Es viernes por la tarde y decenas de personas esperan a que familiares y amigos aparezcan por la puerta de llegadas del aeropuerto de Barajas, en Madrid. Una de las personas que aguardan está especialmente tenso. Masca chicle con nerviosismo, cambia de postura continuamente y lanza miradas compulsivamente al móvil. Las manos a la espalda, un tirón nervioso a su abrigo y brazos cruzados. Es Carlos Ramírez, tiene 41 años y está a punto de encontrarse cara a cara con su padre por primera vez en su vida.

"Vengo hablando con él nueve meses y estamos creando una bonita amistad, sembrando ese cariño, quieras o no, pues claro, uno se termina creando ese sentimiento", declara Carlos desde la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, el lugar donde conocerá a su padre biológico al que pudo localizar tras una larguísima búsqueda gracias a un test de ADN. "Y ahora, estoy a minutos de que llegue y con los nervios de punta y con ganas ya de que esté aquí".

Tras una tediosa espera, Idelmo Medina, su padre de 63 años, aparece entre las puertas correderas. Los dos se funden en un abrazo y lloran. "Lo conseguí, costó mucho, pero conseguí encontrarte", le dice Carlos entre lágrimas a su padre. Su búsqueda ha llegado a su fin.

La larga búsqueda

Carlos, originario de Venezuela, supo que era un hijo adoptado por su madre cuando tenía 12 años. En el transcurso de una discusión entre ambos, su madre le reveló el secreto que había guardado hasta entonces: Carlos había sido entregado en adopción inmediatamente después del parto de su madre biológica. "Ha sido duro el llevar esa realidad y desde entonces me he estado preocupando, sufriendo, todo esto me ha creado un dolor que de alguna manera u otra necesitaba sanar y han sido incógnitas y preguntas durante toda mi vida", declara Carlos.

Comenzó entonces una larga búsqueda de sus padres biológicos de los que apenas conocía una información fragmentaria. Sabía que su madre era una mujer colombiana que le había dado a luz con 36 años y le había entregado en adopción a la hermana de su madre adoptiva al no poder hacerse cargo. Antes del parto, había trabajado como criada en la casa familiar de su padre biológico, entonces un joven estudiante de apenas 20 años con el que había mantenido un breve romance del que Carlos había sido fruto. Desconocía las identidades de ambos o el lugar donde residían, por lo que la búsqueda dio pronto con un callejón sin salida.

Carlos se fue de Venezuela con apenas 20 años y terminó por llegar a España donde reside desde 2006. Aquí se casó y tuvo un hijo y la familia reside en Urnieta, Guipúzcoa. Los años pasaron, pero Carlos nunca renunció a encontrar a sus padres biológicos. Puso incluso anuncios en internet, pero nada funcionó hasta que una amiga le recomendó hacer un test de ADN con la empresa MyHeritage.

Estos tests ofrecen principalmente la posibilidad de rastrear los orígenes étnicos de los clientes que deciden aportar una muestra de saliva. Pero gracias a los millones de personas que ya han aportado sus datos genéticos a estas alturas en todo el planeta -9,6 millones en el caso de MyHeritage-, los tests también permiten, si el cliente así lo desea, desvelar la ubicación de otras personas con los que comparten ADN, es decir, familiares en algún grado de consanguinidad.

A partir de esta herramienta, Carlos logró entrar en contacto con la viuda de un familiar paterno que vivía en Canarias y acababa de fallecer. A partir de ese hilo, Carlos logró entrar en contacto con otros familiares biológicos en Venezuela, pero tras meses de pesquisas, no consiguió obtener la identidad de su padre. Cuando también esta vía parecía cerrada, contactó por última vez con la viuda de su familiar, que accedió a mirar en la agenda telefónica de su difunto marido y le pasó un contacto: Primo Idelmo.

"Este es hijo mío"

Idelmo tenía 20 años cuando tuvo un romance secreto con la mujer que trabajaba de criada en la casa de su prima, donde estaba viviendo mientras estudiaba metalurgia y siderurgia. Tras las vacaciones estivales, regresó a la casa de su familiar solo para descubrir que su amante había desaparecido sin dejar rastro, tras informar a la familia de que estaba embarazada. Nadie supo que estaba embarazada de él e Idelmo nunca supo más de su amante ni del hijo que dio a luz unos meses después.

"Allá como en el año 2000, mi prima murió, pero ella se fue consciente de que el embarazo era mío, porque ella me decía: 'Esa mujer está embarazada de ti. Pero descansa, reposa, porque si es tu hijo va a estar en las manos de Dios y va a estar bien cuidado'. Y luego me di cuenta que quien lo recibe, su mamá adoptiva, fue un ángel que Dios envió", relata Idelmo, ya al lado de su hijo en una cafetería del aeropuerto.

La vida de Idelmo transcurrió en Venezuela, donde desarrolló una carrera profesional en la pujante industria petrolera del país sudamericano. Se casó y tuvo cinco hijos. Trató de localizar a su hijo, pero todas las personas a las que preguntó le decían que la mujer había desaparecido sin dejar rastro. 41 años después, finalmente padre e hijo contactaron. Carlos le mandó un mensaje de Whatsapp con un escueto texto: 'Hola señor Idelmo, le contacto por un tema familiar, si puede, dígame si lo puedo llamar'.

"Cuando fui yo le devolví la llamada y al devolver la llamada él me hace las preguntas que si yo había tenido una relación con una señora de origen colombiano y yo respiré profundo y le dije: 'Sí. Sí la tuve, pero, ¿por qué me preguntas eso?'. Cuando él me tira aquella segunda afirmación que me desarmó: 'Porque hay muchas posibilidades de que tú seas mi padre'", recuerda Idelmo. "Yo dije: 'Uou, ya va, ya va, ya va, vamos a procesar esto'. Le pedí que activara la cámara, me puse una camisa, y yo activé la mía. Entonces, cuando yo le vi la cara, dije: 'No, qué va. Este es hijo mío'".

No es un sueño

Carlos e Idelmo no se habían visto nunca en persona, pero llevaban nueve meses en contacto por videollamada desde aquel día. En este tiempo, han ido generando una relación que esperan consolidar ahora cara a cara.

"Yo pienso que todo va a ir fluyendo poco a poco, siempre lo hablamos. Le decimos, 'Mira', yo desde el principio le dije, porque claro, eh, llegar a su vida así de repente, pues era como muy invasivo. Entonces yo le dije que solamente quería conocer mis orígenes, que poco a poco fuéramos conociéndonos, haciendo una amistad y que ese vínculo se creara. Y es lo que estamos haciendo", declara Carlos, visiblemente emocionado. "Esto ha sido bastante increíble. Te paras un momento y piensas: '¿En serio me voy a reunir con mi papá?'. Es algo muy fuerte, algo que no pasa todos los días, a veces pienso que es como todo un sueño, pero lo toco y no, no es un sueño".

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