Llegaron desde otras provincias con una maleta, pocas pertenencias y la urgencia de permanecer junto a sus hijos. Algunos llevan semanas; otros, meses, en Quito, mientras sus niños enfrentan enfermedades graves o catastróficas que los mantienen en tratamiento en el Hospital Baca Ortiz.

Para estas familias, la enfermedad no solo cambió la vida de sus hijos: también las obligó a dejar sus hogares, trabajos y rutinas para convertirse en acompañantes permanentes, muchas veces sin dinero suficiente para pagar un lugar donde dormir o alimentarse.

Un refugio en medio de la incertidumbre

En medio de esa incertidumbre encontraron un espacio que intenta hacerles más llevadera la espera. La Sala Familiar Ronald McDonald funciona como un refugio para los padres de niños hospitalizados: allí pueden descansar, alimentarse, asearse y recibir apoyo sin alejarse demasiado de sus hijos.

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Es un lugar donde, por unas horas, pueden salir de la tensión de los pasillos del hospital y recuperar algo de la cotidianidad que la enfermedad les arrebató.

“Yo estoy aquí hace un mes. Trasladé a mi hija a Sacha, luego al Hospital Francisco de Orellana, y yo la veía cada vez peor; entonces, como en Orellana no hay pediatras, a mi niña le dieron de alta, pero en mal estado, con fiebre, vómito y diarrea. En ese momento la llevé a mi casa. A los pocos días me dijeron que la llevara al Baca Ortiz, en Quito”, contó Kléver Salazar, padre de familia oriundo de la provincia de Orellana que se encuentra superando junto a su hija unos ganglios que le aparecieron a la menor a la altura del cuello.

Detrás de cada familia que cruza sus puertas hay una historia distinta. Padres que viajaron cientos de kilómetros para buscar atención médica, madres que aprendieron a vivir entre diagnósticos y tratamientos, y familias que enfrentaron incluso la pérdida de sus hijos.

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Kléver aún tiene a su hija luchando en la cama de un hospital, y la esperanza de verla una vez más jugar, bailar y cantar es el objetivo de todos los días; por ello, tomó la decisión de dejar todo atrás y buscar salvar la vida de su pequeña.

“Me encomendé a Dios, la monté en el carro y vine acá. Fue el momento en que me encontré con esta casita que nos ha acogido muy bien. Yo pensé que todo el tiempo estaríamos afuera, pero no, aquí tenemos comida, ducha de agua caliente, un lugar para preparar cafecito, hasta una lavadora”, mencionó el hombre.

Dieciséis años de apoyo en Ecuador

La Casa Ronald McDonald funciona hace 16 años en Ecuador. El Hospital Roberto Gilbert y Solca en Guayaquil, y el Hospital Baca Ortiz en Quito cuentan con estos espacios para el cuidado de las familias que tienen niños en tratamiento.

“Nosotros acogemos a las familias, les proveemos alimentación, el espacio para que ellos puedan llevar el momento de la enfermedad de sus hijos. Aquí, dentro de la sala, nosotros trabajamos adicionalmente en lo físico y emocional. Con ejercicios físicos en las mañanas y el acompañamiento psicológico junto con la Universidad Central con un programa de voluntarios”, detalló Diana Sandoval Mite, gerenta de la Sala Familiar Casa Ronald McDonald Ecuador.

Estas historias bordean el dolor, sacrificio y esperanza que se encuentran en este espacio de Quito, el cual cuenta con varios cuartos de descanso, atención médica, lavado, baños, meditación y juego para niños.

Es ahí donde la tranquilidad supera a la realidad y por un momento, la relajación mental invita a pensar en el siguiente paso a dar. “Desde que llegué fue maravilloso porque puedo compartir con mi hijo, es como un hogar. Me abrieron las puertas para darnos apoyo en estos momentos”, señaló Monserrath Macías, madre de familia oriunda de Esmeraldas.

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El hijo de Monserrath tiene apenas un año de edad, pero pasará por el quirófano para someterse a una cirugía cardiotorácica que tiene un grado de peligrosidad amplio. Sin embargo, ella y su esposo se mantienen firmes en que su retoño saldrá adelante.

Impacto y apoyo integral para las familias

Entre 80 y 100 personas al día recibe esta casa hogar en el centro-norte de la capital. En lo que va del año, Diana Sandoval, gerenta del proyecto, aseguró que han atendido a 20.000 padres, madres, abuelos, tíos o a familiares cercanos a los pacientes que deben acompañarlos en ese viaje.

“Diariamente compartimos, vivimos y vemos diferentes historias que son con resultados positivos, porque vemos a los niños salir felices cuando les dan de alta, y el otro lado de la moneda es cuando los padres pierden a sus hijos, pero en la Casa Ronald McDonald los acogemos”, agregó.

Un total de 32 empresas a nivel nacional respaldan esta iniciativa. Es esa inversión que permite a la sala familiar tener una atención gratuita y lograr que tanto adultos como niños tengan un espacio de esparcimiento y tranquilidad.

“Hemos tenido diferentes momentos que han marcado el trabajo y el funcionamiento. Recuerdo que una mamá llegó de la Amazonía con su bebé quemada y no hablaba español, ya que no había salido nunca de su comunidad. A partir de entonces, el equipo y yo nos vimos en la obligación de aprender achuar y kichwa amazónico. No hablamos fluidamente, sabemos las palabras base para darles el recibimiento. A raíz de ese saludo, la actitud de las personas cambia”, continuó Diana.

El equipo de la capital está conformado por tres personas: una psicóloga, un administrador que nació en Guayaquil pero encontró en la capital una forma de transformar la vida de la gente, y Diana, quien comanda la nave.

La Sala Familiar Ronald McDonald se convierte en un sitio temporal para los padres, donde pueden habitar desde las 07:00 hasta las 17:00, mientras que las casas, tipo albergue, funcionan como pequeños hoteles para quienes llegan de provincias. (I)