Para salir de la melancolía del tercer Mundial consecutivo visto desde el sofá, Italia tiene una idea: empezar de nuevo con Pep Guardiola. No hay nada oficial, ni siquiera una propuesta formal, pero son muchos los indicios que apuntan en esa dirección.
Lo que sí es seguro es que en los próximos días, quizá incluso esta misma semana, se conocerá el nombre del nuevo seleccionador de la Azzurra, tras la dimisión de Gennaro Gattuso, presentada después de la derrota ante Bosnia en la repesca que condenó a Italia a su tercera ausencia consecutiva en la Copa del Mundo.
Desde entonces, la Federación ha cambiado por completo. Su nuevo presidente, Giovanni Malagò, que durante doce años presidió el Comité Olímpico Italiano, ha nombrado director técnico a Paolo Maldini, leyenda del Milan y posteriormente dirigente del club. Junto a él trabaja Leonardo, excentrocampista de la selección brasileña y antiguo entrenador del Milan y del Inter.
Según la cadena Sky Sport Italia, ambos habrían pasado el fin de semana en Barcelona para intentar convencer a Guardiola de sumarse a un proyecto que vaya mucho más allá de devolver a Italia a la élite del fútbol internacional. La idea sería impulsar una auténtica revolución que sacuda al fútbol italiano.
Los otros dos candidatos son Andrea Pirlo, brillante centrocampista del Brescia, el Milan y la Juventus, aunque mucho menos afortunado como entrenador del conjunto turinés, y Roberto Mancini, el seleccionador que condujo a Italia al triunfo en la Eurocopa de 2021 antes de abandonar inesperadamente el cargo para fichar por Arabia Saudí, una decisión que indignó a la Federación y a buena parte de la opinión pública italiana.
El nombre de Guardiola se ha mantenido siempre en un discreto segundo plano, aunque Malagò dejó entrever su existencia en una entrevista concedida a Sky. Además de Pirlo y Pioli, admitió, “también hay otros perfiles posibles”. Una referencia que muchos interpretan como una confirmación indirecta de los contactos con el técnico de Santpedor.
La principal dificultad para alcanzar un acuerdo no sería tanto económica —aunque las arcas de la federación italiana no atraviesan su mejor momento— como personal. Guardiola, que en el pasado dejó abierta la puerta a entrenar en Italia —”¿por qué no?”—, habló hace apenas unos días con claridad sobre su futuro. Mentalmente no me falta nada. Empecé a entrenar con 37 años y toda mi vida ha estado ligada al fútbol”, dijo en una entrevista concedida a la plataforma de criptomonedas OKX. “Ahora quiero intentar descubrir la vida, ser feliz haciendo también otras cosas que no tengan que ver con el fútbol. Amo mi trabajo, pero llega un momento en el que sientes que debes parar. Quizá un día me despierte y diga: “Está bien, quiero volver a entrenar”. Pero esa sensación tiene que nacer de mí, y hoy no la tengo”.
Unas palabras que, en apariencia, cerrarían cualquier posibilidad. Pero después de tres Mundiales consecutivos sin Italia, quizá solo un desafío imposible pueda parecer suficiente.