Durante los próximos meses, Kate Tolo tiene previsto seguir una estricta rutina matutina de cuatro horas.

A partir de las 6:30 de la mañana, se someterá a una serie de pruebas: escupirá en un tubo, se tomará la temperatura y medirá la variabilidad de su frecuencia cardíaca. Se pesará y utilizará un dispositivo para controlar sus hormonas reproductivas. Dará un paseo de 30 minutos al aire libre con un chaleco lastrado, una mascarilla facial con protección UV y un sombrero para el sol, y luego pasará otros 30 minutos en su gimnasio doméstico.

Por la noche, duerme con un dispositivo acrílico insertado en la vagina, que, según explica, sirve para monitorizar las variaciones en el flujo sanguíneo. Algunos días tiene que someterse a análisis de sangre, pruebas de audición y de gusto, y entregar muestras de heces para su análisis.«No soy una persona a la que le guste cuidar de su salud», afirma Tolo, de 30 años, sentada en su piso de Los Ángeles. «Tampoco soy una persona a la que le guste el bienestar».

Pero es la novia y socia de Bryan Johnson, el empresario de 48 años obsesionado con la longevidad. Está claro que algunos de sus hábitos le han contagiado.

Johnson, que vendió su empresa Braintree a PayPal en 2013 por 800 millones de dólares, ha dedicado los últimos cinco años a una búsqueda incansable para revertir su edad biológica hasta los 18 años. Después de que un artículo de Bloomberg Businessweek de 2023 documentara con detalle la dieta, las pruebas y los procedimientos médicos de Johnson, este se convirtió en el rostro de un movimiento en auge formado por hombres que gastan millones al año para retroceder en el tiempo. A medida que su cuerpo ha experimentado cambios físicos drásticos, ha sido objeto de escrutinio por su dependencia de tratamientos sin demostrar y altamente experimentales.

Por su parte, Tolo afirmó que no busca la eterna juventud. «En realidad lo hago porque creo que este es nuestro camino para que las mujeres sean comprendidas y vistas en el mundo».

Su experimento casero, que ella y Johnson están retransmitiendo en las redes sociales, tiene como objetivo registrar sus datos biológicos a lo largo de su ciclo menstrual. Tolo espera obtener una imagen de referencia de su salud: es joven y se encuentra en la plenitud de su edad fértil, pero sus menstruaciones se caracterizan por un dolor intenso que la ha atormentado durante mucho tiempo.

La semana pasada, Johnson anunció que Tolo padece endometriosis, tras someterse a varias pruebas experimentales no invasivas. Tolo afirmó que también se enteró de que padece el síndrome ovárico metabólico poliendocrino, antes conocido como SOP, y adenomiosis, una afección en la que el revestimiento uterino crece hacia la pared muscular del órgano.

Tiene previsto probar tratamientos que puedan aliviar sus síntomas. Su esperanza es que su experiencia sirva para orientar futuras investigaciones y, en general, la atención sanitaria femenina. Las mujeres, subrayó, deben ser estudiadas y tratadas de forma diferente a los hombres.

«Medir y compartir abiertamente tus propios datos está muy bien, pero lo preocupante es que se vendan a otras mujeres como una forma de hacer algo para lo que no hay pruebas», afirmó Jennifer Garrison, neurocientífica e investigadora en salud femenina.

La influencer especializada en longevidad Kayla Barnes-Lentz, de 35 años, aplaudió la iniciativa de Tolo. Lleva más de seis años publicando sus propios datos personalizados, siguiendo un régimen que incluye pasar al menos una hora en una cámara hiperbárica y terminar de cenar a las 14:30. «Creo que disponer de más datos es increíble», afirmó.

Tolo y Johnson son expertos en captar la atención del público y aprovecharla para generar oportunidades de negocio. Juntos dirigen la empresa Immortals, que incluye su línea de suplementos y productos «Blueprint», acceso a medicamentos con receta y una consulta médica con servicio de conserjería. Immortals financia el proyecto de bienestar de Tolo, cuyo coste anual se estima en 2,6 millones de dólares, una cifra que abarca los gastos en equipamiento, pruebas y un equipo dedicado a su funcionamiento.

Aunque el experimento antienvejecimiento de Johnson cautivó a los espectadores, muchos se mostraron escépticos ante su iniciativa en cuanto empezó a vender productos, que ahora abarcan desde el aceite de oliva hasta los agonistas del GLP-1. «Ya he ganado dinero en mi vida. No necesito más», afirmó Johnson. «A Kate nunca le ha movido el dinero». Su transparencia tiene como objetivo promover los avances en la investigación sanitaria.

