
El estilo Old Hollywood marcó el ambiente en la boda de Emma Roberts y Cody John en Sun Valley, Idaho.
La actriz transformó la celebración en un evento donde la sofisticación y el diseño exclusivo fueron protagonistas, luciendo un vestido y accesorios que atrajeron todas las miradas. Desde el inicio, la pareja mostró su intención de alejarse de lo tradicional y eligió un atuendo que combinó la nostalgia de otras épocas con el lujo y la modernidad actuales.
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La búsqueda de Emma Roberts partió de un deseo muy concreto: “Quería parecer un fantasma… una especie de antigua muñeca fantasma”, confesó la actriz.
El resultado fue un vestido etéreo y romántico, creado especialmente por Monique Lhuillier, una de las diseñadoras más reconocidas del circuito internacional. La pieza, confeccionada en gasa de seda, destaca por su aire vintage y la delicadeza de su confección artesanal.
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Monique Lhuillier diseñó un tono exclusivo para la ocasión, al que denominó Vintage Rose, un blanco con efecto envejecido que remite al segundo nombre de la actriz y refuerza la estética de prenda heredada.
El vestido incluye un corset interno y una amplia abertura en la falda para facilitar el movimiento, y un chal asimétrico desmontable que, tras la ceremonia, permitía transformar el look en una versión strapless.
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La diseñadora necesitó nueve meses de trabajo y unas mil horas de confección para lograr una pieza capaz de convertirse en hasta cinco versiones distintas, adaptándose a los diferentes momentos del día.
El estilismo se completó con un largo velo transparente de inspiración clásica y otro, más corto, de estética Old Hollywood, que podía desplazarse hacia atrás como una vincha. Este doble velo aportó un detalle original sin perder el espíritu vintage que impregnó todo el conjunto.
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Por su parte, Cody John llevó un look personalizado de Ferragamo. El esmóquin era marrón y estaba compuesto por una camisa blanca, moño y el conjunto sastrero.

Para la fiesta posterior, la novia sorprendió con un segundo look: un vestido negro de archivo, también firmado por Monique Lhuillier, perteneciente a la colección otoño 2004.
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Esta pieza, confeccionada con corset de encaje Chantilly y una falda midi de organza de seda en capas cortada a mano, representó un guiño a la transgresión y la sofisticación, fusionando el espíritu de otras épocas con un gesto inesperado de modernidad.
La elección de Sun Valley, Idaho, como escenario no fue casual. La familia de Cody John tiene una larga historia en la zona y, para la pareja, este lugar representa su lugar feliz.
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La ambientación y la planificación de la boda buscaron trasladar esa sensación de bienestar y exclusividad a cada invitado. Todo el evento se realizó en la residencia familiar del novio, rodeada de montañas y naturaleza, lo que aportó un aire campestre sin perder la elegancia.
El proceso de organización fue coordinado por Heather Minor Events, con una visión muy clara: “Queríamos que el casamiento se sienta como unas vacaciones para todos”, señaló Emma a Vogue.
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Las invitaciones incluyeron ilustraciones personalizadas inspiradas en postales kitsch de los años 60 en Sun Valley, anticipando el tono lúdico y sofisticado de la celebración.

La novia participó activamente en la selección del menú y en la creación de los souvenirs: los invitados recibieron bolsos personalizados, junto a barajas de cartas y caramelos, detalles que fusionaron el encanto local con el lujo contemporáneo.
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La boda de Emma Roberts fue mucho más que una ceremonia nupcial; fue una experiencia pensada al detalle para sorprender a los asistentes.

La cena de ensayo, celebrada en The Kneadery, incluyó platos tradicionales y emotivos discursos de amigos y familiares.
El evento de bienvenida se realizó en el restaurante Roundhouse, ubicado en la cima de una montaña y accesible solo en góndola, desde donde los invitados disfrutaron de vistas panorámicas de Sun Valley.
La decoración se distinguió por mesas rústicas con servilletas con volados y tarjetas de cobre con los nombres de cada invitado, reforzando ese espíritu de lujo relajado y atención personalizada.

Durante la ceremonia, los arreglos florales orgánicos de Bloom Theory y el sonido de un arroyo cercano aportaron un telón de fondo natural y elegante.
La fiesta posterior mantuvo el tono exclusivo: la banda Metro Music Club cerró con “Iris” de los Goo Goo Dolls, y los invitados continuaron la celebración en The Cellar, un bar local donde la novia introdujo los primeros shots de gelatina rosa personalizados.
Al día siguiente, la reunión en Grumpy’s permitió continuar el festejo en un ambiente distendido, pero sin perder el halo de sofisticación que caracterizó todo el fin de semana.
La boda fue el reflejo de una visión estética muy definida: fusionar el lujo con el encanto vintage, priorizando la originalidad, la calidad artesanal y el disfrute genuino de todos los presentes.
La novia logró convertir su casamiento en un evento donde la moda fue tan protagonista como el amor.