La hipótesis del amor

Previsible, pero funciona

★★★★

Disponible en: Prime Video

duración: 110 minutos

género: comedia romántica

Dos personas fingen ser pareja y, ¿adivinen qué?, terminan enamorándose. La fórmula del falso noviazgo es tan vieja como la comedia romántica misma, y “La hipótesis del amor”, adaptación de la novela superventas de Ali Hazelwood (que nació como un fanfic de “Star Wars”), no pretende reinventarla.

Lili Reinhart es Olive, una doctoranda de Stanford que, para convencer a su mejor amiga de que ya no le interesa el chico que le gusta, besa al primer hombre que encuentra en el laboratorio: Adam Carlsen (Tom Bateman), el profesor más temido del campus, al que todos llaman “Dr. Malvado”.

De ahí nace un pacto conveniente para ambos y, claro, todo lo demás. Dirigida por Claire Scanlon, la película recorre cada casillero del género con oficio y sin vergüenza, y ahí está su mayor virtud: sabe exactamente qué quiere ser.

Reinhart es tímida, torpe y encantadora; Bateman, un témpano que se derrite de a poco, y la química entre ambos hace el resto. Suma humor, buenos secundarios y algo de reflexión sobre las mujeres en la ciencia. No hay experimento nuevo, pero el resultado se confirma: funciona.

Mis muertos tristes

Tensión a fuego lento

★★★1/2

Disponible en: Netflix

duración: 4 episodios

género: terror / drama

Llevar a Mariana Enriquez a la pantalla es un desafío traicionero: en sus cuentos importa menos lo que pasa que cómo se cuenta, ese terror que brota de lo cotidiano y de la pobreza. El chileno Pablo Larraín tomó el relato que da título a la serie, lo cruzó con otros como “Julie” y “Cuando hablábamos con los muertos”, y sumó a la propia Enriquez como coguionista.

Mercedes Morán es Ema, una médica jubilada que ve a los muertos y reniega de ese don, hasta que la llegada de su sobrina y el asesinato de tres adolescentes sacuden Piedrabuena, un barrio de monoblocks donde no entran ni las ambulancias.

Larraín apuesta por la tensión a fuego lento antes que por el susto fácil, con una imagen gris y apagada, y usa a los fantasmas para hablar de abandono, violencia y memoria. Morán está formidable, irónica y malhablada. A veces, sin embargo, la serie subraya lo que la literatura de Enriquez apenas sugiere, y su frialdad le quita algo de la inquietud del papel. Aun así, es una rareza valiosa que hasta Stephen King recomendó.

Su propio infierno

Entre David Lynch y el giallo

★★★ 1/2

Disponible en: cines

duración: 109 minutos

género: thriller / ciencia ficción

Diez años después de “El demonio neón”, y tras una experiencia cercana a la muerte, Nicolas Winding Refn vuelve al cine como si nada hubiera pasado: neones violetas, niebla por toneladas, pasillos interminables y una partitura romántica del gran Pino Donaggio que suena de principio a fin.

Sophie Thatcher es Elle, una actriz que se instala en un hotel perdido entre las nubes para rodar una película junto a su examiga y actual madrastra (Havana Rose Liu), mientras un asesino vestido de cuero acecha la ciudad y, en otro plano, un soldado estadounidense (Charles Melton) busca a su hija en el Japón de posguerra.

¿Historia? Poca. ¿Lógica? Menos. Refn arma su película como un sueño, o una pesadilla de boliche, cruzando a David Lynch con el giallo y con un comercial de perfume de vanguardia. El resultado es extraño, desparejo, a ratos exasperante y ambicioso no siempre en el buen sentido: por cada imagen hipnótica hay una pose vacía. Pero si uno deja de buscarle sentido y se entrega al trance, aparece algo inesperado, una tristeza tierna que recorre a esos personajes-muñeca. Nadie la pidió, nadie la necesita y, sin embargo, cuesta sacarle los ojos de encima.

El corazón de la bestia

Rambo con un perrito

★★★ 1/2

Disponible en: cines

duración: 101 minutos

género: acción

Después de “F1”, donde corría a 300 km/h, Brad Pitt encontró la forma de subir la apuesta de testosterona: un veterano, un perro y Alaska. “El corazón de la bestia” es, sin discusión, la película más hipermasculina del año. Dirigida por David Ayer (“Corazones de hierro”), presenta a James Belmont, veterano de las Fuerzas Especiales con treinta años de servicio, tatuaje de brújula en el cuello, un ejemplar de “La carretera” de McCarthy en la mochila y cervezas belgas que abre contra el borde de la conservadora.

¿Destapador? Eso es para los débiles. Tras un infarto que hunde su avioneta en un lago, él y Odin, un pastor alemán también veterano, con prótesis y dientes de titanio, tienen que cruzar 93 kilómetros de tormentas, osos, lobos, ríos traicioneros y pesadillas de guerra.

La película es previsible, a veces inverosímil y por momentos roza la propaganda militar. Y sin embargo funciona: es una aventura tensa, primaria, que brilla cuando se queda en lo simple, en el vínculo entre dos veteranos que se cuidan sin decir palabra. Pitt llora como pocos y J.K. Simmons aparece envuelto en pieles.

Como toda película de perros, garantiza lágrimas. Tranquilos: no es esa clase de película.

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