La Justicia tailandesa ha desestimado los recursos de Daniel Sancho (32 años) y ha decidido mantener la pena de cadena perpetua por el asesinato premeditado y descuartizamiento del cirujano plástico Edwin Arrieta.
Así lo ha comunicado este viernes el Tribunal Provincial de Samui mediante un comunicado.
La defensa de Sancho había solicitado la nulidad del proceso y la celebración de un nuevo juicio con más testigos para defender que la muerte de Arrieta fue accidental durante una pelea.

Daniel Sancho, en una imagen de archivo.
EFE
Daniel Sancho cumple condena en la prisión de Surat Thani, situada al sur del país. El crimen tuvo lugar el 2 de agosto de 2023 en la isla tailandesa de Phangan.
La familia de Arrieta y la defensa de Sancho presentaron recursos en diciembre de 2024 y marzo de 2025, respectivamente, al fallo en primera instancia del Tribunal Provincial de Samui.
Los letrados del colombiano solicitaron que se elevara el castigo a la pena capital por la "contundencia" de las pruebas y aumentar la indemnización, fijada en 4,42 millones de bat (unos 117.000 euros, 133.500 dólares).
El fallo ha sido adoptado por el Tribunal de Apelaciones de Phuket.

Daniel Sancho, escoltado por agentes de la policía tailandesa en 2023.
EFE
Sin embargo, los magistrados no se han pronunciado sobre la petición de la acusación de que Sancho sea condenado a muerte, cuestión que se tratará en una nueva vista programada para el 7 de octubre.
En dicha fecha, el tribunal emitirá su fallo respecto a la solicitud de pena de muerte formulada por la acusación de la familia de Edwin Arrieta y a la impugnación para incrementar la indemnización, fijada originalmente en 119.000 euros.
Cada parte cuenta con hasta dos apelaciones -esta primera y otra posible ante el Supremo- hasta que haya sentencia firme.
La vida de Daniel en la cárcel
Conviene recordar que Sancho cumple condena de cadena perpetua en la prisión de Surat Thani, en un régimen de aislamiento relativo y con comunicaciones muy restringidas.
Solo dispone de una videollamada semanal, que reparte entre su padre, un amigo cercano y su equipo legal, y las visitas presenciales son breves (unos 20 minutos) y poco frecuentes.
En el día a día, su vida se reduce a horarios estrictos, recuentos, normas penitenciarias y largas horas entre muros, con el deporte y la lectura como principales distracciones mientras espera resoluciones judiciales sobre sus recursos.
En cuanto a su relación familiar, mantiene contacto regular por videollamada con su padre, el actor Rodolfo Sancho (51), quien no ha vuelto a visitarle en persona desde la sentencia de agosto de 2024.
En cambio, su madre, Silvia Bronchalo, fue la última progenitora en verle en prisión -en julio de 2025-, pero en 2026 ha anunciado que lleva meses sin hablar con él y que se ha desvinculado de su caso.
Respecto a las visitas de amigos, en agosto de 2026 recibió las primeras visitas de amigos íntimos tras mucho tiempo.
Entre ellos, Jaime Onieva -hermano de Íñigo Onieva (37)-, aunque los encuentros fueron muy cortos y con limitaciones para conversar.