“Il trovatore”, el cierre de la trilogía verdiana, un melodrama de secretos familiares, celos y venganzas, se estrena en el Teatro Argentino en una versión semi-montada que busca explorar “cómo se construye un enemigo a través de un relato y cómo las emociones pueden convertirse en herramientas de gobierno”, según destaca su directora escénica, Florencia Ayos, en diálogo con EL DIA.

Considerada una obra maestra del género lírico, la historia transcurre a principios del siglo XV. Azucena, una gitana obsesionada con vengar a su madre, quemada en la hoguera por el padre del Conde de Luna, cría a Manrico sin revelarle que es hermano del Conde. Sin conocer su parentesco, ambos se enfrentan en una guerra civil y se disputan el amor de Leonora. Finalmente, el Conde ejecuta a Manrico y Azucena le revela que acaba de matar a su propio hermano.

Su regreso a “Il trovatore”, una de las primeras obras que abordó durante su formación como directora escénica, le permitió a Florencia Ayos “retomar las primeras intuiciones”, pero también encontrar nuevas preguntas. Más allá de indagar en la historia de cada personaje, esta vez su interés estuvo puesto en explorar “cómo los conflictos que plantea la obra pueden conectarse con mecanismos políticos que siguen vigentes hoy”.

En un tiempo en el que los discursos de odio y las noticias falsas son moneda corriente, la historia de “Il trovatore”, estrenada en 1853, parece haber sido escrita ayer.

“Desde la primera escena el personaje de Ferrando pone en circulación un relato de amenaza, cuenta la historia de una gitana acusada de hechicería y establece una interpretación de los hechos que prepara las condiciones para su persecución”, explica Ayos. Y agrega: “Antes de que Azucena aparezca, ya existe una imagen construida sobre ella, ya hay alguien a quien temer”.

Es precisamente ese miedo el que atraviesa su mirada sobre la obra. Para desarrollar la propuesta, la directora recurrió a textos de Patrick Boucheron y Corey Robin sobre los usos políticos de esta emoción. A partir de esas lecturas, buscó indagar en los mecanismos que permiten identificar a alguien como una amenaza, construir las razones de su supuesta peligrosidad y legitimar la violencia ejercida en su contra.

Aunque los contextos históricos cambian, estos mecanismos persisten. “Los rostros y los nombres del enemigo cambian, pero persiste la capacidad de construir una amenaza”, advierte Ayos, que encuentra allí una de las contradicciones más profundas de la historia: el miedo al otro puede terminar impidiendo reconocer aquello que tenemos en común.

Su versión de “Il trovatore” se pregunta, así, quién construye esos relatos, cómo llegamos a percibir a alguien como una amenaza y qué dejamos de reconocer cuando aceptamos mirar al otro desde el miedo.

UNA VERSIÓN SEMI-MONTADA

Presentada como una versión semi-montada, esta puesta de “Il trovatore” será, sin embargo, más que un concierto con algunos elementos escenográficos, como tradicionalmente se conoce a ese formato.

“El público se va a encontrar con una propuesta sintética, con una búsqueda visual y discursiva muy definida”, adelanta la directora.

A partir de un trabajo conjunto entre las áreas artísticas y técnicas del teatro, se construyó un dispositivo espacial que se transforma a lo largo de la ópera y que es manipulado por los propios intérpretes.

La escenografía funciona, según Ayos, como una máquina de producción y administración del enemigo. El espacio se ocupa, se reorganiza y se militariza hasta convertirse en una arquitectura de confinamiento.

En un escenario sombrío, vallas, perímetros y torres de iluminación delimitan los espacios de circulación y también de persecución. En contraposición, un espacio más heterogéneo y abierto representa al mundo gitano.

Aunque la obra identifica a esta comunidad como un grupo perseguido, la puesta busca ampliar esa representación: cualquiera puede convertirse en enemigo cuando existe un relato capaz de señalarlo como tal.

El vestuario acompaña las relaciones entre los personajes y los bandos a los que pertenecen, mientras que los elementos escénicos refuerzan las tensiones de una historia en la que las fronteras entre unos y otros adquieren un sentido que va más allá de lo territorial.

