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El ámbar es una resina vegetal fosilizada de color amarillento, considerada una piedra preciosa pese a su origen vegetal. Algunos árboles segregan una resina muy viscosa que, en determinadas condiciones y tras millones de años, se transforma en ámbar. Mientras aún es líquida, puede atrapar hojas, polen o incluso insectos, que quedan encapsulados en su interior. Como el ámbar es translúcido, estos restos del pasado permanecen visibles, convirtiendo cada pieza en una pequeña ventana abierta a un mundo desaparecido. Uno de los lugares donde este fenómeno es más extraordinario es República Dominicana, por la resina de un antiguo árbol hoy extinguido (Hymenaea protera) que destaca por su gran transparencia.

Jorge Caridad es un artesano nacido en Guachupita, un barrio de Santo Domingo, que desde 1970 trabajaba pequeñas piezas de joyería artesanal, sobre todo con ámbar proveniente de las cordilleras de su país, y las vendía en un puesto del ya desaparecido mercado de San Antón, en la capital dominicana. En febrero de 1995 descubrió en la mina de Palo Quemado, al norte del país, una pieza de ámbar de unos cuatro kilos, un palmo de ancho y unos 25 millones de antigüedad, que contenía un tesoro: había capturado casi un centenar de hormigas de una especie ya extinguida. Este fósil es conocido con el nombre de su descubridor: Jorge Caridad. Un hallazgo extraordinario que en diciembre de ese mismo año Jorge Wagensberg consiguió incorporar al Museu de la Ciència de Barcelona, y que desde entonces es una de sus piezas más preciadas.
Tres años después, el 29 de octubre de 1998, el orbitador Discovery despegaba desde Cabo Cañaveral. Esta misión ha pasado a la historia porque en la tripulación estaba John Glenn, de 77 años, que en 1962 había sido el primer estadounidense en orbitar la Tierra y 36 años después volvía al espacio. Y también fue el estreno en el espacio del primer astronauta español de la historia: Pedro Duque. Un momento histórico que se convirtió en especial cuando Wagensberg pidió un favor a Duque: que durante la misión llevara a bordo el fósil Jorge Caridad. Aceptó y las cien hormigas capturadas en su interior estuvieron diez días en el espacio. ¿Qué pretendía Wagensberg con esta extraña petición? Hay que recordar que, además de un genio y director del Museu de la Ciència, también era profesor de teoría de los procesos irreversibles en la facultad de Física de la Universitat de Barcelona. Procesos irreversibles, es decir, cuando no se puede evitar que el sistema cambie. Su experimento con el fósil Jorge Caridad en la misión STS-95 de la NASA era claro: retar el cálculo de probabilidades que tantas cosas decide hoy día.
Corremos el riesgo de quedar atrapados en la convicción de que el futuro se puede calcular
Vivimos fascinados por una nueva manera de entender el mundo. Todo se ha convertido en probabilidad. Las plataformas calculan qué compraremos, los bancos si devolveremos un préstamo, los algoritmos qué leeremos, y ahora la inteligencia artificial ha elevado este cálculo probabilístico a la categoría de forma de conocimiento. Nunca la humanidad había dispuesto de tanta capacidad para inferir, pero la verdad es que la probabilidad explica bien el pasado, pero empeora bastante cuando se trata del futuro. Lo realmente espantoso del momento actual son los cuñados que utilizan la IA para asegurar cómo será el futuro: cuál será el nivel del mar en la playa de l’Escala dentro de trescientos años, la probabilidad de que el Girona vuelva a Primera el próximo curso, o incluso el final del trabajo para los humanos y la desaparición de la especie.
Hace veinticinco millones de años, aquellas hormigas quedaron atrapadas en una gota de resina. Hoy nosotros corremos el riesgo de quedar atrapados en otra sustancia igual de pegajosa: la convicción de que el futuro se puede calcular. Ningún algoritmo habría podido anticipar el viaje de esas hormigas por el espacio. No porque le faltasen datos, sino porque el futuro no es una extrapolación del pasado. Es el resultado de millones de decisiones, descubrimientos, errores, casualidades y personas capaces de hacer lo improbable. Cuidado con el pesimismo que nos quiere fosilizar antes de tiempo.