SEÑOR DIRECTOR:

La aprobación en la madrugada del jueves pasado, por parte del Senado, del proyecto conocido como “megarreforma” no solo constituyó un tremendo triunfo que anotó la nueva triada del gobierno: Alvarado, García y Quiroz. Más allá de la aprobación de la rebaja del impuesto de primera categoría del 27% al 23%, la invariabilidad tributaria, o la eliminación de las contribuciones, esta tramitación dejó algo más profundo: el gobierno encontró la fórmula para avanzar legislativamente sin los votos de la oposición. Encontró la fórmula de transformarlos en irrelevantes.

Este escenario resulta clave para el futuro. El gobierno ya tiene su aliado en la cámara con el Partido de la Gente y Parisi, y en el Senado lo probó esta semana: reunió su piso y sumó a quienes entendieron que en política se incide sentándose y dialogando, y no amenazando o intentado bloquear, como fue el “tsunami” de indicaciones presentados en la Cámara. En resumen, le basta ordenar su piso y sumar voluntades puntuales.

¿Qué tenemos al frente? Una oposición que parece unida, pero que en los hechos está partida en dos. Por un lado, el Partido Comunista y el Frente Amplio. Es un bloque que no aprobará a este gobierno, porque su identidad se construye en el rechazo de los que ellos mismo han definido “la ultraderecha”. Con ese sector parece no haber puente posible, y conviene asumirlo. Por el otro lado. el cuadro es más interesante. El PS, siendo el mayoritario, no logra conducir ni conducirse. Vive entre dos almas que quedaron incluso enfrentadas frente a todo el país en esa acalorada discusión en el Senado entre la línea más dialogante de Vodanovic, y la línea dura de Cicardini, que parece que prefiere más la política identitaria y de “likes”. Mientras el PS discute qué quiere ser, el PPD por unos minutos parece entender el camino, y una DC aún sin rumbo que termina entregándole al PDG el espacio de centro que alguna vez fue suyo.

Frente a eso, el gobierno ya tiene su método: ceder en lo puntual, la invariabilidad por tramos, por ejemplo, para asegurar lo esencial. Mientras ese esquema funcione, un par de bisagras dispuestas a sentarse vale más que un bloque que solo dice que no. La relevancia ya no se mide en escaños, sino en disposición a negociar. El partido que no lo entienda a tiempo verá pasar la agenda legislativa del gobierno desde la galería.

Ese es el gran peligro para esta oposición. Quien no sea capaz de sentarse, en este nuevo esquema, no incide. Y quien no incide durante todo un periodo legislativo, tiene un nombre incómodo pero preciso: irrelevantes.

Rodrigo Arellano

Vicedecano Facultad de Gobierno, Universidad del Desarrollo