La encuesta de servicios municipales de Barcelona genera los efectos de una noche electoral, con tantas lecturas como ojos quieran analizar los datos. La de este 2026 retrata una ciudadanía satisfecha con su vida, más que en los últimos seis años; complacida con la gestión municipal, con récord desde el 2018, y campante como nunca con el manejo del dinero por parte del gobierno del PSC. Pero también refleja el mal contemporáneo de la crisis habitacional, disparado, y la inquietud de siempre por la sensación de inseguridad, con la irrupción, como definió el teniente de alcalde de Seguridad, Albert Batlle, de la cultura de la navaja.
Antes de entrar al detalle, vale la pena exponer ciertos números de la encuesta que ayudan a entender la nueva realidad barcelonesa. Son 6.000 entrevistados cada año y la primera consulta se hizo en 1989. A tres años para los Juegos, los extranjeros consultados eran el 4%, por un 52% de nacidos en la capital catalana. En la edición de este año estos dos segmentos ya están a punto de tocarse, con un 38% frente a un 39%, respectivamente. Lo mismo con el tiempo que llevan viviendo aquí. En 1998, primer año en el que se incluye esta cuestión, el 93% llevaban más de 10 años (hoy son un 68%), con un 53% de toda la vida. Un 6% llevaban menos de 10 años y ahora suponen ya el 32%.

Sean de donde sean, unos y otros coinciden en que el problema más acuciante de la ciudad, aunque los delitos hayan caído, en parte, gracias a la legislación contra la multirreincidencia, es la inseguridad. En absoluto ayudan los tiroteos en plena calle, los ajustes de cuentas a balazos o el uso cada vez más habitual de navajas en peleas cuando antes se iba a puñetazos. Sigue liderando, pero ha perdido cuatro puntos desde el 2024 y ya son tres encuestas de caída sostenida.
Sucede todo lo contrario con el acceso a la vivienda, que ya está a pocas décimas de la inseguridad -casi un empate técnico- y acumula una subida estratosférica, hasta multiplicar casi por cuatro el 6,72% cosechado en el 2022, año en el que la limpieza, el tema de moda entonces, ascendía hasta el 12,4%. Los problemas son evidentes e incuestionables y el pueblo es soberano, pero la percepción ciudadana siempre suele ir de la mano de un cierto altavoz mediático, de ahí el anhelo político de dominar el relato. ¿Les suena eso que repite hasta la saciedad el gobierno de Jaume Collboni sobre “el derecho a quedarse en Barcelona”? Pues eso.
Cambio poblacional
Los entrevistados nacidos en Barcelona ya casi empatan con los extranjeros
La vivienda asciende al oro cuando se pregunta por el problema personal. Puede que tenga algo que ver que sean más que nunca desde el 2018 los que viven de alquiler (46%) y menos que nunca los propietarios (51%). La crisis habitacional se coloca a más de cuatro puntos de la inseguridad, que baja levemente, y a años luz de los problemas económicos, categoría que sube un punto y se coloca en el 9,3%. A pesar del encendido debate sobre las obras y los problemas con las infraestructuras, son menos del 3,5% los que señalan estos puntos como problema más grave de la ciudad. Y el turismo, que en el 2017 llegó al 15,6% cuando esta ciudad aprendió la palabra gentrificación, está ahora en el 6,2%, marcando una cierta curva ascendiente desde el 2019.
La percepción de la realidad, sin embargo, es muy distinta en función del lugar de residencia. La inseguridad se dispara en Ciutat Vella (44%) y se disipa en Sarrià-Sant Gervasi (7,5%), el turismo toca techo en el Eixample y Gràcia (ligeramente por encima del 10,5%) y apenas aparece en Nou Barris (0,3%), el ruido molesta sobremanera en el Eixample (9,7%) y se asoma tímidamente en Sant Andreu (3%). A pesar de todo, la satisfacción de vivir en el barrio sigue con una nota media de 7,9, la más alta desde 2019. Si la pregunta abarca la vida en Barcelona, baja al 7,6.
Nuevos hábitos
Coche en propiedad, un lujo al alcance de menos de la mitad
Por primera vez en este siglo, son más los entrevistados que aseguran no disponer de vehículo propio que los sí tienen uno a su disposición. En el año 2.000, el 69% respondía favorablemente, por un 49% de la encuesta hecha pública este miércoles. Mucho tiene que ver en este punto la renovación poblacional y el hecho de tener una ciudadanía mucho menos arraigada que antes.
En cuanto a la valoración de los servicios públicos, el cuerpo de Bomberos se mantiene como el mejor valorado, con una nota de 8,3, seguido de las bibliotecas públicas (8,1), los centros cívicos (7,7) y el tranvía (7,7). Cierran la lista la circulación (5,4) y el aparcamiento, único ámbito que suspende, con un 4,2.