Cuando Andrés Iniesta marcó aquel gol en Johanesburgo la noche del 11 de julio de 2010, España creyó haber llegado a un lugar del que ya nunca se movería. Era una generación relativamente joven (apenas un año mayor, de media, que la actual). La mejor generación, entonces, de su historia acababa de ganar un Mundial después de conquistar una Eurocopa y la sensación era que el fútbol español había encontrado una fórmula eterna. 16 años después, resulta evidente que no fue así. Una revisión detallada de este periodo acongoja.
Entre un Mundial y otro hubo gloria, sí, la Eurocopa 2024, pero también, y sobre todo, un tiempo de decadencia deportiva, cambios de ciclo traumáticos, presidentes caídos, entrenadores destituidos de madrugada, investigaciones judiciales, audios escandalosos, un beso, inadmisible, que dio la vuelta al mundo y una Federación que llegó a parecer la antesala de los Juzgados, en el mejor de los casos, y de la cárcel, en el peor de ellos.
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ALEGRÍA
La historia empieza al día siguiente del primero (como quien dice). La selección de Vicente del Bosque prolongó durante dos años la felicidad. En 2012 se proclamó campeona de Europa tras aplastar a Italia en Kiev y completó una secuencia irrepetible (este equipo actual tendrá la opción de igualarlo dentro de dos años): Eurocopa 2008, Mundial 2010 y Eurocopa 2012. Nadie había dominado el fútbol internacional como aquel grupo de Casillas, Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, Busquets, Ramos, Puyol o Villa. Pero los ciclos también envejecen.
LA CAÍDA
El primer gran trastazo llegó en Brasil 2014. España aterrizó como vigente campeona del mundo y salió por la puerta de atrás. El 1-5 contra Holanda y la derrota ante Chile provocaron una eliminación inmediata que simbolizó el final de la generación más exitosa de la historia del deporte español. Al quinto día de competición, con selecciones todavía casi sin debutar, la gran campeona estaba en la calle y con un montón de problemas en el vestuario. Del Bosque resistió dos años más, pero la eliminación ante Italia en los octavos de la Eurocopa de Francia certificó el cierre definitivo de una era, la más longeva en el banquillo de España: ocho años consecutivos.
ESPERPENTO
La Federación, aún presidida por Ángel María Villar, que ha acompañado a esta selección durante todo el Mundial de Estados Unidos, de aeropuerto en aeropuerto y de Casa de España en Casa de España, apostó entonces por Julen Lopetegui. La elección parecía perfecta. Había sido campeón con las categorías inferiores y conocía mejor que nadie el talento que venía por detrás. España recuperó competitividad, completó una brillante fase de clasificación para Rusia 2018 y llegó al Mundial sin haber perdido un solo partido oficial con su nuevo técnico.

Ángel María Villar, detenidoE. M.
Sin embargo, el torneo, para él, acabó antes de empezar. A dos días del debut mundialista, el Real Madrid anunció su fichaje para la temporada siguiente. Luis Rubiales, que acababa de llegar a la presidencia de la Federación semanas antes tras derrotar a Juan Luis Larrea y cerrar la era Villar, interpretó que el seleccionador había actuado a sus espaldas y tomó una de las decisiones más impactantes que se recuerdan en el fútbol español: destituirle en plena concentración del Mundial.
Fueron horas histriónicas, histéricas, inverosímiles en Krasnodar. Rubiales llegando desde Moscú, reuniones de madrugada con los capitanes, todo el mundo intentando convencerle de que era peor el remedio que la enfermedad... No hubo manera. Fernando Hierro asumió el cargo de manera provisional y España cayó en octavos frente a Rusia tras un horroroso partido en Moscú. Aquel verano marcaría el inicio de una etapa de enorme inestabilidad.
'SOULE' Y SUPERCOPA
Mientras la selección buscaba una nueva identidad, la Federación comenzaba una transformación profunda. Rubiales había llegado con un discurso regenerador después de la caída de Villar, que en 2017 había sido detenido en el marco de la operación Soule. Durante años, Villar había gobernado el fútbol español como una figura incontestable, pero su final estuvo rodeado de sospechas judiciales y acusaciones de corrupción que, nueve años después, aún no han sido sustanciadas en un juicio.

