Las llamas continúan calcinando hectáreas en los incendios de Niebla (Huelva) y en Peñas de Riglos (Huesca) en la que ya es la tercera peor semana de incendios de 2026: el terreno calcinado en España ha aumentado un 19% en los últimos 7 días, y ha superado ya las 265.457 hectáreas (un 0,5% del territorio español), según los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS).

Pese a que la semana anterior fue relativamente tranquila —3.835 hectáreas entre el 30 de julio y el 5 de agosto—, el mes de julio ha sido especialmente devastador: entre el 23 y el 29 de julio ardieron 46.302 hectáreas, mientras que la peor semana del año hasta ahora fue la del 16 al 22 de julio, con 91.412 hectáreas calcinadas, mayormente por el apogeo del gran incendio de Ávila y Madrid, el peor de la historia de España.

En apenas tres semanas, han ardido más de 180.000 hectáreas, casi las mismas que en todo 2025 —189.379 hectáreas—. Unos datos que dan cuenta de la dimensión devastadora de este verano en los bosques y campos de todo el país. Para José Ramón González Pan, vocal del Colegio Oficial de Ingenieros Forestales, no se puede explicar la situación únicamente por el cambio climático. "No hay que echarle la culpa solo al cambio climático", sostiene, antes de poner el foco también en el factor humano y en las condiciones en las que se encuentra el monte. 

Los periodos de sequía, cada vez más intensos y frecuentes, juegan un papel importante, pero el experto considera especialmente peligroso que estos coincidan con comportamientos negligentes. "Este año hay un montón de negligencias, hay un montón de torpezas", señala González, que advierte de que cuando se dan unas condiciones de sequedad extrema basta con que se produzca una imprudencia para que el fuego pueda quedar fuera de control.

"No hay que echarle la culpa solo al cambio climático, este año ha habido un montón de negligencias, de torpezas"

Más superficie quemada que en 2025, pero lejos del peor momento del año pasado

Pese a que el total de hectáreas quemadas en 2026 supera holgadamente al de 2025 —265.457 hectáreas frente a 189.379 hectáreas—, el verano de 2025 fue especialmente devastador: si comparamos esta misma semana, entre el 6 y el 12 de agosto de 2025 ardieron 144.158 hectáreas, más del triple que las 42.225 registradas este año. La semana siguiente fue todavía peor: entre el 13 y el 19 de agosto de 2025 se quemaron 178.141 hectáreas, la cifra semanal más alta de todo aquel año.

Aquel agosto estuvo marcado por una oleada simultánea de grandes incendios que afectó especialmente a Galicia, Castilla y León y Extremadura, con miles de personas evacuadas y enormes superficies forestales destruidas. El balance del verano de 2026 es todavía inferior al de aquel episodio extremo, pero la comparación anual muestra una evolución preocupante: a estas alturas del año se han quemado unas 76.000 hectáreas más que en todo 2025, según las estimaciones de EFFIS. 

"Con los medios proporcionados a la magnitud de los incendios se hubiera quemado menos superficie, significativamente"

González considera que la dimensión que alcanza finalmente un incendio depende de la combinación de varios factores, y no solo de las condiciones meteorológicas. En su opinión, cuando un fuego se declara en un momento de sequía intensa y encuentra unas condiciones favorables para propagarse, la capacidad de reacción resulta determinante

En ese sentido, cree que la disminución progresiva de medios, especialmente aéreos, en los últimos años, ha afectado a la capacidad de extinción de los efectivos forestales que, pese a su buen hacer, a veces no cuentan con las herramientas suficientes. "Con los medios proporcionados a la magnitud de los incendios se hubiera quemado menos superficie, significativamente", afirma González, que añade que con más medios "hubiera sido otra película".

Las urbanizaciones en zonas forestales, una dificultad

Otro de los elementos que, según González, ayuda a explicar la dimensión que pueden alcanzar algunos grandes incendios es la presencia de viviendas y urbanizaciones dispersas en zonas forestales. El ingeniero forestal recuerda que los dispositivos de emergencia tienen que priorizar la protección de las personas y, después, la de los bienes. El monte queda en un tercer nivel de prioridad. "Primero hay que proteger a las personas, luego hay que proteger a sus bienes y luego al incendio, al bosque", explica. Para entonces, sostiene, ya es demasiado tarde, por que el incendio ha tenido tiempo para alcanzar una dimensión desproporcionada.

