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30 de septiembre, 2026 - 06h15

Desde el 20 de septiembre de 2026 comenzaron las lluvias en Quito, luego de una fuerte época seca que abarcó casi cuatro meses este año. Con el cambio de clima llega también la preocupación por las quebradas, que cuando hay fuertes precipitaciones colapsan y afectan barrios con inundaciones.

Precisamente, por el temporal de la semana pasada, la quebrada de Caupicho, en el sur de la urbe, se desbordó y las entidades de emergencia del Municipio tuvieron que activarse.

Como medida de prevención, la Empresa Metropolitana de Agua Potable (Epmaps) debe realizar el mantenimiento y limpieza de las estructuras de captación, pero el ente recuerda que estas no se encuentran en todas ellas.

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“Nosotros no hacemos intervenciones en los cauces de las quebradas, lo que hacemos es la limpieza de las estructuras de captación, tenemos registradas 146″, explicó Ernesto Fonseca, subgerente de Saneamiento de la Epmaps.

En ese sentido, el funcionario aclara que la vigilancia y preservación de dichos accidentes geográficos es competencia de la Secretaría de Ambiente.

Sin embargo, los trabajos para el retiro de escombros y desechos suelen ejecutarse de forma interinstitucional. Según Fonseca, dicha entidad suele solicitar apoyo a la empresa de agua potable para el uso de su maquinaria. Para ello se usan retroexcavadoras, incluidas máquinas de brazo largo; el material acumulado se retira, se deja secar y luego se evacúa en volquetes. En cambio, en los cauces se emplean retroexcavadoras o excavadoras para remover troncos, basura y restos voluminosos.

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De forma periódica, las tareas se programan cada seis meses, sin embargo, por el cambiante clima de Quito, el monitoreo es permanente al menos en las estructuras de captación, afirma el subgerente. También se realizan inspecciones y visitas técnicas, que en época seca se hacen semanalmente.

En todo el distrito se han identificado alrededor de 1.800 quebradas, de ellas 182 cruzan la zona urbana. Las 146 captaciones se ubican en 105 de estos accidentes geográficos, 62 están en las laderas del Pichincha, zona en la que la vigilancia se intensifica por el riesgo que representa para la población en caso de desbordamientos.

Tras los aluviones de 2022 y 2024, el Municipio y sus secretarías han coordinado obras para retener el material que suele descender de las montañas. En la quebrada El Tejado, por ejemplo, se construye un cuenco de retención. Este busca contener el volumen asociado al deslave que afectó a la ciudad, estimado en 30.000 metros cúbicos, para reducir el impacto y el riesgo aguas abajo.

Por otro lado, la Secretaría de Ambiente, las administraciones zonales, las empresas públicas y la ciudadanía también suelen coordinar mingas y labores de limpieza. El propósito es evitar tragedias como las de La Gasca, debido a la saturación de las estructuras naturales por los desechos cuando llegan las lluvias.

Aun así, Fonseca aclaró que, en el caso de las quebradas del sur y del valle de Tumbaco, algunos anegamientos se deben a cruces viales construidos mediante embaulamientos cuya capacidad resulta insuficiente para conducir toda el agua lluvia; allí no necesariamente existe una conexión con el alcantarillado.

Otra de las problemáticas que afectan al ambiente y promueven la saturación de los cauces es el mal hábito de asumirlos como botaderos, por lo que las autoridades piden colaboración de la ciudadanía.

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“(Durante las limpiezas) encontramos de todo, hasta partes de vehículos, neumáticos, electrodomésticos, muebles, de todo (...). En algunos sectores ya hemos coordinado y hemos controlado de mejor forma para no botar basura en quebradas, tampoco en los sumideros ni en las aceras, hay que esperar a que pasen los carros recolectores para que saquen la basura, especialmente en época de lluvias”, recordó Fonseca. (I)