“Si consideramos que Barcino era una ciudad, digamos, guay, debemos considerar que Barcino debió tener un anfiteatro”.
“Yo no creo que fuera un anfiteatro estable, porque lo había en Bétulo, muy cerca, y aquí posiblemente se construyó uno de madera, había buena encina, porque no tenemos ningún rastro”.
La primera opinión es de Laia Macià, especialista en época romana del Servei d’Arqueologia de Barcelona; la segunda, de Carme Miró, que fue responsable del Pla Barcino, del Servei d’Arqueologia municipal.
¿Tuvo Barcino un anfiteatro? Es otra de las grandes incógnitas que perduran de la época fundacional de la ciudad, hace más de dos mil años.
En el XIX se halló una inscripción que cita al contable de la escuela de gladiadores
La teoría que ha generado más debate sitúa un posible emplazamiento del anfiteatro de Barcino en la zona que hoy ocupa Santa María del Mar.
Era una zona cercana al mar (el punto de agua más cercano está hoy a 365 metros, en línea recta), posiblemente en un terreno arenoso, alimentado por la sedimentación de las rieras que descendían desde Collserola.
Jordina Sales Carbonell, professora de historia y arqueología en la Universitat de Barcelona, publicó en 2011 un estudio que es como mínimo sugerente.
En una investigación sobre la iglesia precedente de Santa Maria del Mar se percató de que “durante el final de la Antiguedad fue muy común instalar iglesias dentro de edificios de espectáculo romano en desuso y posiblemente en Barcelona se dio un caso similar. Mientras indagaba sobre una iglesia visigótica (por cierto, donde se rendía culto a Santa Eulàlia), me comenzaron a aparecer los indicios que señalaban la posible presencia de un anfiteatro en Santa Maria del Mar”, expone por correo electrónico.
Es muy probable, casi seguro diría yo que Barcino tuvo anfiteatro. Tenía la categoría jurídica de colonia y era una fundación de época de Augusto para asentar veteranos itálicos”
Jordina Sales-Carbonell
Arqueóloga
“Es muy probable, casi seguro diría yo –añade– que Barcino tuvo anfiteatro. Tenía la categoría jurídica de colonia y era una fundación de época de Augusto para asentar veteranos itálicos, lo que la convierte en una firme candidata a albergar un anfiteatro, dado que es bien conocida la afición que tenían los legionarios licenciados para construir anfiteatros allí: ‘pequeñas Romas’. Por si aún queda quedan dudas, recordar que en el siglo XIX se encontró una inscripción funeraria (hoy desgraciadamente perdida) en las inmediaciones del Palacio Condal de un tal Dión, que según el epígrafe ostentaba el cargo de contable del Ludus (la escuela de gladiadores) de Hispania y de las Galias; y dado que el texto no indica lo contrario, resulta altamente probable que este Ludus estuviera en Barcino. Por tanto, no es solo que hubiera anfiteatro, ¡es que incluso hubo una escuela de gladiadores!”.
Sales investigó todos los indicios que podían avalar esa idea. Primero, Santa María del Mar se había llamado Beatae Mariae de les Arenes, esto es, “de las arenas” (está documentado en 1104), tal como ocurrió en otras ciudades del imperio romano –como Metz, Besançon, Nîmes, Ancona o Padua– donde se llamaron así iglesias medievales levantadas sobre los restos de un anfiteatro; en su estudio, Sales remarca que “la antigua línea de costa parece que estaba lo suficientemente alejada del lugar como para que el topónimo ‘de las arenas’ no se deba seguir considerando una referencia literal a las arenas de la playa”.
Segundo, en excavaciones realizadas entre 1940 y 1967 apareció un extraño estrato de arenas allanadas que podría corresponder al piso original de la arena circense.
Tercero, la trama viaria alrededor de la iglesia dibuja una disposición radial y curva –visible en un edificio con fachada anómalamente curva en la calle Sombrerers– parecida a la de ciudades como Lecce, Córdoba, Florencia o Lucca; la autora proponía una elipse de unos 117 × 93 metros.

Cuarto, que la actual calle Argenteria conectaría la puerta noreste de la ciudad romana con el anfiteatro, y el trazado coincidiría con el de la urbanización romana.
Quinto, que en el lugar no se halló ninguna necrópolis de época alto-imperial, lo que indica que el lugar no era funerario en tiempos romanos y que pudo estar ocupado por otra estructura antes de convertirse en cementerio.
