¿Hasta dónde llega la libertad de los humanos? ¿Jesús se equivocó dándoles el libre albedrío? Esta es la pregunta fundamental que atraviesa la parábola de El gran inquisidor, que aparece en uno de los capítulos de Los hermanos Karamázov, de Fiodor Dostoyevski, y sirve para que el hermano religioso y el hermano ateo contrasten opiniones.
Dice el músico Emili Brugalla que, cuando veía a Lluís Homar haciendo de san Juan de la Cruz, a quien acompañaban con música de Mompou, se lo imaginaba interpretando también a este gran inquisidor que surgió de la imaginación del gran novelista ruso: “ El gran inquisidor es un texto que se publica independiente de la novela y a mí me sacudió. Como me complace regalar libros que me gustan a mis amigos, le llevé a uno a Lluís Homar, y entonces le hicimos la propuesta con Vesko Stambolov de montar esta pieza”.
Brugalla & Stombolov Piano Duo hace tiempo que tocan juntos y ya habían trabajado con Homar. Ahora los tres vuelven a subir al escenario con este texto de Dostoyevski y con la música de Bach y de Messiaen, que los músicos interpretan al piano, solo hasta el 11 de octubre, en el teatro Goya.
“Yo me encuentro entre dos pianos de cola y me siento un privilegiado –declara Homar–. Queríamos celebrar los 40 años de Focus y nos pareció que este espectáculo podía ser una pieza más teatralizada. Lo presentamos en Temporada Alta en una versión más leída y ahora lo hemos modificado y lo hemos convertido en otra cosa. Me he ocupado de hacer la adaptación del texto, difícil porque es infinito, como lo son los grandes materiales”. La traducción catalana es de Joan Sales.
En medio de una quema de infieles en Sevilla, Jesús decide volver a la Tierra y es detenido por la Iglesia
“Los hermanos se encuentran en un café y hablan sobre El gran inquisidor, que es un poema en prosa –continúa el actor–. El inquisidor ha hecho quemar a mucha gente en la plaza, en Sevilla, y la gente reza tanto, que Jesús por un día decide regresar a la Tierra. Todos lo reconocen y lo reciben, él hace un par de milagros y el inquisidor lo hace detener y es cuando hablan en la cárcel. El inquisidor le pregunta por qué ha venido y por qué dijo que la gente tenía que ser libre: ‘¿Qué quieres que haga la gente con la libertad?’, le reprocha”. Y resume Homar: “Dostoyevski es inmenso”.
Brugalla apostilla: “Dostoyevski nos puede llevar hacia el terror o hacia el amor. Jesús quiere liberar a los hombres, pero el inquisidor considera que no están preparados para ser libres, por eso dice que los hombres han dado su libertad a la Iglesia y la han puesto a sus pies. El gran inquisidor es un texto muy amplio, que presenta preguntas e inquietudes”.
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Pero en la obra, Jesús no habla. Como narrador, Homar explica la llegada del hijo de Dios a Sevilla, cómo la gente lo reconoce y los milagros que hace. Y entonces se convierte en el gran inquisidor, el cardenal que controla al pueblo con mano de hierro. Sus palabras las conocemos por boca del eclesiástico, que habla, cuestiona y rebate las enseñanzas de Jesús en los Evangelios.
Y es aquí donde entran Bach y Messiaen: “Lo que hacemos con la música es dar cuerpo al silencio de Jesús, la música callada de Jesús, como dice san Juan de la Cruz en el Canto espiritual ”. Stambolov añade: “Es un texto hecho sobre verdades fundamentales, que a menudo olvidamos y caemos en el mismo error”.
Los pianos empiezan el espectáculo con la música barroca y religiosa del alemán Johan Sebastian Bach, y continúan con la música contemporánea mística del francés Olivier Messiaen, “y entonces se van entrelazando, pero cuando Jesús entra en la cárcel, los pianos callan”, manifiesta Brugalla. “El texto de Dostoyevski desenmascara la religión, que reconoce que trabaja con el diablo, ante la espiritualidad”, concluye Homar.

Redactor de Cultura y coordinador de los libros de estilo de las ediciones en castellano y en catalán del diario. Profesor asociado de la UPF y miembro de la Secció Filològica del IEC