Gerard Piqué.E. M.
En todo caso, el nuevo presidente prometió limpieza. Sin embargo, no tardaron en aparecer las polémicas. La más importante estalló alrededor de la Supercopa de España. La competición abandonó su formato tradicional y fue trasladada a Arabia Saudí. Durante un tiempo aquello pareció simplemente una decisión económica discutible. Todo cambió cuando se filtraron audios que revelaban conversaciones entre Rubiales y Gerard Piqué sobre las comisiones vinculadas a la operación. El escándalo ocupó portadas durante meses, provocó investigaciones y dañó gravemente la imagen de la Federación, ya de por sí maltrecha por un sistema clientelar en las elecciones que todavía hoy se mantiene vigente.
LUIS ENRIQUE
Mientras tanto, la selección, sobre el césped, seguía intentando encontrar su camino. Luis Enrique asumió el cargo en 2018 y trajo una renovación necesaria, no solamente respecto a los jugadores, también en cuanto a metodología, comunicación, etc... Su etapa quedaría marcada por el fallecimiento de su hija Xana, que le obligó temporalmente a abandonar el puesto. Volvió posteriormente, y ese regreso añadió más ruido a la selección, pues terminó fatal con quien había sido su segundo, Robert Moreno.
El caso es que el asturiano, mal que bien, construyó una selección joven que devolvió la ilusión en muchos momentos. España alcanzó las semifinales de la Eurocopa disputada en 2021 y la final de la Liga de Naciones de ese mismo año. Fue el nacimiento internacional de futbolistas como Pedri, Gavi, Unai Simón o Ferran Torres, todos ellos presentes aquí.
Pero el Mundial de Qatar 2022 volvió a suponer un frenazo. La eliminación ante Marruecos en los octavos generó mucha decepción. El proyecto de Luis Enrique llegó a su fin y la Federación recurrió a una solución que entonces generó más dudas que entusiasmo: Luis de la Fuente. El riojano era una figura respetadísima dentro de Las Rozas, ya que había ganado prácticamente todo con las categorías inferiores. Pero fuera de ese ecosistema muchos lo percibían como una apuesta menor. Su nombramiento fue recibido con escepticismo. No sería la primera vez que se equivocaban con él.
EL BESO
Y en esta increíble travesía de desdichas, mientras De la Fuente comenzaba a construir un nuevo equipo, la Federación se precipitaba hacia la mayor crisis institucional de su historia. El 20 de agosto de 2023 la selección femenina ganó el Mundial. Mientras España disfrutaba del éxito, en plena ceremonia de entrega de medallas, Luis Rubiales besó en la boca a Jenni Hermoso. Minutos antes se había llevado las manos a sus partes en un gesto obsceno, justo al lado de la Reina y la Infanta Sofía. La imagen recorrió el planeta. Pero, volviendo al beso no consentido, lo que inicialmente pareció una polémica pasajera terminó convirtiéndose en un terremoto político, social y deportivo de alcance mundial.

El ex presidente, Luis RubialesE. M.
Hubo investigaciones judiciales, presión institucional, condenas internacionales, divisiones internas y una pérdida de credibilidad sin precedentes. Rubiales acabó abandonando la presidencia (porque le echó la FIFA) y la Federación quedó atrapada durante meses en una sucesión de crisis, dirigentes interinos y luchas de poder. A los problemas heredados se añadieron nuevas investigaciones relacionadas con contratos, adjudicaciones y decisiones adoptadas durante la anterior etapa. Las Rozas parecía vivir en campaña permanente.
PARADOJA
Mientras la institución se consumía en conflictos, la selección masculina iniciaba una nueva época dorada. De la Fuente ganó primero la Liga de Naciones. Después conquistó la Eurocopa 2024 contra todo pronóstico con un equipo capaz de combinar el talento de tipos ya veteranos como Rodri, Laporte o Carvajal con la irrupción de Lamine Yamal, Nico Williams, Cucurella o Fabián.
España volvió a enamorar desde el juego, y un fútbol mucho más moderno que el de 2010, vertical, descarado, vertiginoso, con el que pasó por aquella Eurocopa como Atila. Recuperó prestigio internacional. Volvió a ser admirada. Y siguió creciendo mientras en los despachos se asentaba Rafael Louzán que, a falta de lo que depare el futuro, parece también haber calmado las aguas de los despachos.