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17/10/2026
Actualizado a las 02:00h.
El 16 de octubre se cumplen 40 años de la llegada de dos escaladores sudtiroleses (italianos, pero de habla alemana) a la cima del Lhotse, la cuarta montaña más alta de la Tierra. Uno de ellos, Reinhold Messner, se convertía en ese momento en el primer hombre capaz ascender las catorce montañas más altas del planeta. Lo hacía además sin haber usado botellas de oxígeno y, por si fuera poco, en varios casos por paredes nunca escaladas antes o por rutas que ninguna cordada ha sido todavía capaz de repetir. Este es un viaje que había comenzado sin saber que era un viaje con inicio y final, y que se extendió a lo largo de 17 años.
Reinhold Messner tenía 25 años cuando, junto a su hermano Günther, un año menor que él, ascendió la vertiente del Rupal del Nanga Parbat, la pared de hielo y roca más grande del planeta. Sus subidas sin oxígeno embotellado se van a convertir en una especie de signo de identidad en una época en la que los médicos no garantizaban que un humano pudiera sobrevivir a esa altitud durante más de unas pocas horas. Esta historia se asoma a catorce ascensiones que han marcado la historia del alpinismo, la aventura y la exploración. Cada una de ellas por separado tiene relevancia suficiente como para figurar en los libros de historia del deporte. Como conjunto, sin embargo, el legado es monumental y trasciende a lo alpinístico. Entre otros galardones ha recibido el premio Princesa de Asturias de los Deportes en 2018, compartido con el alpinista polaco Krzysztof Wielicki.
Por el camino Messner ha publicado más de ochenta libros. Algunos de ellos han alcanzado la categoría de 'best-sellers' internacionales y clásicos de la literatura de montaña. En este reportaje se indican algunos de los que narran las ascensiones a los ochomiles.

La muerte de Günther
Cima el 27 de junio de 1970 junto a su hermano Günther Messner.
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Han sido capaces de remontar una pared que nunca se había escalado, pero por un problema de comunicación con el resto de la expedición -una equivocación en el color de las bengalas que lanzaban desde el campo base para avisar de cambios en meteorología- han subido a toda prisa para ganar tiempo sin cargar con suficiente material de abrigo. Ahora están atrapados en la cima.
Günther Messner presentaba síntomas graves de agotamiento y mal de altura. El descenso por donde habían subido, como no tenían material de rápel, era inviable. Reinhold decidió emprender la bajada por la otra vertiente, la del Diamir, una ruta que no conocían más que por reseñas de otros alpinistas. El descenso llevó más de dos días, y soportaron dos vivacs al raso sin equipo apropiado, hasta que alcanzaron la parte inferior del glaciar Diamir. En la base de la pared, Günther quedó rezagado y fue sepultado por una avalancha de seracs (bloques de hielo en equilibrio inestable). Reinhold buscó a su hermano durante horas sin éxito hasta que continuó el descenso solo, en estado de shock y con graves congelaciones en los pies, hasta ser auxiliado por habitantes locales en la parte baja del valle. Pasaron seis días desde la cima hasta el encuentro con los pastores pakistaníes que le ayudaron.
Había conseguido ascender una cara inescalada y descender por otra, con lo que había logrado la primera travesía de la montaña. Pero a qué precio. Las vivencias se cuentan en 'La montaña desnuda', uno de sus libros más memorables. Volvería varias veces al Nanga a buscar a su hermano, y la ausencia de Günther es una presencia constante en su literatura.
Los restos de Günther Messner fueron localizados en julio de 2005 en la base de la vertiente Diamir del Nanga Parbat, a unos 4.300 metros de altitud, lo que sirvió para desmentir las acusaciones que había sufrido Reinhold de haberlo abandonado en el ascenso por la otra cara de la montaña, y que prueban que los dos descendieron juntos por la misma ladera.

Solo en la cima
Cima el 25 de abril de 1972 en solitario.
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La expedición austriaco-tirolesa de 1972 fue concebido para abrir una vía directa en la imponente pared sur del Manaslu. Messner fue el único del equipo que llegó a la cima.
Messner y Franz Jäger habían salido hacia la cumbre desde el último campo de altura, pero el tiempo empeoró y Jäger se dio la vuelta poco antes de la cima. Reinhold continuó y completó en solitario la primera ascensión de esa vertiente.
Pero una tormenta de vientos huracanados se cebó con la montaña. Jäger no llegó al campo del que había partido junto a Messner. Dos compañeros, Schlick y Frankhauser, preocupados por él, salieron en su búsqueda. La ventisca engulló a Schlick. Reinhold Messner, por su parte, llegó a ciegas a la tienda. Los cuerpos de Jäger y Schlick nunca fueron recuperados.
Dos años después de perder a su hermano, una nueva tragedia le sumió en un profundo dilema ético, que queda reflejado en su siguiente libro, 'Tormenta en el Manaslu'.

