
Suiza conserva cerca de 1.300 glaciares, distribuidos en los Alpes. El último inventario nacional completo, elaborado con datos correspondientes al período 2013-2018, identificó 1.400 formaciones glaciares con una superficie total de 961 kilómetros cuadrados. Esa extensión ya reflejaba una reducción frente a los 1.311 kilómetros cuadrados registrados en 1973.
Los estudios más recientes muestran que el retroceso se aceleró. La red Glacier Monitoring in Switzerland (GLAMOS) calculó que las masas de hielo de Suiza perdieron el 5,5% de su volumen en el año hidrológico 2025/26, el segundo peor balance de la serie histórica.
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La pérdida acumulada desde 2021 llega a casi el 20%, tras un invierno con poca nieve y varios meses de sequía y temperaturas elevadas. El deshielo también derivó en la desaparición de pequeños glaciares y en el adelgazamiento de las grandes masas de hielo alpinas.

En apenas cinco años, los glaciares de Suiza perdieron cerca del 20% de su volumen de hielo, una caída que concentra parte de la reducción acumulada durante las últimas décadas y expone el impacto de los inviernos con poca nieve y los veranos cada vez más cálidos en los Alpes.
La última medición anual de la red Glacier Monitoring in Switzerland (GLAMOS) y de la Comisión Suiza para la Observación de la Criósfera de la Academia Suiza de Ciencias Naturales indicó que, durante el año hidrológico 2025/26, el volumen glaciar del país cayó un 5,5%. Fue el segundo peor resultado desde el comienzo de la serie, solo superado por el de 2022.
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El estudio tomó datos en septiembre de 23 glaciares de referencia y los extendió al conjunto de las cerca de 1.300 masas de hielo que permanecen en el país.
Los científicos comparan las variaciones de espesor, acumulación de nieve y pérdida de hielo para estimar el cambio anual de volumen. El saldo de este período fue de -2,9 metros de equivalente en agua, una medida que expresa cuánta agua representa el hielo perdido.
La temporada comenzó con un invierno que estuvo entre los diez menos nevados desde el inicio de las mediciones. Esa cobertura resulta decisiva porque actúa como una capa protectora frente a la radiación solar. Cuando desaparece antes de tiempo, el hielo oscuro queda expuesto, absorbe más calor y acelera el deshielo.
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Entre mayo y septiembre, Suiza atravesó condiciones secas y al menos una ola de calor cada mes, según el informe difundido por GLAMOS y la Academia Suiza de Ciencias Naturales. La cota de cero grados superó los 4.000 metros durante 76 días, un récord que permitió que el deshielo alcanzara sectores de alta montaña que suelen conservar nieve incluso al final del verano.
El resultado fue una reducción media de entre 2,5 y 4 metros de espesor. En algunas lenguas glaciares, las zonas más bajas y expuestas, la pérdida llegó a unos 10 metros. Las observaciones también registraron la desaparición de glaciares pequeños, entre ellos el Bella Tola, en el cantón de Valais, y el Griessfirn o Plattalvafirn, en Glaris.
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El derretimiento liberó unos 2.200 millones de metros cúbicos de agua entre julio y septiembre, un volumen equivalente a más de cuatro veces el consumo anual de agua potable de los hogares suizos. Esa descarga ayudó a atenuar la escasez hídrica durante el verano, aunque implica una pérdida de las reservas de hielo que alimentan los ríos en los períodos cálidos y secos.

Según explicó Matthias Huss, director de GLAMOS, a la BBC, el agua que fluye durante las olas de calor procede de hielo acumulado durante décadas o siglos. A medida que los glaciares se reduzcan, su aporte estival disminuirá, con efectos sobre el riego, la generación hidroeléctrica y la navegación fluvial.
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Este verano, el Rin alcanzó mínimos históricos en algunos tramos, lo que afectó el transporte por esa vía. El retroceso también altera la estabilidad del terreno montañoso. La pérdida de hielo y el deshielo del permafrost, el suelo que permanece congelado en altura, pueden favorecer desprendimientos de rocas, deslizamientos e inundaciones súbitas en los valles alpinos.
Las proyecciones climáticas indican que el deterioro continuará incluso si las temperaturas dejaran de aumentar de inmediato, debido a la respuesta retardada de las masas de hielo. Un informe de la Oficina Federal de Medio Ambiente de Suiza calculó que los glaciares del país perderían entre 59% y 93% de su volumen de 2018 hacia 2100, según la evolución futura de las emisiones de gases de efecto invernadero.
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En un escenario de bajas emisiones, quedaría cerca del 41% del hielo tomado como referencia. Con un calentamiento elevado, la pérdida podría alcanzar el 94%, lo que dejaría remanentes aislados en las áreas más altas de los Alpes.
El informe oficial sobre el futuro de la hidrología suiza, publicado por la Universidad de Ginebra, advierte que las masas de hielo supervivientes se concentrarían principalmente por encima de los 3.000 metros de altitud.
GLAMOS estima que el volumen glaciar suizo ya se redujo casi un 40% desde el año 2000. La evolución de los próximos años dependerá de la cantidad de nieve que se acumule en invierno, de la intensidad de los veranos y, sobre todo, de la trayectoria de las emisiones globales.
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