Apenas cuatro meses después de asumir el cargo, el presidente de la Reserva Federal Kevin Warsh se ve atrapado entre unos mercados financieros que esperan una subida de los tipos de interés y el presidente estadounidense Donald Trump, que quiere que el banco central abarate el coste de los préstamos o, al menos, lo mantenga sin cambios.
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La mayoría de los economistas espera que Warsh y el resto de responsables de política monetaria sigan el consenso del mercado cuando la Fed anuncie su decisión el miércoles.
Warsh se ha dejado poco margen para evitar una subida después de advertir, en la conferencia de la Reserva Federal en Jackson Hole a finales de agosto, de que la inflación seguía demasiado por encima del objetivo del 2% del banco central.
Las expectativas de una subida de tipos se han reforzado después de que los últimos datos de inflación mostrasen que las presiones sobre los precios siguen siendo obstinadamente elevadas. Los mercados de futuros sitúan en torno al 90% la probabilidad de un incremento de un cuarto de punto.
Un movimiento de este tipo elevaría el rango objetivo de la Fed del 3,5%-3,75% al 3,75%-4%.
Una prueba para la credibilidad de la Fed
Warsh se enfrentó a un dilema parecido poco después de convertirse en presidente el 22 de mayo. Pese a su duro discurso sobre la inflación, la Fed dejó sin cambios su tipo de referencia en julio.
Su posterior rueda de prensa ofreció a los inversores poca claridad sobre cómo pensaba responder el banco central a una inflación persistente. Desde entonces han subido los costes de financiación a más largo plazo, con la rentabilidad del bono del Tesoro a diez años superando esta semana el 5%, un nivel que no se veía desde hacía años.
Los tipos hipotecarios, que se ven influidos más directamente por la deuda del Tesoro que por el tipo de referencia de la Fed, también han aumentado. El tipo medio de una hipoteca a tipo fijo a 30 años se situó en el 6,76% en la semana que terminó el 10 de septiembre, según Freddie Mac.
Si la Fed vuelve a dejar los tipos sin cambios, se arriesga a que se repita la reacción del mercado tras su reunión de julio, han advertido los economistas. Los inversores suelen exigir mayores rentabilidades en la deuda pública y corporativa cuando esperan que la inflación se mantenga elevada.
"Ese es el paradójico efecto: una subida ahora podría abaratar los tipos a largo plazo más adelante", afirmó Diane Swonk, economista jefe de KPMG.
"Si se recupera la confianza en el objetivo del 2%, la prima de inflación puede reducirse. Si se fracasa, serán los propios mercados los que endurezcan las condiciones a través de tipos hipotecarios más altos, mayores costes de financiación empresarial y más intereses sobre la deuda".
La inflación complica los planes de Warsh
Mientras hacía campaña el año pasado para ponerse al frente de la Fed, Warsh defendió que el banco central podía bajar los tipos de interés.
Desde entonces, las perspectivas económicas han cambiado. La guerra con Irán ha disparado los precios de la energía, mientras que los aranceles y la fuerte inversión en infraestructuras de inteligencia artificial han añadido presión inflacionista.
El indicador de inflación preferido por la Fed, el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE), subió un 3,7% en los doce meses hasta julio. Es una subida desde el 2,3% registrado en abril de 2025, antes de la entrada en vigor de los últimos aranceles de Trump.
La inflación subyacente medida por el PCE, que excluye los volátiles precios de la energía y de los alimentos, alcanzó el 3,3% en julio, frente al 3% registrado poco antes de la guerra con Irán.
Dejar los tipos sin cambios también podría exponer a la Fed a acusaciones de haberse plegado a la presión de la Casa Blanca, lo que dañaría su credibilidad ante los inversores.
"Kevin se preocupa por su legado", señaló Kristin Forbes, profesora de Economía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y antigua responsable de política monetaria del Banco de Inglaterra.
"Y sabe que los presidentes de la Fed que se dejan guiar por la presión política en lugar de por la economía no quedan bien en los libros de historia".
Trump criticó repetidamente al predecesor de Warsh, Jerome Powell, por no haber recortado los tipos con suficiente rapidez. El Departamento de Justicia también abrió una investigación penal sobre el testimonio que Powell prestó ante el Congreso, aunque la pesquisa se archivó posteriormente.
Preguntado el domingo por cómo podría reaccionar Trump a una subida de tipos, el asesor económico de la Casa Blanca Kevin Hassett afirmó en 'Fox News': "Estoy seguro de que no le va a hacer mucha gracia, pero defenderá por encima de todo la independencia de Kevin Warsh".
¿Bastará una sola subida de tipos?
Incluso si la Fed sube los tipos el miércoles, sigue sin estar claro si habrá más incrementos.
Los bancos centrales rara vez cambian los tipos de interés una sola vez, sino que suelen embarcarse en una serie de subidas o bajadas destinadas a influir en la inflación y en la actividad económica.
Existe, no obstante, un precedente de subida aislada. En marzo de 1997, la Fed presidida por Alan Greenspan subió los tipos un cuarto de punto. La crisis financiera asiática estalló varios meses después, lo que llevó a los responsables de política monetaria a mantener sin cambios los tipos antes de recortarlos en tres ocasiones en el otoño de 1998.
Los inversores esperan ahora tres subidas, en septiembre, diciembre y marzo.
Sin embargo, Jonathan Pingle, economista de UBS, considera que la Fed podría renunciar a nuevas subidas si los datos que vayan llegando muestran que la inflación se enfría.
"No tienen por qué cumplir ese plan si los datos les son favorables", apuntó Pingle.
Los inversores prestarán por tanto mucha atención el miércoles a las nuevas previsiones económicas trimestrales de la Fed. En ellas se verá en qué nivel prevén los distintos responsables de política monetaria que se sitúe el tipo de referencia a finales de este año y del próximo.