La periodista María Belén Ludueña armó las valijas y emprendió un viaje inolvidable con destino a Río de Janeiro. En esta oportunidad, la esposa del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, eligió disfrutar de esta merecida escapada en compañía de su círculo más íntimo: sus padres, su hermana y su hijo, el pequeño Vito. Cada rincón del viaje quedó registrado al instante en su cuenta de Instagram, donde compartió con sus seguidores la adrenalina y la felicidad de estos días de desconexión.
María Belén Ludueña: Postales de playa, familia y gastronomía
La estadía en la ciudad carioca combinó momentos de relax absoluto con recorridos dinámicos por los puntos más vibrantes de la región. En una de las tomas, se la vio sonriente con un look veraniego, junto a su mamá. En paralelo, la complicidad familiar se apoderó de cada salida gastronómica y recreativa.
En otra de las imágenes, la cámara capturó a sus padres disfrutando de una cena romántica en un restaurante local, brindando con copas de vino blanco y cómplices sonrisas. Por su parte, los paseos urbanos mostraron a la conductora recorriendo las calles a toda marcha con el cochecito de Vito, respirando aire puro y admirando los impactantes paisajes tropicales de la zona.
Un paseo muy especial en Copacabana
Sin embargo, el momento más movilizante del viaje ocurre en el interior de una iglesia del barrio de Copacabana, donde la conductora se detuvo a conectar con su espiritualidad. La periodista siempre compartió con sinceridad su profunda conexión con la fe católica, revelando en varias entrevistas: "Soy muy católica, rezo todas las noches. Me acerqué a la fe desde pequeña, fui a un colegio católico y estudié con las Carmelitas”. Además, admitió: “En determinados momentos necesito desconectar y aferrarme a la fe, rezar me hace bien, y voy a misa".
Esa fuerte devoción se trasladó a la postal donde carga a su hijo en brazos con total ternura, contemplando los altares y enseñándole las tradiciones del templo. "Siempre agradeciendo y enseñándole a Vito lo mismo", escribió junto a la imagen que conmovió a todos.
Así, entre la energía del mar y la paz de los altares cariocas, María Belén Ludueña recargó energías para retomar sus compromisos laborales. La travesía dejó en claro que, sin importar el lugar ni la rutina, la fe funciona como su verdadero faro y el motor principal para dar gracias en cada etapa compartida con los suyos.