El deporte español se nutre de las gestas de los grandes héroes que marcan una época y, actualmente, estamos viviendo la era de María Pérez. La marchadora granadina de 30 años lleva cuatro temporadas ganando sin parar con los dos oros mundiales de Budapest 2023, el oro y la plata de los Juegos de París 2024, los dos oros mundiales de Tokio 2025 y, ahora, un nuevo oro europeo en Birmingham 2026.
¿A qué sabe esta medalla?
Esta medalla me sabe a gloria, pero también a tristeza, porque me hubiese gustado que Antonella me acompañara en el podio.
Fueron juntas la primera parte de la prueba y después se fue descolgando…
Sí y se lo que está rondando por su cabeza y me da miedo. Necesito que ella también esté conmigo al máximo nivel.
Durante la prueba, vimos que Antonella se tropezó con la valla de protección y casi se va al suelo, pero usted la ayudó
Le pegué bronca por ir tan cerca de la valla, le agarré de la mano y le grité para que fuera más por el centro de la calle. Es mi rival y, ante todo, mi amiga y quería que me acompañara al frente de la prueba.
¿Qué pensó cuando cruzó la meta en primera posición, otra vez?
Pensé en esa niña que soñaba con llegar a su primer europeo algún día. Debuté en Berlín 2018 y, cuando lo paro a pensar, me doy cuenta de lo rápido que pasa el tiempo y de la cantidad de gente que viene y se va de tu vida.
Ahora que lo recuerda, lleva ocho años al máximo nivel y en ese debut quedó campeona de Europa por primera vez. ¿Con qué se queda de toda esta trayectoria de éxito que está construyendo?
Me quedo con todo lo que he aprendido. Si tengo que destacar un año, sería el 2022. Fue mi peor temporada, todo me salió mal y creo que todo el mundo debería tener un mal año para valorar de verdad los grandes resultados cuando se tienen.
Tras ese mal año, no paró de sumar éxitos. ¿Ha encontrado la fórmula para ganar siempre?
Parece que sea fácil, pero no lo es. Cada año es más complicado por el nivel, por la juventud de mis rivales y por tener que seguir manteniendo la motivación. Cuando lo tienes todo, encontrar la motivación es mucho más complicado.
¿Y cómo gestiona esa parte mental?
Me he criado en un sistema de mucha competitividad con los propios compañeros. Con los años vas entendiendo que es todo mucho más fácil de lo que pensabas. Nos obsesionamos con el rendimiento y los resultados y nos olvidamos de ser felices. En mi caso, ahora estoy viviendo mi momento más feliz, sin tanta obsesión y dejando que todo fluya.
Ahora le vienen las dos temporadas más importantes con el Mundial de Pekín 2027 y los Juegos de Los Ángeles 2028. ¿Se siente preparada para afrontarlo con la exigencia que requiere la preparación?
No negaré que cuando lo pienso me da un poco de vértigo. Cada vez me cuesta más estar fuera de casa y para llegar bien preparada a esas dos citas tan importantes deberé pasar muchas semanas de concentración en altitud, en la montaña, lejos de mi familia y amigos. Es la parte que no se ve de mis éxitos, pero como hago lo que me gusta, el sacrificio se siente menor. No tengo la sensación de ir a trabajar porque amo lo que hago. Me siento una privilegiada en todos los aspectos y no me puedo quejar.
¿Cuántas veces piensa en esa medalla de oro en Los Ángeles?
Ese oro lo tengo en mi cabeza desde que gané la plata individual en París. Sueño con el oro olímpico en LA28. Es la razón de continuar con todo esto, porque después de los Juegos tengo muy claro que quiero parar para ser madre y los que me conocéis sabéis que soy de ideas fijas.
¿Esa medalla sería el colofón perfecto a su carrera?
Sin duda, sería el broche perfecto a una carrera extraordinaria. Estamos trabajando muy bien para conseguirlo y resultados como el oro con el récord en este Europeo nos confirman que vamos por el buen camino. Pero en el deporte hay un día que estás muy bien y al otro estás mal. Si no llega esa victoria, no será el fin del mundo porque el oro olímpico ya lo tengo de París.
¿Qué siente cuando le ponen la etiqueta de favorita?
Me siento halagada, pero no se puede vender la piel del oso antes de cazarla, como si fuera todo fácil. A nivel de presión, no me afecta. Soy la primera que me exijo mucho y que me pongo presión y me gusta.
En Birmingham sumó su segundo récord del mundo y ya es la más rápida de siempre en media maratón y 35 kilómetros. ¿Se le podría considerar como la mejor marchadora de la historia?
Si soy la mejor o no lo tendréis que decidir vosotros, que sabéis mucho más de estadísticas de atletismo. Comparar a marchadoras de épocas diferentes, no me gusta. En mi caso, me considero una persona normal y corriente que tiene sus sueños y lucha por ellos.
¿Qué piensa cuando se compara a otras marchadoras con María Pérez?
Comparar es dañino para las nuevas generaciones. Aldara (Melián) y Sofía (Santacreu) vienen pisando fuerte y se las bautiza como las nuevas ‘María Pérez’ y no me parece bien. De María Pérez solo hay una y soy yo. Cada una debe hacer su propio camino sin este tipo de presiones. Dejemos que crezcan y sean ellas mismas.
¿Es fácil ser María Pérez?
Podríamos decir que sí. Ya no tengo tanta privacidad como antes y la gente me reconoce más, pero soy una persona sencilla, de Granada, la misma que irá a pasar tiempo con su abuela. No he cambiado. Sigo siendo la María que veis, con el corazón abierto. Os tengo mal acostumbrados porque siempre que os veo, os saludo, os doy besos y abrazos. Yo soy así, soy cercana y no soy distante. Soy yo en todo momento. Los que me conocéis dentro y los que me conocéis fuera no creo que haya mucha diferencia. Cuando compito, me pongo mis gafas y paso de todo lo que hay a mi alrededor, pero luego soy esa persona que quiere lo mejor.
Esta temporada compitió muy poco
Sí, lo necesitaba a nivel mental después de tres años sin parar de ponerme dorsales y de tanta exigencia. Por ese lado me fue bien, pero la falta de competición me perjudicó. Me costó más llegar a mi pico de forma, pero me di cuenta de algo importante.
¿De qué?
Aquí en el Europeo me he dado cuenta de que todavía tengo esos nervios especiales que solo te dan el día antes de competir y la propia competición. Esas ganas y esa ilusión todavía siguen vivas en mí y me empujan a seguir