«Las mujeres en edad reproductiva solían quedar excluidas de la investigación porque se consideraba que su fisiología era demasiado variable, demasiado difícil de estandarizar», escribió en un correo electrónico la Dra. Hillary Seger, que forma parte del equipo de atención interno de Tolo. «El resultado es un conjunto de conocimientos médicos construido en gran medida sin tenerlas en cuenta».

Tolo espera arrojar más luz sobre la endometriosis y otras afecciones que afectan a la menstruación de las mujeres. Aunque la cirugía laparoscópica sigue siendo la única forma de demostrar de manera definitiva la existencia de la endometriosis, el consenso médico se está decantando ahora por tratar los síntomas basándose en un diagnóstico clínico, en lugar de uno quirúrgico. Varias empresas y laboratorios de investigación están trabajando en nuevas formas de diagnóstico.

«La endometriosis es una de esas enfermedades que simplemente no recibe la financiación para la investigación que se merece», afirma la Dra. Sara Szal, directora de medicina de precisión y longevidad del Instituto Marcus de Salud Integrativa de la Universidad Thomas Jefferson. La enfermedad se da cuando un tejido similar al revestimiento del útero crece fuera de este. «Yo la considero casi como una enfermedad autoinmune. No es una enfermedad autoinmune clásica, pero el cuerpo, sin duda, se está atacando a sí mismo».

Szal comparó el trabajo de alguien como Johnson con un diario público y advirtió que «una mayor cantidad de datos no equivale automáticamente a mejores resultados de salud».

A pesar de su riguroso cuidado de la salud, Johnson reveló a principios de este mes que le habían diagnosticado gastritis autoinmune. «Mi estómago se está devorando a sí mismo», afirmó en las redes sociales. Aunque existen formas de controlar la enfermedad, actualmente no existe una cura. Johnson afirmó que él y su equipo están intentando «resolverlo». El anuncio desató una oleada de preguntas sobre las afirmaciones anteriores de Johnson de ser «la persona más sana del planeta» y sobre en qué aspectos podría haber fallado su cuidado.

Para saber más

Aunque sugirió en Internet que sus hábitos de salud y su peso cuando tenía veintitantos años contribuyeron a la enfermedad, declaró a The Wall Street Journal que no pretendía insinuar ninguna relación. «No tengo ni idea de si algo de esto contribuyó a mi enfermedad autoinmune», afirmó, al tiempo que se mantuvo firme en que su régimen le ha ayudado, y no le ha perjudicado.

Szal, autora del libro The Autoimmune Cure, afirmó que esta enfermedad «puede permanecer asintomática durante años y es muy difícil de detectar, incluso con análisis de sangre exhaustivos».

Tolo conoció a Johnson en 2016: vio una cita suya destacada en un boletín informativo sobre la evolución de los seres humanos y la inteligencia artificial, y eso despertó su interés. Tolo trabajaba en el mundo de la moda en Nueva York, adonde se había trasladado desde su ciudad natal en Queensland (Australia). Ahora quería trabajar para Johnson.

Tras años de intentos por ponerse en contacto con él, comenzó a trabajar como su asistente ejecutiva en su empresa de neurotecnología, Kernel, en 2021. Pronto se enteró de la búsqueda antienvejecimiento de Johnson, que en aquel momento llevaba a cabo en privado. Fue idea de Tolo hacer pública esa aventura. Los dos se convirtieron en socios en ese proyecto; al cabo de un año y medio, su relación se tornó romántica.

En el documental de Netflix de 2025 Don't Die, Tolo admitió que solía ir a menudo a McDonald's. Luego probó el «protocolo» antienvejecimiento de Johnson, ingiriendo solo 1.700 calorías al día y tomando 60 suplementos. Desde entonces, ha llevado una alimentación más saludable.

«Soy un punto de referencia para ella, pero nunca le he sugerido que lo haga», afirmó Johnson.

Durante una entrevista con el Journal a finales de junio, le entregaron en la puerta de su casa una caja de comidas frescas, las mismas sobre las que Johnson había tuiteado ese mismo día.

Immortals, que cuenta con más de 150 empleados, se negó a revelar sus ingresos. La empresa está a punto de lanzar productos para mujeres: en el cuarto de baño de Tolo había una pila de pruebas de microbioma vaginal de la marca Immortals, que tiene previsto comercializar próximamente. Desde ese punto de vista, los recientes tuits de Johnson, en los que relata detalles de su vida sexual con Tolo y elogia la salud vaginal de esta, no solo se perciben como información excesiva, sino como una estrategia de marketing.

Tolo afirmó que no está tratando de influir en el comportamiento de otras mujeres. Tampoco lo está haciendo Johnson, subrayó.

«Él vive en una jaula. Yo voy a unirme a él en esa jaula», dijo. «Esta no es una forma normal de vivir».

Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por Susana F. Marimón.