El IncaDivide regresó tras siete años de ausencia; su última edición fue en 2019, pero tras el Covid-19 quedó fuera del calendario del BikingMan, el campeonato mundial de ultraciclismo.
En esta ocasión, la etapa reina del campeonato retornó con más de 80 ciclistas que se desafiaron en la cordillera andina, ascendiendo incluso parte del Apu Ausangate, cuyo punto culminante termina a 6.372m de altura. En estas tierras se les llama Apu a los nevados sagrados. El regreso de una carrera de leyenda para celebrar los 10 años del campeonato.
La carrera se inició en Urubamba, la puerta del Valle Sagrado de los Incas en los Andes peruanos, a 2.875 m de altura. En avión primero hasta Cusco; se vuela sobre montañas que parecen alcanzar e incluso ir más alto que las nubes. A lo lejos se divisa la cadena montañosa con algunas cumbres algo nevadas. Luego, tras una hora y media por carretera, se llega a esta población al pie del nevado Chicón.
Un prólogo para probar el estado físico antes de la salida
Una de las mayores dificultades fue adaptarse a la altitud. Entre los participantes, varios son originarios de Chile, Ecuador y Perú, lo cual les facilita un poco la tarea. Entre más alto se asciende, más glóbulos rojos se necesitan porque comienza a faltar el oxígeno. Se estima, además, que por cada 1.000 metros de altitud, se pierde un 10% de capacidad de esfuerzo. De ahí que el ritmo de la carrera lo imponga la montaña y no cada corredor, explica Axel Carion, fundador de BikingMan.
Varios de los participantes, en especial los europeos, llegaron hasta una semana antes de la salida para adaptarse a la altura, pero también al clima del invierno peruano. En estas alturas, la temperatura llega a quedar por debajo de cero. En esta edición, incluso, los competidores enfrentaron una tormenta de nieve que frustró su ilusión en un tramo del recorrido.
Para mostrar este contenido de YouTube, debe autorizar las cookies de medición de audiencia y publicidad.
Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.
02:43
Entre los participantes, provenientes de nueve países del mundo, seis eran mujeres solas, 69 hombres y seis parejas (dos mixtas y cuatro masculinas). Una amplia lista en la que se mezclaron deportistas amateurs con exciclistas profesionales, como Pierre Rolland, corredor francés de 39 años ya retirado y ganador de dos etapas del Tour de Francia, o Edwige Pitel, de 59 años y figura emblemática del ciclismo de ruta francés.
Esta es la primera vez que Rolland se medía a los Andes, pero no a una etapa del BikingMan, porque a finales de marzo pasado se proclamó vencedor de la prueba de Serra Geral, en Brasil.
Teniendo en cuenta la importancia sagrada de estas montañas, se organizó una ceremonia oficiada por un chamán de Ollataytambo. Una manera de pedirles permiso a los Apus y que además protejan a los corredores.
Por primera vez se incluyó en esta carrera un prólogo de 110 km para terminar la adaptación de los corredores. No hay cronómetro, pero a la llegada debían llenar un cuestionario sobre cómo se sintieron y pasar una toma de nivel de oxígeno en la sangre. Si la saturación estaba por debajo de 90, no podían salir a la prueba.
La organización tuvo un protocolo de seguridad estricto para evitar que los ciclistas enfermaran por causa de la altura. Para ello, tenían dos cámaras hiperbáricas que permiten, en caso de ser necesario, poner a una persona en una especie de caja en donde respira oxígeno puro.
También había una zona de paso restringido, justo antes de ascender a unos 5.200 metros de altura, pasando por el Apu Ausangate. Por allí solo se podía pasar de 3 am a 10 am.
La montaña impuso el ritmo de carrera
El inicio: eran las cinco de la mañana del 20 de agosto, una madrugada gélida; los corredores poco durmieron. Llegaron hasta una hora antes de la partida para verificar la instalación de un 'tracker' que permite conocer en tiempo real en qué parte del trazado van.
