Catalejo
Los últimos accidentes de tránsito se han convertido en candados para una inaceptable parálisis de buena parte del país.


Según la tradición nacional, el diseño de los caminos coloniales era el resultado de soltar a las mulas y fijarse dónde caminaban. Nuestra geografía, con su multiplicidad de cerros, barrancos y ríos, entonces y ahora sigue siendo una verdadera caja de sorpresas. Conforme llegaron las distintas maneras de transporte, esos cuadrúpedos siguieron teniendo una importancia crucial. La llegada de los vehículos obligó a ampliaciones del ancho de las rutas, suficientes porque la cantidad vehicular era muy pequeña. Con el tiempo, ese número aumentó y es posible afirmar a la ampliación de los caminos y la construcción de puentes en todo el siglo pasado, como una manera de dirigirse con un tiempo razonable a las ciudades y poblaciones del país. Ya no es así.
Hoy en día se evidencia con toda claridad el resultado de no construir vías terrestres con la mentalidad de prepararse para las seguras necesidades de un futuro no exacto de calcular, pero sí parte de una preparación eminentemente lógica. Por supuesto, el factor económico por su escasez, ha sido un elemento causante de la necesidad de construir con el mínimo costo posible. Es evidente y vergonzosa la tragedia para Guatemala del cambio irreflexivo e irracional muchas veces de planes para crear obras cuyo tiempo de construcción es mayor al de un período gubernativo. Aquí entra la falta de partidos políticos reales, no caricaturas grotescas como las existentes desde la Constitución de 1984, y la propaganda política disfrazada ya anuncia la permanencia de lo mismo.
No es posible aceptar hechos como el de tener a la carretera al Atlántico paralizada porque a causa de la maniobra incorrecta de un motorista, un tráiler protagonizó un accidente. Esto no es nada nuevo, pero nunca había ocurrido una virtual paralización del paso hacia Petén, Izabal y los dos puertos de la bahía de Amatique. Se agrega a esto observar cómo en la capital será necesario paralizar por dos días el paso del anillo periférico y calzada Roosevelt porque el puente ya presenta grietas, o haber sido necesario esperar un mes la apertura del paso a desnivel sobre esa misma calzada para unirla con la zona 11 y reducir así el tiempo perdido en embotellamientos y atrasos en el tránsito. Todo eso se debe a la mezcla de falta de previsión, al descuido y a la incapacidad.
El gobierno y las municipalidades, sobre todo la capitalina, necesitan unirse para trabajar conjunta y adecuadamente en, por ejemplo, hacer el listado de puentes necesarios y según funcionen mejor. Google presenta estos diseños, explicados de manera simple: a) de viga. Tienen Varias columnas, con vigas horizontales, y son útiles para distancias cortas. b) De arco: Tienen una estructura inferior en curva con columnas en disminución hacia la viga horizontal superior. Sirven para cruzar valles o barrancos. c) De armadura. Tienen una armazón en forma de triángulos, con una viga superior para unirlos. Hay muchos en las carreteras Escuintla- frontera con México, y la ruta al Atlántico. d) Colgante (como el Golden Gate, de California) o suspendido en cables.
La tecnología ahora facilita comprender la situación actual a los ciudadanos no expertos en el tema, pero también el orden de importancia de las obras para reducir en lo posible los efectos colaterales mientras son construidas, como las interrupciones del paso de vehículos de toda clase. Ciertamente, existen algunas planificaciones de diversas entidades del Estado, pero la participación de empresas privadas debe obligar a una diversificación y acciones simultáneas en varios frentes. Las necesidades de los próximos diez o veinte años deberán ser tomadas en cuenta. Todos estos elementos implican crear una entidad público-privada a cargo de la totalidad de acciones para hacer realidad una decisión ya atrasada y causante de gastos y de ejemplos de subdesarrollo.