RIO DE JANEIRO (ENV. ESP.)
El día después de la gesta del Maracaná. Estudiantes, tal vez, no haya tomado dimensión de lo sucedido y del lugar que acaba de alcanzar.
El continente está hablando de la épica y de uno de los resultados más sorprendentes de la historia. En Brasil es una “catástrofe” futbolística con tintes políticos ya que mañana habrá elecciones y el Flamengo jugó fuerte en la previa.
El Pincha es finalista de la Copa Libertadores de América por sexta vez en su historia y el cartel que el jueves recibió a los jugadores cariocas ayer cambió el color negro por el blanco: “Por el penta”.
Estudiantes jugó un partido con el alma. Con el corazón. Inmenso. No había otra manera de ganarle a un equipo que tiene un presupuesto que lo supera por 20. O quizás más. Sólo el pase de Paquetá vale lo mismo que sumados todos los jugadores del Pincha.
No hay equivalencias con el fútbol argentino. Por eso la dimensión del pasaporte a la gran final.
Para tener una referencia, en la previa del partido no había un hincha de Flamengo que conociera a un jugador de los que utilizó el Cacique Medina.
Apenas un par rescataron a Muslera y Carrillo. Pero el 90 por ciento nada, ni uno. No miraban al rival, que el jueves a la medianoche se convirtió en la piedra en su zapato: de los últimos 23 partidos por Copa Libertadores Flamengo perdió solo dos y ambos contra Estudiantes. Una estadística que ya forma parte de la historia.
Ahora, además de sumar una buena cantidad de dinero (ya lleva casi 17 millones de dólares recaudados en esta edición), busca el premio mayor por levantar la copa y que la chapita con el nombre ocupe cinco lugares en el trofeo que será entregado en el estadio Centenario de Montevideo, el mismo que lo vio campeón de América por primera vez, en aquella oportunidad con Osvaldo Zubeldía ahora con Alexander Medina.
Podría cosechar un total de 35 millones de dólares si consigue el premio mayor pero unos 23 si no tiene la mejor noticia el próximo 28 de noviembre.
Está claro que lo único que sirve es salir campeón, pero si no le tocase porque enfrentará al segundo mejor equipo de Brasil y tal vez del continente, ya lo conseguido es un montón.
De paso mira de reojo la clasificación al Mundial de Clubes. Palmeiras sabe que por los puntos que tiene es casi imposible que se le escape por tabla acumulada porque el año próximo volverá a jugar.
Si Estudiantes no consigue el titulo habrá sumado también lo suficiente y cerrará el año en zona de clasificación para ese evento a realizarse en 2029 al que le quedan dos años más de sumatoria de puntos.
Y otra vez el debate respecto a la grandeza del Club. Por títulos y mérito deportivo no tiene discusión. Buena parte del país se rindió a los pies de un grande del continente tal vez más respetado puertas afuera de Argentina que dentro.
O será que el fanatismo no permite, en esos casos, valorar lo conseguido: ¿cuántos podrán negar que este equipo tiene una piel diferente para jugar este tipo de partido? ¿cuántos ejemplos más se necesitarán para aceptar la palabra mística copera? ¿Qué más tiene que pasar para que le abran las puertas imaginarias de la mesa de los grandes?
El plantel volvió a reponerse de varios golpes. Primero perder la final de la Supercopa Internacional, más por todo lo que se generó y las formas poco claras del arbitraje que por el significado.
Luego quedar eliminado de la Copa Argentina, otro anhelo para este 2026. Y de yapa en las últimas fechas del torneo dejó puntos en el camino en Santiago del Estero y en UNO que lo dejaron casi afuera de los playoffs. Muy difícil que se clasifique a jugar Copa Libertadores si no gana la actual: le esperaba Flamengo de visitante.
De yapa en el partido mismo perdió a Joaquín Correa por lesión y su capitán Guido Carrillo, agotado, pidió el cambio con alguna molestia. Tenía un jugador menos y el camino estaba empinado. Parecía imposible salir ileso de esa montaña rusa, pero pudo. Y vaya si pudo.
El plantel dejó el Maracaná en la madrugada. Hubo festejos internos con el cuerpo técnico, dirigentes y allegados dentro del vestuario.
Al arribo al hotel Windsor Barra un grupo de hinchas esperaba con esa sonrisa que no podían sacar de sus rostros desde hacía horas.
Era un derroche de felicidad. Unos saludos, fotos y a tratar de dormir. Algunos jugadores habían confesado que no iban a poder descansar de la sobredosis de adrenalina. “Estudiantes no duerme”, gritaba un hincha desencajado.
Estudiantes ya mira de reojo la gran final y la clasificación para el Mundial de Clubes
Estudiantes se metió en la final de la Copa Libertadores por méritos propios. Nadie le regaló nada. Intentó pelear todos los frentes pero no pudo llegar al final del camino con todas las cartas en sus manos.
Pero le quedó la más importante, la que lo seduce de toda la vida, la que lo enamoró hace casi 60 años y nunca se pudo despegar.
Es un amor recíproco que en el estadio Centenario de Montevideo lo volverá a tener frente a frente contra Palmeiras, su primer rival de aquel 1968. Nadie sabe lo que sucederá en el final, pero el camino ya fue inolvidable.
Pasó de todo y pase lo que pase en Uruguay esta Copa Libertadores quedará para la historia con toda seguridad. Empiezan los 40 días más frenéticos del año. De muchos años. Estudiantes está feliz.
El Pincha se metió en la final por mérito propio. Nadie le regaló absolutamente nada
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