0:000:00
El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Marruecos suele hacer bien sus cálculos. Ha demostrado una notable capacidad para defender sus intereses y avanzar con paciencia en sus objetivos nacionales. Por eso, si detrás de lo ocurrido en Ceuta hubo cálculo político, cuesta entender el beneficio.
Todavía quedan demasiadas preguntas. No sabemos cuánto hubo de movilización espontánea, desinformación, fallo en los controles o permisividad. Tampoco se entiende cómo una movilización de decenas de miles de personas pudo crecer sin ser detectada, dada la eficacia de los servicios de información marroquíes y su cooperación con los españoles. Conviene no afirmar lo que no puede demostrarse, pero sí analizar el resultado: no beneficia a nadie.
La huida de los jóvenes cuestiona el relato de progreso que el país quiere proyectar
España ha vuelto a comprobar la vulnerabilidad de su frontera y su dependencia de la cooperación marroquí. Durante las primeras horas, estuvo demasiado sola y Europa reaccionó tarde y descoordinada. Giorgia Meloni amenazó con cerrar Schengen con España, como si entrar en Ceuta implicara acceder al resto de Europa, revelando un conocimiento impreciso del régimen especial de Ceuta y Melilla.
Pero Marruecos también ha perdido, y posiblemente sea quien menos podía permitirse un episodio así. El reino vive una etapa de afirmación internacional: su economía crece, atrae inversión y se consolida como plataforma entre Europa y África, además de como socio estratégico, previsible y seguro. El Mundial del 2030, que organizará con España y Portugal, es la gran oportunidad para proyectar esa imagen. No se trata solo de construir infraestructuras, sino de generar confianza. Las imágenes de Ceuta no ayudan. Precisamente porque Marruecos crece, gana influencia y bate récords turísticos, tiene mucho que perder con episodios asociados al descontrol fronterizo o al posible uso político de la migración.

Lo ocurrido se está instrumentalizando, con fines evidentes de política interna, como un ataque a la integridad territorial de España. La llegada de Santiago Abascal a Ceuta, dispuesto a presentarse como salvador de la patria, muestra cómo una tragedia humana puede utilizarse para echar leña al fuego. Los indicios apuntan a otra realidad: mensajes falsos en redes sobre la apertura de la frontera y la posibilidad de obtener papeles, unidos al desempleo juvenil y al hartazgo de parte de los jóvenes marroquíes.
Las muertes, los desaparecidos y las imágenes de jóvenes intentando marcharse han provocado conmoción y rechazo en Marruecos. Nada indica que la mayoría pretendiera conquistar Ceuta, sino alcanzar Europa y buscar una vida mejor. Tampoco favorece al país la imagen de una juventud dispuesta a jugarse la vida para llegar a Europa, porque cuestiona el relato de progreso y oportunidades que Marruecos quiere proyectar. España tampoco debería analizarlo desde la superioridad: tiene la segunda tasa de desempleo juvenil más alta de la Unión Europea. Para demasiados jóvenes marroquíes o subsaharianos, buscarse la vida puede significar arriesgarla saltando una valla, cruzando el Estrecho en patera o intentando llegar a nado.
En Ceuta no ha ganado nadie. Por encima de cualquier cálculo político quedan las vidas perdidas en una tragedia que nunca debió producirse. A las puertas del mayor escaparate internacional de su historia, Marruecos tiene mucho más que ganar presentándose como parte de la solución que permitiendo que vuelva a ser percibido como parte del problema.