El 26 de julio de 1943 nació en Dartford, Inglaterra, Michael Philip Jagger, conocido universalmente como Mick Jagger. Líder, showman supremo y cofundador de The Rolling Stones, Jagger ha encarnado durante más de seis décadas la imagen definitiva de la estrella de rock.
Sin embargo, en su extensa trayectoria repleta de hitos en estadios de todo el mundo, existe un capítulo único en la geografía sudamericana que definió el mapa cultural de toda una generación: la primera vez que pisó suelo argentino en febrero de 1995.
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A lo largo de los años ochenta y principios de los noventa, la Argentina había desarrollado un fenómeno socio-urbano inédito denominado la "subcultura stone", un movimiento identitario donde miles de jóvenes adoptaron la estética, el sonido y la actitud de la banda británica como un estilo de vida propio. Cuando se anunció formalmente que el Voodoo Lounge Tour desembarcaría en Buenos Aires con cinco fechas consecutivas en el Estadio River Plate, la expectativa sobrepasó los límites de lo estrictamente musical para transformarse en un evento de dimensiones históricas.
El impacto de la "furia stone" y el magnetismo escénico en Núñez
El 9 de febrero de 1995, la noche del primer concierto en Núñez, la banda inglesa se encontró con una recepción que jamás había experimentado en sus más de treinta años de carrera. Al salir al escenario bajo los acordes de Not Fade Away, Jagger fue testigo de una marea humana que coreaba los riffs de las guitarras, desplegaba banderas gigantescas e impulsaba el célebre "pogo" a un nivel de masa sísmica.
La energía del público deslumbró al propio vocalista, quien lejos de intimidarse, utilizó el fervor de las tribunas para desplegar un despliegue físico y vocal monumental a lo largo del inmenso escenario.
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El magnetismo de Jagger sobre las tablas, caracterizado por su electrizante lenguaje corporal, sus carreras de punta a punta en la pasarela y sus intentos por comunicarse en español con frases que quedaron guardadas en el folklore popular, selló una comunión instantánea con la audiencia. Durante los cinco shows que sumaron a más de 300.000 espectadores, la prensa internacional comenzó a documentar lo que el propio grupo definiría más tarde en sus memorias como el público más apasionado del planeta.
Un lazo indeleble que transformó las giras sudamericanas
La estadía del conjunto en el país no se limitó a las presentaciones en el estadio. Jagger aprovechó su estancia para recorrer lugares emblemáticos de Buenos Aires, reunirse con referentes de la cultura nacional e incluso mantener encuentros protocolares, fascinado por el nivel de impacto mediático que provocaba cada uno de sus movimientos.
Aquella primera gira de 1995 sentó un precedente que cambiaría para siempre la logística de los grandes espectáculos internacionales en la región, convirtiendo a Buenos Aires en una parada obligatoria para el grupo en sus tour posteriores de 1998, 2006 y 2016.
Con el paso de los años y el avance inagotable de su carrera, Mick Jagger ha vuelto a recordar en reiteradas entrevistas la electricidad de aquellas noches veraniegas en River. A más de ocho décadas de su nacimiento, la figura del cantante sigue siendo el motor indiscutido de la banda más longeva del planeta, conservando en la retina colectiva el recuerdo de la noche en que el rock and roll británico encontró en la Argentina su hogar más fervoroso.
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