Con estilo
Cima el 10 de agosto de 1975 junto a Peter Habeler.
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En las dos cimas del Himalaya que había logrado hasta entonces había subido por donde nadie lo había hecho antes. En esta ocasión lograría el primer ascenso en estilo alpino puro: solo una cordada de dos cargando con todo lo necesario desde abajo, sin porteadores ni campos de altura ni, por supuesto, oxígeno embotellado.
La aventura le sirvió para el argumento de su siguiente libro.

En el techo del planeta, desenmascarados
Cima el 8 de mayo de 1978 junto a Peter Habeler (2º ochomil compartido)
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Fue la primera ascensión en la historia sin oxígeno suplementario. De ahí el juego de palabras de 'desenmascarado' en uno de sus libros, porque no habían necesitado máscaras para escalarlo. En 1980 volvería a la cima en solitario (primera solo y sin oxígeno). La expedición sirvió para descartar el dogma médico de la época, que sostenía que el cerebro humano sufría daños irreversibles o incluso la muerte al sobrepasar los 8.000 metros sin O₂.
La fotografía de Messner en el Everest en 1980, junto al trípode instalado por una expedición china para confirmar las mediciones de altitud, y sin tiempo de colocarse frente al autodisparador de su cámara, es una de las imágenes icónicas del deporte del siglo XX.

K2 en estilo ligero
Cima el 12 de julio de 1979 junto a Michael Dacher.
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Se presentó junto al alemán Michael Dacher con la intención de subir por la inédita 'Magic Line', ruta que descartaron por las dificultades y el mal tiempo. La 'Magic Line', una vía que surca de forma muy directa la pared, ha sido ascendida dos veces, 1986 y 2004, por expediciones que en ambos casos sufrieron la muerte de uno de sus integrantes.
A cambio, ascendieron por el Espolón de los Abruzzos sin oxígeno y con una infraestructura mínima, en una cordada de dos personas, sin porteadores, pero que hizo uso de algunas cuerdas fijas ya instaladas en la montaña.

Shisha Pangma, huella en el Tíbet
Cima el 28 de mayo de 1981 con Friedl Mustchlechner.
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La apertura de las cumbres tibetanas por las autoridades chinas al alpinismo occidental fue aprovechado por la cordada de Messner, que realizó la pimera ascensión en estilo alpino de la cara norte.

Tercer gigante sin oxígeno
Cima el 6 de mayo de 1982 con Friedl Mutschlechner (2º ochomil compartido).
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De nuevo con Friedl Mutschlechner, con el que abrió una variante en la cara norte en estilo alpino y sin O₂. Era la demostración de que las tácticas ligeras son compatibles no solo con los ochomiles más bajos, sino que son también válidas en los tres colosos más altos del planeta (Everest, K2 y Kangchenjunga).

Gasherbrum II, dos
Cima el 24 de julio de 1982 con Nazir Sabir y Sher Khan
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Una vez demostrada la capacidad técnica para remontar las paredes más escarpadas por rutas que nadie había probado con planteamientos ligeros, el siguiente reto solo podía ser lograr varias cimas en una misma temporada. Así, acompañado esta vez por los locales Nazir Sabir y Sher Khan, logró la cima en un estilo alpino rápido dos meses después del anterior éxito en el Kanchenjunga.

Broad Peak, y tres
Cumbre el 2 de agosto de 1982 con Nazir Sabir (2º ochomil compartido).
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Completó el hito de encadenar tres ochomiles en una sola temporada (Kangchenjunga, GII y Broad Peak) y cambió para siempre el paradigma del tiempo en el Himalaya: un alpinista entrenado y aclimatado podía encadenar cumbres en cuestión de semanas.
El libro que lo resume no se podía titular de otra forma: «3x8000».

Cho Oyu: la sociedad Messner-Kammerlander
Cima el 5 de mayo de 1983 junto a Hans Kammerlander y Michael Dacher (2º ochomil compartido).
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Nueva ascensión en estilo alpino. La cordada Messner-Kammerlander, junto a Michael Dacher en esta ocasión, asciende la pared sudoeste por una variante de la ruta más habitual. A partir de ahora van a basar su éxito en cordadas de dos hombres, hiperrápidas e independientes.