LAS MUJERES LLEVAN LA BATUTA

Además de su particular lectura de la obra, esta producción tiene otra característica significativa: dos mujeres están al frente de sus principales responsabilidades creativas. Florencia Ayos en la dirección escénica y Lucía Zicos en la musical.

Para Ayos, compartir este trabajo con Zicos resultó una experiencia “potenciadora”, especialmente por la mirada dramatúrgica que la directora musical aporta a la partitura y que enriquece la construcción escénica.

Pero también encuentra en esta colaboración un valor que trasciende lo artístico. En un género atravesado por siglos de tradición y por obras de enorme peso histórico y simbólico, asumir la dirección de una producción supone intervenir en la manera en que ese patrimonio se interpreta, se transmite y se vuelve a pensar.

En ese sentido, Ayos reivindica la importancia de que las mujeres puedan desarrollar una voz propia en los grandes teatros, más allá de los roles de asistencia o de las tareas operativas que históricamente ocuparon dentro de sus estructuras.

“Poder asumir las decisiones creativas, desarrollar una mirada y conducir un proceso artístico es importante en estos tiempos”, sostiene la directora, convencida de que la participación femenina debe traducirse también en nuevas formas de pensar y organizar el trabajo.

“No se trata solamente de ocupar esos espacios, sino de tener la posibilidad efectiva de producir pensamiento y dinámicas de trabajo”, remarca. Para Ayos, esa transformación también es parte de la renovación que necesitan las instituciones culturales.

Con la participación de la Orquesta y el Coro Estables, “Il trovatore” se estrenará hoy a las 20 en la sala Alberto Ginastera. Habrá nuevas funciones mañana a las 20 y el domingo a las 17. Las entradas son gratuitas y se reservan de manera online.

El reparto estará constituido por Fermín Prieto (16 y 18) y Juan Carlos Vassallo (17) como Manrico, María Belén Rivarola (16 y 18) y Monserrat Maldonado (17) como Leonora, Guadalupe Barrientos (16 y 18) y Anabella Carnevali (17) como Azucena, Leonardo López Linares (16 y 18) y Marcelo Iglesias Reynes como Conde de Luna, Hernán Iturralde (16 y 18) y Emiliano Bulacios (17) como Ferrando, Claudia Montagna (16 y 18) y Fabiola Masino (17) como Inés, Sergio Spina (16 y 18) y Pablo Gaeta (17) como Ruiz, Juan Pablo Labourdette (16 y 18) y Víctor Castells (17) como un viejo gitano y Maximiliano Agatiello como un mensajero.

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Una ópera para todos: el desafío de acercar el género a nuevos públicos

Aunque la ópera todavía suele asociarse con un público especializado, Florencia Ayos cree que esa distancia no siempre responde a una falta de interés, sino a las posibilidades concretas de acceder a la cultura. En ese sentido, destaca las políticas de los teatros que facilitan el encuentro con el género y sostiene que, cuando se generan esos puentes, el público responde.

Pero advierte que no alcanza con abrir las puertas: también es necesario ofrecer propuestas que dialoguen con el presente y convoquen a espectadores de distintas generaciones y recorridos.

“Me gustaría que alguien que nunca vio una ópera pudiera acercarse a ‘Il trovatore’ sin sentir que necesita conocimientos previos para disfrutarla”, asegura. La historia, atravesada por conflictos universales, y la potencia de la música pueden convertirla en una experiencia movilizadora incluso para quienes no están familiarizados con el género.

En un contexto complejo para la cultura, Ayos también reivindica la necesidad de preservar los oficios, los saberes y los espacios que hacen posible estas producciones. Para la directora, renovar la ópera implica recuperar experiencias del pasado, dar mayor lugar a las composiciones argentinas y seguir reinterpretando los clásicos desde una identidad propia.

“Somos un país con una gran capacidad creativa y, en un contexto como el actual, necesitamos agudizar el ingenio creativo para defender nuestros espacios culturales y sostener nuestros proyectos”, concluye.

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