(BUENOS AIRES).- “Perdí embarazos en el medio, cuatro; y uno antes de un Boca River, estaba de 4 meses y lo parí en la cama sola, y no le avisé a Diego hasta que terminó el partido”. La confesión de Yanina Latorre en PH Podemos Hablar expuso el calvario silencioso que atravesó para ser madre: siete años de tratamientos extremos, 18 inyecciones diarias, nueve meses de reposo absoluto y la pérdida de cuatro embarazos en absoluta soledad mientras su marido, Diego Latorre, jugaba al fútbol.
La llegada de Lola, su primera hija, fue el resultado de un proceso agotador que coincidió con la etapa de Diego en Rosario Central. “Me costó mucho tener a Lola. Lola es hija de un tratamiento eterno. Estuvimos 7 años sin poder quedar embarazados y haciendo mucho trabajo”, relató Yanina. El tratamiento se hizo en Rosario y la exigencia física rozó lo intolerable: “Estuve 9 meses en la cama esperando que nazca Lola y me daban 18 inyecciones diarias porque en ese momento el tratamiento era tremendo… fue un parto difícil, fue un embarazo muy cuidado”.
A ese primer embarazo le siguieron pérdidas recurrentes que la panelista enfrentó sin compañía. Uno de esos episodios la marcó a fuego: la pérdida de un embarazo de cuatro meses justo antes de un superclásico. “Lo tuve que juntar sola, llamar a mi mamá, a mi papá… un espanto”, contó. Yanina Latorre explicó que la soledad fue una constante en esos duelos: “Después de Lola seguí perdiendo embarazos siempre sola porque al estar casado con un jugador de fútbol… la vida de la [botinera] es mucho más duro de lo que uno cree”.
“Mucha soledad hormonal y estar en tratamientos… hacer los duelos de esos hijos que no llegaron, eso sufrí; y después operarte que te saquen todo lo que quedó adentro”, agregó Yanina sobre el desgaste físico y emocional que le dejaron esas pérdidas.
Agotada por el sufrimiento, Yanina Latorre tomó una decisión terminante: “Después de Lola yo no quería tener más hijos”. Sin embargo, cuando la familia se mudó de México a Guatemala por la transferencia de Diego, la vida la sorprendió. Al notar la falta de menstruación, prefirió callar para no ilusionarse. “No me viene, no me entero… y pasa el tiempo, un mes, dos meses. Dije: ‘lo voy a perder, si perdía todo el tiempo embarazos, ¿para qué le voy a decir? Nos vamos a ilusionar de que va a venir un bebé’”, recordó.
El silencio se extendió hasta que los cambios en su cuerpo fueron evidentes. “A los 5 meses le digo a Diego: ‘¿Sabes que hace 5 meses que no me viene?’… Fuimos al médico, estaba embarazada de Dieguito, 4 meses”, contó. Dieguito nació de forma natural, pero la soledad volvió a repetirse en el parto. “Parí sola a mis dos hijos. Las dos veces Diego llegó un día después porque como tuve parto natural no fui a cesárea programada, se me adelantaron… rompí bolsa, llamé a mi mamá y a mi papá… y al otro día siempre llegó Diego”, explicó Yanina.
La sobrecarga de criar recién nacidos en otro país, sin ayuda, llevó a Yanina Latorre a un límite físico y anímico. “Siempre juré: ‘No voy a parir nunca más porque este hijo de puta estar en el fútbol y yo acabando el cuerpo’”, expresó. La rutina era despiadada: Diego volvía un par de días y se iba otra vez a jugar. “Él venía dos días, se volvía a jugar y yo me quedaba 45 días sola durmiendo, tomando la teta, y yo decía: ‘Esto es ser madre, estaba sola’”, cerró.
“Yo soy primero madre y después persona. Lo único que me importa en la vida son Lola y Dieguito”, afirmó Yanina Latorre, que lleva 32 años de matrimonio con el exfutbolista y hoy disfruta de los dos hijos que llegaron después de un camino marcado por la resiliencia y el dolor silencioso.