
Jorge Suárez conversó con Teleshow y repasó los momentos clave de su vida, personal y profesional. Nació en el Morocco, un bodegón en Padilla y Acevedo, Villa Crespo, que tenían sus padres. Y trabajó desde chico entre copas y tazas. A los 16 una obra de Marco Denevi le torció el destino. Años después, la salud también le impondría su propio guion.
Desde los veinticinco años, la diabetes marcó el ritmo de su vida. Insulinodependiente, Suárez construyó toda su carrera sobre esa base inestable. En palabras del propio actor: “Es una fuerza que se te opone permanentemente, pero a su vez vos terminás ganándole y haciendo lo que querés. Y esto es lo que hice en los últimos cuarenta y siete años.”
PUBLICIDAD
La enfermedad nunca le cedió terreno. Cada día fue una negociación. Cada función, un pequeño triunfo sobre el cuerpo. La diálisis llegó como una pausa. Solo seis meses: “Yo tuve la fortuna de estar solo seis meses en diálisis, cuando hay gente que está esperando diez años…”
No hay subrayado en la voz de Suárez. Solo el dato crudo de la espera, el contraste inevitable con quienes siguen contando años. La llegada del trasplante, la irrupción de Juan Carlos, encuentra a Suárez en un punto de inflexión. “Totalmente emocionado, lo recibí con todo.”
PUBLICIDAD
Nunca le puso otro nombre. Para Jorge Suárez, su riñón y el páncreas trasplantados se llaman, Juan Carlos. Así los nombra, así los agradece. No hay metáfora ni distancia: los llama por su nombre en cada entrevista, cada vez que la pregunta lo obliga a volver a esos meses suspendidos entre diálisis y esperanza.

No busca el dramatismo. El agradecimiento está en la elección de las palabras, en la naturalidad con la que incorpora a Juan Carlos como parte de sí. Dice que le hace bien. Que le ayudó mucho. Que le sacó de la sombra de la enfermedad.
PUBLICIDAD
El 9 de Septiembre se estrena Visitando al señor Green, en el Multiteatro. Jorge Suárez narra la historia de su cuerpo con el mismo registro con el que encarna un personaje sobre el escenario. No hay derrota. Solo la certeza de haber resistido. Solo la gratitud de seguir contando.
—¿Cómo está tu salud?
PUBLICIDAD
—Muy bien, muy bien. Llevo catorce meses desde el trasplante, me siento estupendo. Y… además haciendo los controles médico cuando corresponden.

—¿Tuviste que cambiar algo en tu vida, además de incorporar el cuidado médico?
PUBLICIDAD
—La verdad, sinceramente no. Al contrario, ellos me vinieron como a ablandar un poco la dureza de ser diabético durante toda la vida.
—¿Cómo fue ese proceso hasta el trasplante?
PUBLICIDAD
—Me fui a festejar mis treinta años de casado con mi señora a España y a Italia. Y en España, cuando ya estaba casi de vuelta, los últimos dos días me sentí mal. Fui al hospital, me atendieron muy bien. Sí, gracias a que tuve el, el seguro, obviamente. Y me hicieron mis primeras cuatro diálisis en Madrid. Llegué a Argentina y al otro día estaba en diálisis.
—¿Cómo fue la espera?
PUBLICIDAD
—No sé cómo, viste cuando la vida te sorprende y decís: “¿Pero cómo es posible este milagro, esta bendición, esta elección?” No sé cómo llamarlo, muy emocioando por la posibilidad del trasplante tan rápido.
—¿Sos creyente?
PUBLICIDAD
—Sí, absolutamente, claro…

—¿Siempre fuiste actor?
—Siempre.
—¿Nunca tuviste otro oficio?
—Yo nací en un restaurante, en una fonda de barrio en Villa Crespo. En el Morocco. En Padilla y Acevedo. Ahora ya no está más. Mis padres eran dueños de ese bodegón, como le dicen ahora.
—¿Qué hacías en el restaurante?
—De todo, lo que te imagines. Yo nunca llegué a la primera pileta, yo ya estaba lavando copitas, vasitos, las tazas de café, la cucharita.