La noroeste del Annapurna
Cima el 24 de abril de 1985 con Hans Kammerlander (2º ochomil compartido).
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Junto a Hans Kammerlander se enfrenta a la vertiginosa e inestable pared noroeste. Por supuesto, en estilo alpino directo. Remontar una de las paredes más mortíferas del mundo sin infraestructura de apoyo sigue considerándose una de los logros técnicos de la época.
A día de hoy, más de cuarenta años después, ninguna cordada se ha atrevido a repetir el trazado por una pared tan peligrosa en la que la velocidad es la única salvaguarda ante el riesgo extremo.

Dhaulagiri
Cima el 15 de mayo de 1985 con Hans Kammerlander (3º ochomil compartido).
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Tres semanas después de estar en la cima del Annapurna ascendían el Dhaulagiri sin oxígeno. Solo treinta kilómetros separan una cima de la otra, pero para la mayoría de himalayistas sigue siendo inconcebible acometerlas en plazos tan cortos.

Penúltimo paso
Cima el 26 de septiembre de 1986 con Hans Kammerlander (4º ochomil compartido) y Friedl Mutschlechner (3er ochomil compartido).
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Con Kammerlander y Friedl Mutschlechner en estilo alpino durante la ventana de otoño. Es el penúltimo paso hacia la corona, la demostración de que una cordada lo suficientemente fuerte puede resistir el frío extremo del final de temporada.

El decimocuarto
Cima el 16 de octubre de 1986 con Hans Kammerlander (5º ochomil compartido).
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En estilo alpino, apenas tres semanas después del Makalu. Se convirtió en la primera persona en completar los 14 ochomiles sin oxígeno. En la mayoría de los casos, abriendo vías nuevas o escalando vertientes no ascendidas previamente. Eso, sin contar ascensos como el solitario al Everest de 1980.
En este repaso breve solo se han señalado los éxitos, que fueron la mayoría, pero algunos montes se le resistieron especialmente. No logró subir al Dhaulagiri hasta su tercera tentativa (lo probó en 1977 y 1984 antes de conseguirlo en 1985). También intentó el Cho Oyu en invierno de 1982 y tuvo que esperar a mayo del año siguiente. El Makalu, por ejemplo, se le resistió tres veces (1974, 1981 y el invierno de 1985/86) antes de lograrlo. El Lhotse, donde cerró su recorrido, lo había intentado nueve años antes.
Cronología de sus catorce ochomiles
Pincha en cada triángulo para ver los datos. Las ascensiones de 1982 (3), 1985 (2) y 1986 (2) son tan próximas en el tiempo que se superponen en las pantallas de dispositivos pequeños.
Para esta lista se han contemplado solo sus primeras ascensiones, pero algunos de sus logros más memorables los logró en cumbres que había alcanzado previamente. Hay cuatro cumbres a las que subió dos veces: volvió al Nanga Parbat en 1978 en solitario por la vertiente con la que había bajado con su hermano. Su segunda ascensión al Everest en solitario y sin oxígeno es posiblemente el culmen del alpinismo del siglo XX. Y regresó a las cumbres de los Gasherbrums I y II tras enlazarlas por la arista que las une en un recorrido que han intentado repetir sin conseguirlo algunas de las cordadas más capaces del himalayismo moderno: Hámor y Morawski en 2008 o A. Iñurrategi, Vallejo y Zabalza en 2017.
Las montañas más altas del planeta
Messner siempre lideró la carrera por ser el primero en completar las catorce cimas, aunque seguido al por el polaco Jerzy Kukukcza, que lo hizo dos años después. Siendo estrictos, Kukuzca recurrió al oxígeno extra en un breve pasaje del Everest, pero también es cierto que disponía de menos medios, que subió por rutas técnicamente muy difíciles -más incluso que algunas de las del tirolés-, y que varias de sus ascensiones fueron invernales, lo que nunca logró Reinhold. Messner lo zanjó con un «no eres segundo; eres grande». Tuvieron que pasar nueve años hasta que otro alpinista ascendiera las catorce montañas más altas de planeta sin usar oxígeno embotellado (el suizo Erhard Loretan en 1995). Juanito Oiarzabal fue el tercero, en 1999. Por su parte, la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner fue la primera mujer (2011) en hacerlo sin oxígeno. Aunque Edurne Pasaban hizo historia al convertirse en la primera mujer en completar los catorce ochomiles, recurrió al oxígeno extra en el Everest (2001) y en el descenso del Kanchenjunga (2009). La italiana Nives Meroi fue la segunda mujer en lograr todas las cimas de forma natural en 2017.
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