Hay dos tipos de personas: las que contestan al momento a los mensajes de texto y las que se demoran muchas horas o incluso días. Quizá después en el trato personal son igual de buenas y la relación fuera de la tecnología es muy fluida, pero la psicología ha querido explicar qué ocurre con las personas que no tienen prisa por responder un mensaje de texto.

Es común interpretar que una persona tiene más o menos interés en la otra al ver cuánto tarda en responder a los mensajes. Sin embargo, la psicología cognitiva muestra que esa conclusión puede ser errónea. Muchas personas retrasan la respuesta porque prefieren terminar primero la tarea que tienen pendiente, ya que puede que pierdan la concentración al cambiar de tarea.

Esta afirmación es del estudio 'Executive Control of Cognitive Processes in Task Switching', y también concluyó que las interrupciones frecuentes en una tarea aumentan el esfuerzo mental y hacen que sea más difícil recuperar la concentración. Por ello, son muchas las personas que han desarrollado el hábito de leer un mensaje, pero responderlo cuando terminan lo que están haciendo.

Tal y como aseguraron los expertos de la 'American Psychological Association', uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que alguien puede contestar porque ha visto el mensaje, pero hay que distinguir entre percibir una información y tener los recursos cognitivos disponibles para procesarla y responder. Al cambiar de contexto, algunas personas prefieren posponer la actividad.

De todas formas, en la investigación 'The Concept of Information Overload', hoy en día recibimos muchos más mensajes que hace unos años, por lo que tenemos capacidad limitada para asumir toda esta sobrecarga de información.

Igualmente, cada persona entiende los mensajes de texto de una forma distinta. Así, en caso de tener pendiente una conversación importante, lo más recomendable es hablar en persona con la otra persona, o, por lo menos, por teléfono. La mensajería electrónica es necesaria para la vida actual y aporta muchos beneficios a la facilidad de nuestro día a día, eso sí, se convierte en un arma de doble filo al ser una fuente de malentendidos.