
“Sé exactamente los tiempos que tengo entre una cosa y otra”. Anamá lo dice pensando en su propia agenda, pero la frase resume también su manera de entender la moda: cincuenta años de trayectoria le permiten ver de cerca cómo la apertura importadora, el operativo detrás de cada desfile y el comercio exterior terminan definiendo el pulso de esta industria.
Hoy hay mucha más importación en el sector textil. Algunos se quejan, pero otros están aprovechando para comprar y hacer negocio: creo que hay lugar para todos. Con la importación, los precios en la Argentina bajan un poco, y se mueve tanto el comercio exterior como el comercio interior.
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Organizo el desfile de mi escuela de modelos y es un desfile enorme, con una logística muy fuerte. Antes llegaban cinco mil personas, se hacía en estadios grandes y colapsaba el tránsito de la zona. Hoy sigue yendo muchísima gente, pero está organizado por franjas: cada dos horas hay un desfile distinto para que los padres puedan disfrutar y ver bien a las chicas desfilar.
Tengo un equipo muy aceitado que no falla. Sabemos exactamente cómo se hace: termina un desfile y las chicas ya están listas para el siguiente, maquilladas, peinadas y cambiadas. Esa organización es la que hace que todo funcione sin sobresaltos.
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Siempre pasa algo de último momento: una mamá que llega con algo para la hija cuando ya está desfilando, por ejemplo. Una vez un padre vino a reclamarme porque decía que su hija no había desfilado. Trabajo con menores, tengo mucho control y mucha seguridad, así que le dije que eso era imposible.
Hice entrar a la chica para mostrarle que sí había desfilado. Estaba tan transformada con el maquillaje y el peinado que el propio padre no la había reconocido en la pasarela. Se sintió peor por haber dudado, pero por suerte ahí mismo se aclaró todo.
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¿Cómo está afectando el contexto actual de mayor apertura importadora a la industria textil local?
No estoy tan metida en esa parte, pero sé que la ropa hecha acá en la Argentina venía cara y ahora está en plena liquidación. Las industrias están tratando de sobrevivir: hacen menos prendas y bajaron un poco los precios para no sufrir tanto frente a lo importado. A eso se le suma que este invierno no fue tan frío, así que hay rebajas por todos lados y la industria está un poco alicaída.

Tengo todo cronometrado. Salgo de un programa y, como digo yo, tengo que cruzar al otro lado de la ciudad con apenas media hora para llegar al siguiente lugar. Si el tránsito no ayuda, ese margen se achica todavía más y llego tarde. Soy bastante organizada: sé exactamente los tiempos que tengo entre una cosa y otra.
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Hoy podés comprar un producto buscándolo bien en una página, en China, en Japón, en cualquier lado, y te llega a la puerta de tu casa. Eso es maravilloso. Te avisan que en cuatro o cinco días está llegando, que ya está en camino, que llegó al aeropuerto.
La verdad que envidio la logística actual. Antes era mucho más difícil que algo te llegara a la puerta; había que ir a buscarlo uno mismo. Ahora hay todo un camino armado para que llegue puerta a puerta, y eso cambió por completo la manera en que consumimos moda.
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