El pueblo de Valderrobres, uno de los más bonitos de Teruel (Adobe Stock)

El pueblo de Valderrobres, uno de los más bonitos de Teruel. (Adobe Stock)

Pocas carreteras, ningún aeropuerto cercano y trenes que apenas se detienen. Esa es la fama que arrastra Teruel desde hace décadas, la de provincia olvidada de España. Sin embargo, en su esquina nororiental, allí donde Aragón limita con Tarragona y Castellón, se extiende la comarca del Matarraña, un territorio de colinas peinadas de olivos centenarios, cipreses junto a masías de piedra y campanarios que asoman entre lomas ocres, y que se ha ganado el apodo de ‘la Toscana española’. La comparación responde a la luz, el orden agrícola del paisaje y la manera en que los pueblos coronan las colinas. La comarca reúne 18 municipios y 8.805 habitantes repartidos en un territorio bañado por cuatro ríos: el Matarraña, que da nombre a la zona, el Algars, el Ulldemó y el Tastavins.

Dentro de estas localidades destaca Valderrobres, que funciona como capital administrativa de la comarca, con 2.400 habitantes. La llegada atraviesa un puente medieval sobre el río Matarraña, pasa por el Portal de San Roque y desemboca en la Plaza Mayor, con su ayuntamiento renacentista. Las calles empinadas conducen hasta el castillo del siglo XIII, comunicado con la iglesia de Santa María la Mayor por un paso elevado. El templo, de estilo gótico mediterráneo, figura entre los mejores ejemplos de arte gótico de la provincia de Teruel, según la Diputación Provincial de Teruel.

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Calaceite, con 1.100 habitantes, oficia de capital cultural de la comarca. Sus calles conservan edificios de sillería con balcones de forja y una Plaza Mayor presidida por un ayuntamiento renacentista fechado en 1606. El municipio integra, junto a Valderrobres y La Fresneda, la lista de los Pueblos más Bonitos de España, y cinco localidades del Matarraña cuentan con la declaración de Conjunto Histórico-Artístico.

Arquitectura en el pueblo medieval de Calaceite (Getty Images).
Arquitectura en el pueblo medieval de Calaceite. (Getty Images)

El relieve de la comarca combina las estribaciones del Sistema Ibérico con las cordilleras costero-catalanas. La zona de mayor altura corresponde a los Puertos de Beceite, con cumbres próximas a los 1.400 metros, donde también se ubican las Rocas del Masmut.

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Otro atractivo natural es el Salt de la Portellada, una cascada de unos 20 metros sobre el río Tastavins que termina en una piscina natural de aguas turquesas. El recorrido hasta el salto puede hacerse a pie desde un aparcamiento gratuito, con un trayecto de 4 kilómetros ida y vuelta.

Más allá del legado medieval, la región conserva seis poblados íberos, todos ellos cercanos a Cretas, Calaceite y Valdeltormo. Entre ellos destaca el poblado de San Antonio, en Calaceite, que permite reconstruir cómo vivían las primeras comunidades asentadas en la zona hace más de 2000 años. La vegetación de la comarca varía según la altitud. En los puertos de montaña predomina el pino silvestre y la especie de pino negral, junto a tejos, arces, acebos, avellanos, encinas y robles. En las zonas de ribera crecen chopos y fresnos, mientras que el terreno agrícola está dominado por el olivo, el almendro y la viña.

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La comarca reúne una despensa que incluye molinos de aceite, bodegas artesanales y productos con denominación de origen, como el jamón de Teruel y el melocotón de Calanda. Los municipios de Monroyo y Peñarroya de Tastavins son conocidos por sus secaderos de jamones, mientras que Valdeltormo y Valjunquera destacan por la calidad de su aceite de oliva.