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El eclipse total de Sol del próximo 12 de agosto será uno de esos acontecimientos que invitan casi por instinto a sacar la cámara. Pero esta será de esas fotografías que no se improvisan. Cuando llegue el momento culminante, apenas habrá entre uno y tres minutos para actuar, según el lugar desde el que se observe en España. Ese breve intervalo deja muy poco margen de error si se quiere volver a casa con una buena imagen.
Trucos para la imagen del verano
La preparación empieza varios días antes. Para captar el Sol con suficiente detalle se necesita un teleobjetivo de al menos 200 milímetros, aunque las focales de 400 o 600 milímetros permiten apreciar mucho mejor el relieve del eclipse. Un trípode robusto y un disparador remoto, o el temporizador de la cámara, ayudarán a evitar cualquier vibración.
Hay, sin embargo, un elemento del que no se puede prescindir. El objetivo debe llevar un filtro solar certificado colocado en su parte frontal. Debe reducir la luz unas 100.000 veces, equivalente a una densidad óptica ND5, y bloquear la radiación ultravioleta e infrarroja. Los filtros fotográficos convencionales, por muy oscuros que parezcan, no ofrecen esa protección y pueden dañar tanto el sensor de la cámara como la vista del fotógrafo.

Lo más práctico es trabajar en modo manual y disparar en formato RAW para conservar la máxima información posible. Un ISO bajo, una apertura entre f/8 y f/11 y una velocidad de obturación de entre 1/500 y 1/1000 de segundo ofrecen un buen punto de partida.
Durante las fases parciales el filtro debe permanecer siempre colocado. Es un buen momento para hacer una secuencia de fotografías cada pocos minutos y documentar cómo la Luna va avanzando sobre el disco solar. Es interesante ampliar el encuadre e incluir un paisaje, un edificio o un árbol en el encuadre para mostrar cómo cambia la luz del entorno.

Solo cuando el Sol quede completamente oculto podrá retirarse el filtro para fotografiar la corona solar. En cuanto aparezca el primer destello del llamado anillo de diamante habrá que colocarlo de nuevo de inmediato. Como la fase de totalidad es muy breve, muchos aficionados recurren a filtros montados como una tapa sobre el objetivo, disponibles en tiendas especializadas, que pueden retirarse y colocarse en segundos.
Siete fotografías para contar un eclipse
1
El anillo de diamante: El último destello de luz solar que brilla sobre el borde de la Luna, probablemente la imagen más icónica. Aparece justo antes de que empiece la totalidad y vuelve a repetirse cuando termina. Dura apenas unos segundos, por lo que conviene una exposición corta (1/100 s), ISO bajo (100) y apertura moderada (F/6.3).
2
Las perlas de Baily: Instantes antes y después de la totalidad pueden verse pequeños puntos luminosos alineados sobre el borde lunar. Se producen porque la luz del Sol atraviesa los valles y montañas de la superficie de la Luna. Al ser un fenómeno muy fugaz, el disparo en ráfaga aumenta las posibilidades de captarlo, junto con los parámetros anteriores.
3
La cromosfera y las protuberancias solares: En la transición hacia la totalidad puede asomar una fina línea rojiza alrededor de la Luna. Es la cromosfera, una de las capas de la atmósfera solar. En ocasiones también destacan grandes arcos de plasma. Para fotografiarlos suele hacer falta una óptica de larga distancia focal, exposición moderada (1/250 s) e ISO medio (400–800).
4
La corona solar: Es la gran protagonista del eclipse. Como presenta zonas muy brillantes y otras muy tenues, muchos fotógrafos realizan varias exposiciones consecutivas más largas para sobreponerlas y captar todos sus detalles.
5
El cielo nocturno en pleno día: Durante la totalidad la luz ambiental cae de forma tan acusada que pueden llegar a distinguirse algunos planetas y estrellas. Una fotografía con gran angular permite mostrar el sorprendente cambio del cielo, siempre con la cámara perfectamente estabilizada.
6
La puesta de sol de 360 grados: Mientras el Sol permanece oculto, el horizonte adquiere un tono anaranjado en todas las direcciones. Un objetivo muy angular o un ojo de pez permite captar este efecto, que solo puede verse durante un eclipse total.
7
El contraplano del eclipse: Más allá del Sol, una de las imágenes con más valor documental suele ser la reacción de quienes contemplan el fenómeno, el paisaje sumido en una luz crepuscular o las sombras proyectadas sobre el suelo.
¿Y si solo se dispone de un móvil? En ese caso, el Sol apenas ocupará unos píxeles de la imagen. Resulta mucho más interesante fotografiar el paisaje, la penumbra, las sombras cambiantes o la reacción de quienes lo observan. La mejor imagen de un eclipse total quizá sea la que deje el recuerdo de haber levantado la vista en el momento justo.

Si no se cuenta con el equipo adecuado, no se ha practicado antes o no se tiene experiencia fotografiando el Sol, lo más sensato será guardar la cámara durante esos pocos minutos de totalidad. Los eclipses totales son fenómenos extraordinariamente excepcionales y efímeros. Ninguna fotografía compensa perderse una experiencia que tardará décadas en volver a presentarse.