La salida se dio con sonido de campana y así comenzó esta esperada edición del IncaDivide. Desde el primer ascenso a 4.300 metros comenzaron las dificultades para los ultraciclistas que sufrieron por el frío, pero una vez llegados a la cima, se vivieron momentos muy emotivos porque ya estar ahí es un logro. Tomaron algunas fotos y retomaron. Fue un día arduo, con una bajada de prácticamente 100 kilómetros que comenzó con montañas nevadas y terminó en Ocobamba, en la región amazónica peruana. Cambios de altura y de temperatura y muchos pinchazos por ese descenso 100% en gravel, con piedras, agua y mosquitos.
La cima de esta competición fue el Nevado Ausangate y llegar a 5.200 metros, un gigante majestuoso que imponía miedo, vestido de blanco y que puso a prueba los pulmones y capacidades de los ultraciclistas.
El primero en pasar por allí fue el francés Pierre Rolland, quien se encontró con unas pistas llenas de nieve y hielo, muchísimo frío, pero un paisaje que lo dejó estupefacto. Luego pasaron los franceses Gregory Cassini y Laurianne Levasseur, campeones cada uno del BikingMan en años anteriores, así como Franck Pencole.
Pero las montañas tenían otros planes. Se recibió una alerta de una fuerte nevada, de condiciones meteorológicas peligrosas. A la organización de la competición no le quedó otra opción que modificar el trazado y suprimir el paso por Ausangate. Solo siete ultraciclistas pudieron hacer el esperado ascenso.
Hubo algo de frustración entre los corredores, también tristeza y pesar porque se perdieron un paisaje único y le restaba a la experiencia. Pero la mayoría entendió que era lo mejor en términos de seguridad, ya que algunos de los que pasaron por la cima se demoraron hasta 10 horas en realizar el paso en condiciones extremas.
El descenso del Ausangate dio también mucho de que hablar a los pocos que pasaron por allí. Los paisajes eran de desierto lunar, montañas nevadas, tierra negra, cielo estrellado, viento helado y ni una sola alma kilómetros a la redonda.
Aún quedaba mucho por ver y escalar, especialmente ese último ascenso antes de la región de los lagos, habitada por alpacas, llamas y flamencos rosados. Ese tramo fue uno de los más difíciles porque cayó nieve y lluvia y el frío dejó temblando a los organismos desgastados de los ultraciclistas.
El corredor francés Benjamin Bodot contó cómo un habitante lo vio en tan mal estado que lo llevó a un hotel que conocía; allí le pusieron una cobija gruesa sobre los hombros, le dieron un mate y lo sentaron frente al fuego. Duró más de quince minutos temblando de frío y llorando.
Pierre Rolland, ganador; la leyenda peruana Rodney Soncco fue segundo
La victoria se jugó finalmente entre el hombre del que todos hablaban y al que todos temían, el peruano Rodney Soncco, de 37 años, y el francés Pierre Rolland. El oriundo de Urubamba hizo una remontada para enmarcar y tratar de alcanzar a Pierre Rolland, que se detuvo solo unas tres horas para dormir antes de enfrentar la última parte de la carrera desde la laguna Pomacanchi hasta Cusco y luego descender a la meta. Soncco dijo a France 24 que había decidido no dormir durante 380 km.
Sin embargo, el francés se quedó con la victoria con un tiempo de 83 horas y un rostro profundamente marcado por el esfuerzo. Soncco fue segundo, con 85h55, y Gregory Cassini, tercero, con 92H. La primera mujer en cruzar la línea de meta fue Laurianne Levasseur, en un tiempo de 97h45, ocupando la quinta plaza de la general.
Entre los diez primeros de la general se contaron tres latinoamericanos, dos peruanos y un ecuatoriano. Entre los más de 80 participantes, 17 no terminaron la carrera, ya sea por cansancio, problemas de salud o incluso por accidentes en la vía.
Los paisajes variados, la dificultad de las rutas, en su mayoría destapadas, así como el frío dejaron huella en los participantes, que esperan se anuncie una nueva aventura. Por ahora, la organización de BikingMan no ha anunciado para el próximo año cuál será la etapa reina del campeonato. En el calendario queda una carrera más, el BikingMan Brasil, en la región de Serra Geral, que arranca el 5 de octubre.