipos.

En San Lorenzo no parece vislumbrarse la salida. Y ahí estuvo la cancha cantando el “que se vayan todos”. No fue “la comisión, la comisión…”, ni tampoco el “jugadores…”, sino “que se vayan todos”. “Que se vayan todos” informa sobre un estado de hartazgo y desorientación. Ya no hay a quien criticar puntualmente (al director técnico, a los jugadores, a los dirigentes) sino que es más bien un canto de desgracia general, destinado al universo.

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Racing, que ganó el primer partido del campeonato, ni bien perdió dos ya fue también objeto de disconformidad y cantos críticos. Pintadas a favor de Costas (que no creo que hayan sido instigadas por él) y silbatinas a los dirigentes, que encabeza Diego Milito, un ídolo de club. Como todos los clubes del PRO (como Independiente) en Racing todo está exacerbado de política y negocios, pero esta comisión ganó las elecciones hace relativamente poco como para que haya tanta mala onda.

En River es un milagro que las cosas con la gente y la hinchada no estén aún peor. Por supuesto que silban y putean, pero el papelón de estas cuatro primeras fechas es peor que la reprobación general, que no es poca y que obligó al presidente Stéfano Di Carlo a salir a hablar: lloró contra los árbitros y no mucho más. River tiene equipo como para salir campeón invicto. Si no empieza a jugar bien y ganar, el clima en la cancha, obviamente, va a empeorar.

Independiente flota en la medianía de la nada en la que se convirtió futbolísticamente hace tiempo. Pero también la hinchada protestó contra Platense, que hace poco salió campeón y que asombrosamente llegó lejos en la Libertadores, todo porque, es cierto, asoma un lejano riesgo de descenso el año que viene. Ya echaron al técnico, y Palermo agarró en un clima de papa caliente. Hasta Aldosivi, que en un campeonato normal de 20 equipos no debería estar en la A, recibió la visita de los barras al entrenamiento. Ese clima espeso en las mayorías de las canchas, ¿tendrá que ver con el nivel del fútbol argentino en general? ¿Va más allá de cada club en particular? Hay algo de locura en el fútbol argentino y se nota en las tribunas.