Margarita May

Margarita May entró a trabajar en Isolant en 1993 para poder estudiar Marketing, cuando su familia no podía pagarle la carrera

Margarita May tuvo que pedir trabajo para poder estudiar. Tenía 18 años y una carrera elegida, pero en su casa no podían pagarla. La oportunidad apareció en una fábrica que, como ella, también estaba empezando: tenía poco presupuesto, ninguna trayectoria y un producto que todavía debía encontrar su lugar en el mercado.

Era 1993. Su familia venía del cierre de una empresa y su padre, junto a sus dos hermanos, estaban empezando otra vez. El nuevo proyecto se llamaba Isolant. Margarita hizo entonces una propuesta: trabajar durante el día para poder estudiar Marketing por la noche.

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“Siempre digo que con la fábrica fuimos creciendo juntas”, cuenta. Al principio ayudaba donde hiciera falta. A medida que la empresa empezó a vender un poco más, ella pudo dedicar cada vez más tiempo al marketing, lo que había elegido estudiar y que la apasionaba, además de gestionar el área de recursos humanos. Pasaron 33 años desde aquel primer día. La empresa creció y Margarita también.

Su recorrido hoy está atravesado por dos lugares que no siempre aparecen juntos cuando se habla de empleo: el de quien alguna vez necesitó una primera oportunidad y el de quien, años después, participa de la decisión de dársela a otros.

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May integra un universo empresario que tiene un peso central en el mercado laboral argentino. Las pequeñas y medianas empresas concentran cerca del 70% del empleo privado registrado. De acuerdo con datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y de la Subsecretaría de la Pequeña y Mediana Empresa, además representan el 99,4% de las empresas del país y generan de manera directa alrededor del 40% del Producto Bruto Interno.

Margarita May
Las pymes concentran cerca del 70% del empleo privado registrado en la Argentina y representan el 99,4% de las empresas del país

Durante los años siguientes, May fue ocupando distintas responsabilidades, hasta que, en 2016, llegó otro punto de inflexión: su padre decidió dejar la conducción de la compañía y luego de ver su crecimiento y trayectoria, le propuso que fuera ella quien ocupara su lugar. Habían pasado 23 años desde aquel primer trabajo en la fábrica y asumir el cargo significaba empezar una etapa diferente. Ella lo define como su “segunda primera oportunidad”.

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“Mi padre dejó el liderazgo general de la empresa y me pidió que yo ocupara ese lugar. De nuevo me dieron una primera oportunidad y la aproveché”, recuerda.

Con los años, Margarita empezó a mirar las primeras oportunidades desde otro lugar. Ya no se trataba de la que ella había recibido a los 18 años o al asumir la conducción, sino de las decisiones que ahora le tocaba tomar frente a quienes buscaban empezar su propio recorrido laboral.

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Desde hace unos ocho años, se involucra en iniciativas destinadas a acompañar a jóvenes de contextos vulnerables que buscan ingresar por primera vez al mercado laboral. Participa activamente junto a la Fundación EMPUJAR brindando capacitaciones, simulacros de entrevistas y encuentros para acercarlos al funcionamiento cotidiano de una empresa. En algunos casos, ese recorrido termina en un primer empleo formal.

Para ella, esa primera experiencia tiene un valor particular. “Cuando un joven comienza su camino laboral en un empleo formal, con obra social, acceso a bancos y aportes jubilatorios, entendemos que comienza con el pie derecho”, explica. May reconoce que tuvo acceso desde muy joven a un espacio que le permitió estudiar, formarse y construir una trayectoria. Por eso, busca que cada joven pueda tener la posibilidad de forjar su futuro. Generar esos primeros vínculos con el mundo del trabajo es una forma de ampliar horizontes.

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En ese proceso también aparecen aprendizajes que no tienen que ver con lo técnico. Una vez le preguntó a un joven que había ingresado a trabajar en la planta qué había aprendido durante su preparación para el mundo laboral. “Me enseñaron a hablar. Yo era muy tímido y me enseñaron a expresarme”, le respondió. Ella todavía recuerda la frase.

Margarita May
La empresaria sostiene que el empleo formal les da a los jóvenes obra social, acceso a bancos y aportes jubilatorios desde el inicio de su vida laboral

Los jóvenes que llegan a su empresa conviven con trabajadores que acumulan décadas de experiencia. También hay padres e hijos que comparten el mismo lugar de trabajo. Para May, esa convivencia permite que conocimientos y experiencias circulen entre generaciones. “hay empleados que tienen más de 20 años en la compañía y este fue su primer y único trabajo”, señala.

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“Todos tuvimos una primera vez. Cuando alguien está empezando, muchas veces necesita que una persona confíe en lo que puede hacer, aun cuando todavía no tenga una experiencia para mostrar. Nosotros tratamos de generar esas oportunidades cuando podemos”.

Para May, el primer empleo es también un momento de aprendizaje. Quien llega incorpora conocimientos propios de su tarea, pero también empieza a conocer dinámicas, responsabilidades y vínculos que forman parte de la vida laboral. “Un trabajo te da una red de contención, te da ejemplos de vida, oportunidades de crecimiento y expansión”, sostiene.

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Margarita May
Margarita May participa junto a la Fundación EMPUJAR en capacitaciones y simulacros de entrevistas para jóvenes que buscan su primer empleo formal

Este año, Margarita busca dar un paso más en esa dirección. La empresa trabaja para formalizar una iniciativa destinada a los hijos de empleados de entre 18 y 23 años que hayan terminado el secundario: ofrecerles una experiencia laboral de tres meses para que puedan tener un primer acercamiento al trabajo formal.

La propuesta no implica necesariamente una incorporación posterior. Durante ese tiempo, los jóvenes atraviesan una primera experiencia dentro de una organización, asumen responsabilidades y suman herramientas para lo que venga después.

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“Estamos seguros de que esa primera experiencia laboral los va a posicionar mejor para seguir adelante en su camino profesional. Les va a dar información técnica y emocional, los va a ayudar a reconocer sus fortalezas y debilidades y a entender mejor el mundo laboral”, explica May.

Hay algo de la iniciativa que conecta con su propia historia. Margarita también tenía 18 años cuando entró por primera vez a una fábrica. Necesitaba trabajar porque quería estudiar y encontró esa posibilidad en una empresa que, al igual que ella, recién comenzaba.

Hoy, con una mirada de triple impacto que integra aspectos económicos, sociales y ambientales, a través de la conducción de la compañía fue sumando iniciativas con recorridos diferentes, pero con un punto en común: abrir una puerta para que alguien pueda empezar.

Bajo una mirada de triple impacto, Margarita fue llevando esa forma de conducir también a otras dimensiones de la empresa, incorporando políticas de inclusión social y cuidado ambiental a la gestión. Para May, ese recorrido mantiene una lógica que reconoce desde sus propios comienzos: crecer y, al mismo tiempo, generar condiciones para que otros también puedan hacerlo.