Hace ya mucho tiempo que en mi casa tomamos una decisión firme por pura higiene y tranquilidad: cruzar el umbral de la puerta con el calzado de la calle está completamente prohibido. Nos quitamos los zapatos nada más entrar y pasamos el resto del día descalzos o con zapatillas cómodas para andar por casa. Es una norma estricta que aplicamos a nosotros mismos y que también pedimos amablemente a cualquier visita que viene a vernos. 

Esta costumbre, tan asentada en la cultura japonesa, cambia por completo la energía de un hogar, pero te obliga inevitablemente a contar con una solución práctica nada más abrir la puerta: un buen zapatero de recibidor. En él dejamos siempre los zapatos del día a día, esos pares que más utilizamos para ir a trabajar, pasear o hacer recados, teniéndolos a mano tanto al salir como al regresar.

Zapatero de tres niveles

Adoptar esta rutina no es un capricho ni una simple manía de limpieza, sino una medida con beneficios gigantescos para la salud y la convivencia. La suela de los zapatos acumula durante la jornada todo lo que pisamos en la calle: millones de bacterias, restos de suciedad, polvo, gérmenes y sustancias contaminantes que no queremos ver flotando en nuestro salón o sobre las alfombras. Al dejar el calzado en la entrada, la cantidad de polvo en casa se reduce drásticamente, lo que implica limpiar mucho menos y proteger la superficie del suelo. 

Además, existe un componente psicológico muy agradable: quitárselos al llegar supone un gesto simbólico que marca la frontera entre el estrés del exterior y la casa.

Para mantener esa entrada ordenada sin que parezca un caos de calzado desparramado, dar con el modelo perfecto es clave, y depende del espacio que tengas. En nuestro caso, tenía que ser uno estrecho para no ocupar demasiado espacio, y lo encontramos en una tienda de segunda mano, aunque modelos muy pero que muy parecidos en Amazon salen a precios que no llegan ni a 30 euros.

Pensado especialmente para pasillos o 'halls' donde cada centímetro cuenta, destaca por una estructura vertical que aprovecha la altura sin invadir el espacio de paso. En sus diferentes niveles puedes colocar varios pares de calzado, desde deportivas y zapatos planos hasta botines.

La parte superior de madera no es un mero detalle estético, sino que añade un punto extra de practicidad muy de agradecer en el día a día. Funciona como una consola donde dejar las llaves, la cartera, el bolso o colocar algún elemento decorativo.

Su chasis de hierro garantiza una estabilidad fantástica, con patas ajustables que evitan cualquier tipo de cojera si el suelo de la estancia presenta pequeñas irregularidades.