El problema aparece, subraya, especialmente en zonas con una elevada concentración de viviendas dispersas. Pone como ejemplo el caso del incendio en el norte de Madrid, donde la existencia de numerosas urbanizaciones obliga a destinar recursos a evitar que las llamas alcancen las casas. "Cuando tienes en el caso de Madrid tantas urbanizaciones y tantas casas dispersas (...) todo el mundo está como loco protegiendo una casa", señala. 

Eso, sostiene, hace que los medios terrestres y aéreos tengan que concentrarse en proteger viviendas y personas, mientras el fuego avanza sin control en el frente forestal. "Solo cuando has conseguido salvar a las personas y salvar a sus bienes, entonces te puedes dedicar a apagar el incendio forestal", resume. 

A su juicio, esta situación contribuye a que determinados fuegos terminen adquiriendo una dimensión mucho mayor y hace todavía más importante actuar durante las primeras fases del incendio.

El factor humano y la falta de concienciación

Los datos europeos no coinciden exactamente con los registros oficiales españoles, ya que EFFIS realiza sus estimaciones mediante imágenes de satélite que posteriormente deben ser confirmadas sobre el terreno. En ese sentido, el último balance del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), actualizado el 11 de agosto, sitúa en 226.391,64 hectáreas forestales la superficie afectada por incendios desde el comienzo del año. 

También según el Miteco, en 2026 se han registrado ya 43 grandes incendios forestales, frente a los 24 contabilizados en el mismo periodo de 2025. El dato refleja una cruenta realidad: los incendios de gran dimensión han aumentado significativamente, así como lo hace su intensidad.

Para González Pan, la evolución de estos incendios obliga también a mirar hacia el origen de los fuegos. El ingeniero forestal sostiene que la acción humana está detrás de una parte muy importante de los incendios y considera que la prevención no debería centrarse exclusivamente en el adecuado estado del monte, sino también la concienciación ciudadana: "Desde 2014 no se hacen anuncios de concienciación civil contra los malos hábitos que pueden generar incendios".

"Pedimos que se limpie el monte, pero al que tiene la culpa (de los incendios, en referencia a la acción humana) no le estamos diciendo nada"

"Los incendios no los vamos a parar. El fuego va a existir", afirma. Sin embargo, según su experiencia, "nosotros lo provocamos en un 95%". En este sentido, critica que buena parte del debate se centre en pedir que se limpie y gestione mejor la vegetación mientras se presta menos atención a las conductas que pueden provocar el inicio de un incendio: "Pedimos que se limpie el monte, pero al que tiene la culpa (de los incendios) no le estamos diciendo nada", subraya. "No se le dice lo suficiente a la gente que evite actividades o comportamientos que pueden desencadenar un fuego, especialmente en los periodos de mayor riesgo", añade.

Una de las situaciones que el experto pone como ejemplo es la de los vehículos que sufren una avería o un incendio en una carretera y son apartados a una cuneta con vegetación seca. Una acción aparentemente lógica puede terminar provocando un incendio si el vehículo entra en contacto con el combustible vegetal. También el uso de maquinaria agrícola en épocas de alto riesgo de incendio, algo que, según González, debería estar prohibido por ley durante toda la estación seca.

Una peligrosa mezcla de factores ambientales y humanos

El repunte de los últimos días se produce mientras los servicios de extinción continúan trabajando en varios incendios. Los focos de Niebla, en Huelva, y Peñas de Riglos, en Huesca, mantienen a las autoridades, población y equipos de extinción en alerta máxima.

Para González, la situación que atraviesa España con los incendios es el resultado de la combinación extremadamente peligrosa: unas condiciones ambientales cada vez más favorables a la propagación del fuego, la acción humana y la dificultad de combatir incendios que rápidamente pueden adquirir una enorme intensidad.

Aunque el ingeniero forestal considera que la capacidad de respuesta es determinante, reitera que "no hay que echarle la culpa solo al cambio climático": la prevención y concienciación, el comportamiento humano, la gestión del territorio y la capacidad de actuar durante los primeros momentos del incendio también condicionan cuál es la dimensión final que termina arrasada por las llamas.