—¿Soñabas con ser actor de chico?
—No, para nada, soñaba con ser médico. Desde chico quería ser médico pediatra.
—¿Y cómo llegaste a la actuación?
—A los dieciséis, una profesora de Literatura me llamó para ver si quería hacer una obra de teatro. Yo le dije: “Bueno, hagámosla, yo cantaba en esos años… la pasábamos bien en el colegio. Para mí tocar la guitarra y cantar era como algo para divertirnos un rato. Y de golpe esa profesora me llamó, me dijo que quería hacer El emperador de la China, de Marco Denevi. Y que me estaba dando el protagónico y le digo inmediatamente: “Bueno, pero yo no soy actor”. “Bueno, pero lo vas a hacer muy bien, Jorge, dijo ella”. Y así empecé.
—¿Cómo fue la primera vez en el escenario?
—Cuando toqué el escenario por primera vez me pasó algo mágico. Me pasó una revolución dentro de mi energía. No sé pero me encantó.

—¿Ahí no paraste más?
—No, no paré nunca más. Salí del conservatorio, le dije a mi viejo y a mi vieja que yo iba a hacer el ingreso a Medicina. Ellos me pagaron por adelantado todo lo que sería mi quinto año de secundaria para que yo estudie paralelamente para entrar, porque en ese momento no había entrada como ahora. Muy jodido. La verdad es que yo al segundo mes me di cuenta que eso no me gustaba, porque a mí la biología sí me gusta, pero la química me parece algo que no la puedo digerir. Y la medicina es mitad biología y mitad química.
—¿Por qué querías ser médico?
—Porque me fascinaban los niños y quería…
—¿Querías ser pediatra?
—Sin saber, después cuando fui padre, sin saber que es un área de la medicina terrible. Un día, me llevó mi pediatra a visitar un ala del Garrahan que él manejaba. Era jefe de Hemodinamia. Dios mío. Tenés que pensar todos los días en esos chicos. Y en esos médicos.
—Hoy llega otra vez “Visitando al señor Green”?
—Una obra que hace veintiún años salió como al aire, y se convirtió como en un clásico muy moderno, en donde se habla de conflictos que podemos hablar vos y yo también. Quiero decirte, tu padre podría estar hablando de esto con un muchacho que, que apenas casi lo lleva por delante y entonces, y tiene que hacer una probation, cumplir una tarea. Por ejemplo todos los jueves, ir a la casa durante unos meses para quedar libre. La realidad es que entre ellos hay una diferencia abismal en todo. De edad y después de criterios, de criterios de la vida, de la ansiedad que tiene el otro, de cómo lleva la vida cada uno. El hombre acaba de enviudar. Y para él su mujer era todo en la vida y está viviendo un momento muy difícil. Mientras transcurre la historia, te vas enterando que el otro también está viviendo un momento muy difícil. Y que ahí se empiezan a acabar las diferencias entre estos dos hombres. Hay momentos difíciles para todos y no importa la edad.

—¿Cómo es el tono de la obra?
—Eso es lo que tiene de simpático y de hermoso, es que mientras pasa todo esto, es una comedia dramática exquisita, hermosa, donde pasan cosas que a la gente le va a conmover, le va a dar gracia, risa, van a aplaudir, se van a emocionar.
—¿Habías trabajado antes con Facundo Arana?
—Sí. Había trabajado muy poco. Me lo había cruzado en una de las últimas ficciones que hizo Telefe, que se llamó Pequeña victoria. Nos cruzábamos por los pasillos. Bueno y aparte, a lo largo de los años,por supuesto, nos conocemos y nos queremos. Pero a partir de ahora empezamos a tener una experiencia, que vos sabés que el teatro genera experiencias muy especiales.
—¿Cómo es trabajar con él?
—El teatro es tan riesgoso que podes llegar a amar o podes llegar a odiar. Entonces, ojalá que nos amemos. Nos estamos amando mucho. Facu es un tipo muy tranquilo, muy amoroso, conmigo es un señor.
—¿Cómo ves la actualidad del teatro?
—Nosotros estamos sufriendo un embate duro como lo sufren también otras áreas en Argentina. Pero hay mucho teatro, gracias a Dios. Porque hay muchos actores que no podrían seguir adelante. Hay tanto talento, no solamente en Buenos Aires, sino en las provincias también. Hay mucha búsqueda, y eso es lo maravilloso.