Durante años, las rejas de hierro han sido una de las soluciones más habituales para proteger las ventanas de plantas bajas, chalés y viviendas situadas a pie de calle. Su presencia en las fachadas transmite seguridad, pero también puede oscurecer las estancias, limitar las vistas y dar a la casa un aspecto poco ligero, como encerrado.

Por ese motivo, cada vez más propietarios buscan alternativas capaces de dificultar una entrada forzada sin llenar las ventanas de barrotes. Una de las opciones que más interés despierta es el vidrio laminado de seguridad, un sistema transparente que combina protección, luminosidad y un diseño mucho más discreto.

Diversas láminas interiores

Este tipo de acristalamiento está formado por dos o más hojas de vidrio unidas mediante una o varias láminas interiores de material plástico, generalmente butiral de polivinilo, conocido como PVB. Según explica el fabricante Guardian Glass, esta capa mantiene los fragmentos adheridos cuando el cristal recibe un impacto y llega a romperse.

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No deja un hueco despejado

No significa que el vidrio sea completamente irrompible, sino que la diferencia respecto a un cristal convencional es que, al agrietarse, las piezas no caen inmediatamente ni dejan un hueco despejado. Los fragmentos permanecen sujetos a la lámina interior, por lo que atravesar la ventana exige más tiempo, más golpes y mucho más esfuerzo.

Esa resistencia convierte el vidrio laminado en una barrera útil frente a los intentos de intrusión. Mientras un cristal ordinario puede romperse y franquearse con rapidez, el laminado retrasa el acceso y aumenta las posibilidades de que el ruido o la demora alerten a los vecinos, a los ocupantes de la vivienda o al sistema de alarma.

Su eficacia puede mejorar cuando se combina con una carpintería resistente, cerraduras multipunto, sensores de apertura o sistemas de videovigilancia. El cristal, por sí solo, no elimina el riesgo de robo, pero puede actuar como un importante elemento disuasorio, especialmente en ventanas fácilmente accesibles desde la calle.

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Ahora bien, no todos los vidrios laminados ofrecen, sin embargo, la misma protección. La norma europea EN 356 establece diferentes categorías según su resistencia ante golpes, actos vandálicos o ataques manuales con herramientas. Por ello, el acristalamiento adecuado dependerá de la ubicación de la ventana y del nivel de seguridad que se quiera alcanzar.

Una vivienda situada en un piso alto no necesita necesariamente el mismo refuerzo que una casa con jardín, un local comercial o una ventana ubicada en una planta baja. A mayor cantidad de capas de vidrio y de láminas intermedias, mayor suele ser también el grosor, el peso y la resistencia del conjunto.

Menos tratamientos

Además de proteger, este sistema permite mantener la entrada de luz y las vistas hacia el exterior. También requiere menos cuidados que unas rejas metálicas, que pueden necesitar tratamientos, por ejemplo el exigente mantenimiento que sí tienen las verjas contra la corrosión y nuevas capas de pintura con el paso del tiempo.

Otra de sus ventajas es el aislamiento acústico. La combinación de distintas hojas de vidrio con la lámina de PVB ayuda a amortiguar parte del ruido procedente del tráfico, las terrazas o la actividad urbana. En caso de rotura, también reduce el riesgo de cortes, ya que la mayoría de los fragmentos permanecen pegados a la capa interior.

La instalación no siempre obliga a cambiar por completo la ventana. En algunos casos basta con sustituir el cristal, siempre que el marco se encuentre en buenas condiciones y pueda soportar el mayor peso y grosor del vidrio laminado.

Fotos | mdreza jalali y Cabanyero y Jan van der Wolf/Pexels

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