15 de septiembre, 2026 - 07h00

El presidente estadounidense Donald Trump no oculta su temor por la probable derrota del Partido Republicano en las elecciones de noviembre para renovar el Congreso. Las encuestas que se vienen realizando no son muy favorables. El temor es tal que ha llegado a ofrecer la semana pasada un bono de $ 5.000 a todos los adultos de su país si los republicanos logran ganar los mencionados comicios y mantener el control del Congreso (la oferta seguramente no se concretaría, pues requiere de aprobación parlamentaria). A inicios de este año el presidente de la Cámara de Representantes de esa nación, el republicano Mike Johnson, uno de los aliados más fieles de la Casa Blanca, advirtió que una derrota de su partido significaría el fin del Gobierno de Trump. Ese es el nivel de polarización que se vive hoy en Washington. Y no le falta razón a Johnson. De perder las elecciones, lo más probable es que el nuevo Congreso con mayoría demócrata abra decenas de investigaciones y expedientes sobre los asuntos más variados de la política interna y de la política exterior del actual Gobierno. Y otras fiscalizaciones que ya se han iniciado, pero que no avanzan por el bloqueo del partido de mayoría, tomarían viada. La artillería será intensa y el Ejecutivo quedaría cercado.

Entre los asuntos en los que el nuevo Congreso se enfocaría probablemente estarían algunos relativos a América Latina. Uno de ellos podría ser el reciente acuerdo petrolero suscrito con la dictadora chavista de Venezuela, Delcy Rodríguez. Un acuerdo que ha sido liderado por un individuo que tiene un historial de corrupción asombroso. Cada día que pasa y se conoce más sobre ese convenio, las voces de alarmas de ambos partidos suben de tono. Otro asunto que seguramente será investigado con más profundidad serían los hundimientos de naves que se presumen llevan drogas y que, en algunos casos, han provocado la muerte de sus tripulantes sin que hayan sido previamente detenidos. El pasado julio hubo un cuestionamiento de esta práctica por parte de algunos miembros del Comité de Servicios Armados del Senado. El tema ha recibido cobertura en la prensa estadounidense. El asunto traerá cola, sin duda, con la nueva mayoría.

Hay que aplaudir obviamente la colaboración de los EE. UU. en la lucha contra el narcotráfico. El Ecuador ha dado muestras de su predisposición. Uno de los aciertos que tuvo el presidente Mahuad fue haber celebrado en diciembre de 1999 un acuerdo con los EE. UU. para instalar un Puesto de Operaciones Avanzadas en Manta (nunca fue en realidad una “base militar”) para detectar el tráfico marítimo de drogas. Por desgracia, ese acuerdo no fue renovado por Correa en 2009, y no lo renovó para de esa forma facilitar la penetración del narcotráfico en nuestro país. Fue una decisión que nos ha hecho un daño enorme. Mientras el acuerdo de Manta estuvo vigente, sin embargo, nunca se reportaron incidentes o reclamos.

Según la Rand Corporation, solo en Estados Unidos el mercado de drogas ilícitas gira alrededor de 150.000 millones de dólares anuales. De no existir un mercado de esas gigantescas dimensiones, el Ecuador y otras naciones no estarían viviendo la pesadilla de violencia, corrupción y crimen que hoy sufren. (O)