Actualmente los aranceles son del 15% - crédito Freepik

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El peso de los impuestos sobre la economía argentina volvió a quedar bajo análisis a partir de un nuevo relevamiento del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). El organismo actualizó su medición anual sobre la relación entre la recaudación y el Producto Bruto Interno (PBI), un ejercicio que realiza desde hace más de tres décadas y que permite comparar la evolución de la carga fiscal a lo largo de distintos ciclos económicos y políticos. El resultado de este año marca un quiebre respecto de la tendencia que predominó durante buena parte de los últimos veinte años.

Según el informe, la presión tributaria efectiva consolidada del sector público argentino, que combina la recaudación de Nación, provincias y municipios, se ubicaría en 2026 en el 26,7% del PBI, dato que surge de una proyección del Iaraf e implica una baja de 0,9 puntos porcentuales respecto del 27,6% del PBI registrado en 2025, año en el que ya se había verificado un descenso interanual de 1,4 puntos porcentuales.

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Esta reducción “se explicaría exclusivamente por una menor presión tributaria nacional”, dice el Iaraf, y se concentra principalmente en la baja de la carga asociada a los derechos de exportación (retenciones), los impuestos internos y una medida de administración tributaria vinculada al IVA aduanero: la restitución de los certificados de exclusión de la percepción aduanera del impuesto. A este conjunto de factores se sumó la implementación del Fondo de Asistencia Laboral contenido en la ley de “modernización” durante los dos últimos meses del año.

La serie construida por el instituto dimensiona el recorrido de esta variable desde 1993, cuando la recaudación tributaria total del sector público era del 23% del PBI, nivel que se mantuvo relativamente estable hasta 2001. A partir del mínimo de 20% del PBI registrado en 2002, la presión tributaria efectiva dibujó una línea ascendente de 13 años y alcanzó su punto más alto en 2015, con 32,6% del PBI, al cabo de un aumento de 12,6 puntos del PBI en poco más de una década.

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Gráfico de barras apiladas que muestra la presión tributaria efectiva argentina en porcentaje del PBI para Nación, Provincias y Municipios, de 1993 a 2026
Un gráfico de barras señala la evolución de la presión tributaria efectiva argentina consolidada, expresada como porcentaje del PBI entre 1993 y 2026, con datos de IARAF.

Tras el pico de 2015, el indicador comenzó a descender. Bajó 3 puntos porcentuales, a 29,2% del PBI en 2019, y desde entonces se mantuvo en torno al 29% del PBI, hasta 2024. Recién en 2025 se produjo la caída interanual más marcada de los últimos años, dinámica que, según la proyección del Iaraf, continuaría en 2026.

Nadin Argañaraz, titular del Iaraf, difundió un posteo en la red social X en el que situó el dato en perspectiva histórica. Según explicó, la presión tributaria efectiva consolidada “en 2026 podría estar en niveles similares a los del año 2007, es decir alrededor de 26,7% del PBI”. De confirmarse esa proyección, se trataría del nivel más bajo registrado en cerca de veinte años.

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La comparación con años más recientes también resulta relevante. Respecto a 2023, la baja proyectada “implicaría una baja de 2 puntos porcentuales del PBI, concentrada en impuestos nacionales al comercio exterior”. Y frente al máximo de 2015, la caída “podría ser del orden de 6 puntos porcentuales del PBI”, una diferencia que, según precisó Argañaraz, está “prácticamente explicada por impuestos nacionales”.

De hecho, el posteo de Argañaraz también vinculó la evolución de la presión tributaria con el comportamiento del gasto público. En ese sentido, señaló que “la significativa baja del peso del gasto público, del orden de 6 puntos porcentuales del PBI entre 2023 y 2026, se destinaría principalmente a la eliminación del déficit fiscal, siendo de alrededor de un tercio lo que terminaría financiando la baja de recaudación”. Es un hecho que, según esta lectura, la mayor parte del ajuste en las erogaciones estatales se destinó a equilibrar las cuentas públicas, mientras que una porción menor, equivalente a un tercio, sirvió para sostener la reducción de la carga tributaria.

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El propio informe distingue este indicador de otro concepto que también desarrolla el instituto, denominado carga tributaria formal. A diferencia de la presión efectiva, que se calcula sobre la recaudación realmente obtenida, la carga formal se basa en lo que “debería” pagar un contribuyente de acuerdo con la normativa vigente, sin considerar el incumplimiento ni la evasión. Según el Iaraf, esta segunda medición resulta relevante porque, en países con niveles significativos de evasión, la presión efectiva puede subestimar la verdadera incidencia de los tributos sobre quienes cumplen con la totalidad de sus obligaciones.

En el caso de la presión tributaria efectiva, en cambio, la medición sí refleja lo que el Estado obtiene efectivamente en concepto de recaudación, comparado con el producto generado por la economía en su conjunto. Es esta última la que, según el informe, se ubicaría en el nivel más bajo en aproximadamente dos décadas durante 2026.

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En conjunto, los resultados presentados por el Iaraf describen una economía en la que la relación entre recaudación y producto bruto interno retrocedió a niveles que no se observaban desde hace casi veinte años, con una dinámica explicada, según el propio informe, de manera casi exclusiva por la evolución de los tributos nacionales, en particular los vinculados al comercio exterior.