Seguro te pasó: mirar el placard lleno y sentir que no tenés nada que ponerte. Hoy la verdadera trampa es creer que necesitamos comprar ropa nueva todo el tiempo. El secreto no está en acumular prendas, sino en dominar el arte de los básicos. Se trata de piezas que, sin importar el año o la temporada, siempre te salvan.
El blazer negro
El blazer es uno de los tantos comodines que tiene una característica indiscutible: es versátil. Es la prenda que divide las aguas entre un look descontracturado y uno arreglado en dos segundos, dependiendo como lo uses. Podes combinarlo con un vestido y zapatos para salir o con un jean y zapatillas para levantar ese street style.
La clave: hoy ya no se lleva al cuerpo ni entallado. Se usa un talle más, con hombreras marcadas, ideal para bajarle la formalidad combinándolo con un jogging o unos jeans anchos.
La camisa blanca
La camisa blanca es otra de esas prendas imbatibles que tiene una regla de oro: se adapta a lo que le tires. También puede pasar de ser la prenda más formal del mundo a la más relajada en dos movimientos. Podés usarla cerrada y abotonada hasta el cuello para ir a la oficina, o abierta sobre una musculosa básica en verano para un look de playa sofisticado.
La clave: Hoy se lleva con espíritu masculino, bien holgada y de géneros nobles como el lino.
La campera de cuero
La campera de cuero es la encargada oficial de darle onda a cualquier conjunto. Su gran fuerte es la actitud: tiene esa capacidad de romper la monotonía de las prendas más básicas o de bajarle el tono romántico a un vestido en un segundo. Es ese abrigo fiel para el invierno y cuando sube la temperatura, se transforma en esa prenda indiscutible que te ponés sobre los hombros o atás a la cintura para darle un cierre canchero al look.
La clave: Si bien las clásicas cruzadas no mueren, hoy las que dominan las calles son las oversize con cuello alto o tipo embudo. Se usan cerradas hasta arriba estilo futurista.
El jean recto
El jean de corte recto es, sin exagerar, el único que sobrevive invicto al paso de las décadas mientras los chupines o los tiros bajos van y vienen. Su éxito radica en que equilibra la silueta de manera natural, siendo cómodo y estilizado a la vez. Es el verdadero comodín todoterreno: va de la oficina al bar sin escalas.
La clave: menos es más. Buscalo en su versión más pura: denim rígido, tiro alto y azul clásico sin roturas ni lavados raros. Combina a la perfección tanto con unas zapatillas deportivas como con unas botitas cortas de taco.
El pantalon sastrero
El pantalón sastrero de pata ancha es el aliado definitivo cuando querés estar igual de cómoda que con un jean, pero un escalón más arreglada. Ya no solo pertenece al traje de oficina hoy es un infantable en el street style. Su característica principal es la caída: aporta movimiento, alarga las piernas y le da un aire elegante a cualquier combinación.
La clave: Olvidate de los zapatos y la formalidad. Hoy la forma más moderna de usarlo es con zapatillas urbanas y un buzo, logrando ese contraste espectacular entre lo deportivo y lo arreglado.