El olor a limón, pino o flores suele estar asociado con una casa limpia y desinfectada; sin embargo, una nueva investigación plantea que esa sensación de frescura podría tener un efecto menos evidente: alterar la calidad del aire que se respira dentro de los hogares.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Purdue (EE. UU.) analizó qué ocurre cuando se utilizan productos de limpieza con fragancias en espacios interiores.
Para ello, realizaron pruebas en una pequeña vivienda a escala y observaron cómo los compuestos aromáticos presentes en estos productos reaccionaban rápidamente en el aire.
Los productos perfumados generan nanopartículas
Los científicos probaron tanto productos con fragancias convencionales como otros elaborados a base de aceites esenciales. En ambos casos detectaron que los compuestos responsables de los aromas podían reaccionar en el aire y formar nanopartículas.
Estas partículas pueden acumularse rápidamente y desplazarse hacia las vías respiratorias cuando son inhaladas. Según los investigadores, algunas son lo suficientemente pequeñas como para llegar profundamente a los pulmones y podrían contribuir a la irritación e inflamación del sistema respiratorio.
El fenómeno fue especialmente evidente durante tareas habituales como trapear, rociar las encimeras o limpiar distintas superficies. En el modelo de vivienda utilizado por el equipo, estas actividades generaron miles de millones e incluso billones de partículas en cuestión de minutos.

Los investigadores encontraron que compuestos de las fragancias reaccionan rápidamente en el aire y producen nanopartículas que pueden llegar a los pulmones. (Foto referencial: Freepik)
Algunas partículas son demasiado pequeñas para detectarlas fácilmente
Los productos analizados liberaron principalmente partículas ultrafinas de entre 1 y 30 nanómetros de diámetro. Debido a su diminuto tamaño, estas partículas pueden pasar desapercibidas para algunos monitores de calidad del aire utilizados en los hogares.
Brandon Boor, investigador principal del estudio, explicó que limpiar no necesariamente significa que el aire permanezca libre de contaminantes.
“La limpieza elimina los virus y las bacterias de las superficies, pero también puede generar una contaminación atmosférica invisible”, afirmó.
Boor agregó que la exposición puede ocurrir incluso durante una limpieza cotidiana. “Para cuando terminas de limpiar un espacio interior, ya has formado muchas nanopartículas y las has inhalado”, señaló.
La ventilación puede ayudar a reducir la exposición
Los investigadores también analizaron qué ocurre cuando se utilizan lámparas germicidas UV-C para desinfectar el aire. De acuerdo con sus resultados, estas pueden aumentar la formación de partículas al favorecer la generación de ozono, que reacciona con los compuestos presentes en los productos perfumados.
El equipo señala que los productos con aromas cítricos, de pino o florales pueden contener compuestos como pineno, limoneno, timol y linalool.
Durante la limpieza, sus concentraciones en el aire pueden alcanzar niveles mucho mayores y más rápidamente que los registrados normalmente en ambientes exteriores.
Por ello, los investigadores recomiendan optar por productos con poca fragancia o sin perfume y mejorar la ventilación mientras se limpia, por ejemplo, abriendo las ventanas o utilizando extractores.
Boor fue contundente al respecto y agregó: “El aire limpio no debería oler a cítricos altamente concentrados. En realidad, no debería oler a nada”.

Los expertos recomiendan mejorar la ventilación y optar por productos con poca o ninguna fragancia. (Foto referencial: Freepik)