Y por último, que el paseo del Born (en el límite de la iglesia) es recordado como el lugar donde se celebraban torneos caballerescos medievales y modernos; no es una prueba directa, admitía el estudio, pero podría indicar que la zona tenía desde antiguo un uso lúdico.
Creo que [un anfiteatro] es un monumento prácticamente “obligatorio” para una ciudad de status colonial. Estaría muy bien intentar localizarlo”
Ramon Járrega
Arqueólogo del Institut Català d'Arqeuologia Clàssica
“Yo creo que lo hubo”, argumenta el arqueólogo Ramon Járrega, porque existe una inscripción funeraria de un empresario del ludus gallicus et hispanicus , cosa significativa. Creo que un emplazamiento adecuado habría sido el de la zona de la iglesia del Pi, aunque hay una hipótesis que lo situa aquí pero le da unas dimensiones demasiado grandes. En todo caso, junto al teatro, creo que es un monumento prácticamente “obligatorio” para una ciudad de status colonial. Estaría muy bien intentar localizarlo, pero hasta ahora no he visto interés por hacerlo. Se podrían hacer prospecciones geofísicas, para documentar estructuras en el subsuelo”, propone.
“La teoría del anfiteatro es un disparate. En la hipótesis de Santa María del Mar hay un error de principio, porque esta iglesia nunca se llamó ‘de les arenes’, la primera mención es del siglo X, y se le llama Santa Maria in Litori Maris. Además que “arenas” no indica un anfiteatro: en Tarraco, la iglesia que se construyó encima del anfiteatro se llamó Santa María del Miracle, y viene de ‘admirable’, es la evolución etimológica. Pero no de ‘las arenas’”, clama Eduard Riu-Barrera, arqueólogo del Servei de Patrimoni i Arquitectura de la Generalitat.
La teoría del anfiteatro es un disparate. En la hipótesis de Santa María del Mar hay un error de principio, porque esta iglesia nunca se llamó ‘de les arenes’”
Eduard Riu-Barrera
Arqueólogo
“Y un anfiteatro es una estructura inmensa que habría dejado alguna estructura potente, y aquí no hemos encontrado ni un solo rastro. En aquel momento es una ciudad no secundaria, sino diría que terciaria”.
Dos años después del estudio de Sales, apareció otro de Luis Conde Moragues (un ingeniero que estudió arqueología tras jubilarse) en el que aplicaba el mismo argumentario para concluir que el anfiteatro pudo estar en realidad en la zona de Santa María del Pi. Sales ve “poco probable” esa ubicación porque estaría “prácticamente enganchado a la muralla romana”.
“La hipótesis del Pi salió un año después que apareciese mi hipótesis de Santa Maria del Mar, y el autor (sin citar para nada la propuesta de Santa Maria del Mar) se limitó a coger mis argumentos y a aplicarlos de manera forzada a su propuesta”. Para la profesora de la UB, es “el típico caso de (mala) reacción” a una hipótesis, que en lugar de “debatir serenamente y sumar, tiende a reaccionar y a restar. En lugar de cooperar, competimos. Es triste, pero supongo que nuestra evolución emocional no va tan rápida como requeriría una ‘buena ciencia’”.
Respecto a la posibilidad de que estuviera en la plaza del Pi... ¡si por allí pasaba la Via Augusta! ¿Cómo lo iban a construir en medio?”. “Otro disparate”
Isabel Rodà
Catedrática de arqueologia de la Universitat Autònoma
Isabel Rodà, catedrática de arqueología de la Universitat Autònoma de Barcelona, desdeña tanto la opción del Pi como la de Santa María del Mar: “Hemos tenido el invento de los anfiteatros. Si se llamó Santa Maria de les Arenes fue porque había arena de la playa, no porque hubiera una arena de circo. Está demostrado geológicamente que allí no se podía fundamentar una estructura como la de un anfiteatro”, sostiene. “Respecto a la posibilidad de que estuviera en la plaza del Pi... ¡si por allí pasaba la Via Augusta! ¿Cómo lo iban a construir en medio? Otro disparate”, sentencia. En una línea similar, Riu-Barrera opina que “la arqueología de Barcelona ha tenido en los últimos años algunas invenciones que costará mucho contrarrestar”.
Laia Macià, en todo caso, aplica a todas las hipótesis la máxima de Santo Tomás: “Si no lo veo, no lo creo”.

Redactor jefe de A Fondo. Antes, en Cultura, Política y responsable de tribunales en Barcelona y Madrid. Entre 2005-2007 cubrió el proceso de paz con ETA. Contacto: [email protected]