
La deuda de los estadounidenses en tarjetas de crédito alcanzó USD 1,26 billones en el segundo trimestre de 2026, a solo un paso del máximo histórico de USD 1,28 billones registrado a finales del año pasado.
El dato surge del informe trimestral sobre deuda de los hogares que la Reserva Federal de Nueva York publicó el martes 11 de agosto. El análisis se elaboró a partir de una muestra anónima y representativa a nivel nacional de los reportes crediticios de Equifax, una de las tres agencias de crédito más grandes del país, encargada de registrar el historial financiero de los consumidores estadounidenses.
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El saldo creció USD 21 mil millones respecto al trimestre anterior, un alza de 1,7% en apenas tres meses. Detrás de ese aumento, los economistas señalan dos fuerzas combinadas: el gasto de los consumidores se mantiene elevado y los precios de productos básicos —como alimentos y gasolina— siguen presionando los presupuestos familiares.
Unos 175 millones de estadounidenses tienen al menos una tarjeta de crédito. De ese universo, aproximadamente el 60% carga con deuda renovable mes a mes, según los investigadores de la Reserva Federal de Nueva York, lo que los deja en una posición financiera más frágil ante cualquier imprevisto.
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El 55% de los consumidores usa las tarjetas para cubrir gastos esenciales, de acuerdo con un informe separado de la empresa de gestión de deudas Achieve, basado en una encuesta a 2.000 personas realizada en junio. El mismo sondeo reveló que el 56% de quienes tienen deuda tardaría seis meses o más en pagarla por completo.
¿Cuándo y por qué creció la deuda?
La presión sobre los hogares no es nueva. La Reserva Federal de Nueva York registra una tendencia al alza desde mediados de 2022, impulsada por la inflación persistente que obligó a muchas familias a recurrir al crédito para llegar a fin de mes.
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Matt Schulz, analista jefe de crédito de LendingTree, lo explicó con claridad al medio CNBC: “El aumento de la deuda en tarjetas de crédito, líneas de crédito sobre el valor de la vivienda y otros préstamos muestra con claridad que la gente busca formas de estirar su presupuesto ante una inflación que no cede”.
Brad Stroh, cofundador y co-CEO de Achieve, agregó en un comunicado que “las deudas a corto plazo suelen comenzar como una solución temporal para cubrir huecos en el presupuesto familiar”. El problema, advirtió, es que “con el alto costo de vida y los intereses acumulados, esas deudas pueden generar una presión sostenida sobre las finanzas del hogar”.
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La deuda total de los hogares estadounidenses asciende a USD 18,8 billones. Dentro de ese total, los préstamos para autos alcanzaron un nuevo récord de USD 1,71 billones entre abril y junio, al igual que las líneas de crédito sobre el valor de la vivienda (conocidas como HELOC, por sus siglas en inglés), cuya participación en el total de préstamos creció durante el año.
En contraste, la deuda estudiantil y la deuda hipotecaria bajaron en el mismo período. Otros informes también indican que los préstamos sobre el valor de la vivienda acaparan una porción mayor del crédito total en lo que va de 2026.
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El porcentaje de saldos de tarjetas con más de 90 días de atraso —lo que se conoce como morosidad grave— subió de 7,6% a 12,8% entre mediados de 2022 y comienzos de 2026. Los investigadores de la Reserva Federal de Nueva York advirtieron que esa cifra “genera preocupación de que los estadounidenses se estén atrasando en sus pagos a tasas no vistas desde la Gran Recesión”.

Sin embargo, el propio equipo del banco aclaró en la rueda de prensa que este indicador es rezagado: refleja deudas antiguas que permanecen en los historiales crediticios, no necesariamente nuevos incumplimientos. “Es un indicador tardío y refleja deudas pasadas que siguen apareciendo en los reportes de crédito”, precisaron.
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Los investigadores de la Reserva Federal de Nueva York describieron la situación con una imagen precisa: la de una economía en forma de “K”, donde algunos hogares prosperan mientras otros se quedan atrás. “Hay muchos hogares que viven de quincena en quincena”, señalaron, y agregaron que “basta con que les ocurra una sola cosa para que caigan en mora”.
La tasa de nuevas deudas que pasan a estado de morosidad se mantuvo estable, aunque en niveles altos: el 6,97% de los saldos transitó hacia ese estado en el último año. Los investigadores indicaron que seguirán monitoreando esa tendencia de cerca.
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El panorama para los próximos meses depende, en gran medida, de si la inflación cede y de si los hogares más vulnerables logran absorber los costos acumulados sin recurrir a más crédito.