
El Archivo de Bogotá reveló una recopilación de 20 sucesos poco conocidos que marcaron la independencia de Colombia, arrojando nueva luz sobre detalles y protagonistas que suelen pasar inadvertidos en la historia oficial.
Estos hallazgos documentales permiten comprender desde otra perspectiva los hechos, motivaciones y personajes que dieron forma al proceso independentista, abarcando episodios inéditos, documentos perdidos, figuras olvidadas y divisiones internas que influyeron en el rumbo del país.

La única copia fiel del Acta de Independencia fue caligrafiada y miniaturizada en 1846 por Simón José Cárdenas. El acta original fue destruida en el incendio de las Galerías Arrubla en 1900. La reproducción de Cárdenas, adornada con retratos de próceres y sus firmas, fue litografiada en París y Leipzig, y más tarde reproducida por el Banco de la República en 1952.
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La creación de juntas de gobierno locales en la Nueva Granada fue una reacción directa a la abdicación de Fernando VII y la invasión francesa de 1808. Los criollos buscaron autodeterminación, motivando el incidente del Florero con el comerciante español José González Llorente el 20 de julio de 1810.
El papel de José María Carbonell fue determinante para el éxito del 20 de julio. Ante la indecisión del virrey Amar y Borbón, Carbonell arengó a los barrios populares para que presionaran por el cabildo abierto, hecho que forzó la decisión de las autoridades.

La persecución contra Antonio Nariño se debió tanto a su traducción de los “Derechos del Hombre” como a acusaciones de fraude con fondos reales, nunca probadas. Su principal detractor fue Joaquín de Mosquera y Figueroa, presidente de la Real Audiencia.
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La primera junta de gobierno en América no nació en Bogotá, sino en Quito, en 1809. Un año después, Caracas siguió el ejemplo, y solo entonces los criollos de Santa Fe iniciaron su propio proceso el 20 de julio de 1810.
Durante mucho tiempo, los territorios americanos no se percibían como colonias, sino como virreinatos de ultramar. El conflicto fue, en esencia, una guerra civil entre descendientes de españoles, más que un enfrentamiento entre colonizadores y colonizados.
Las disputas entre centralismo y federalismo se explican por la fragmentación regional y la rivalidad entre ciudades del territorio neogranadino. Bogotá, por su peso político y educativo, se erigió en el epicentro de la nueva república.
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La imprenta utilizada por Nariño para difundir ideas revolucionarias fue confiscada tras su prisión y terminó en la Biblioteca Real. Más tarde, funcionó en la Calle de los Carneros y hoy se conserva en el Museo Nacional de Colombia.
Contrario a lo que muchos creen, la independencia de los territorios americanos fue contemplada por la monarquía española mucho antes de la Revolución Francesa. En 1781, José Abalos propuso a Carlos III una emancipación regulada y pacífica de las colonias.
El incumplimiento de pactos con los comuneros y el incremento de impuestos para financiar guerras europeas minaron la lealtad criolla a la Corona. Las nuevas ideas de la Ilustración y el Siglo de las Luces abonaron el terreno para la república.
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La sociedad bogotana se dividió entre moderados (“carracos”), defensores de un liberalismo mesurado, y radicales (“chisperos”), liderados por José María Carbonell y Antonio Nariño. Estas facciones marcaron la política de la ciudad tras el 20 de julio.
No toda la población apoyó la independencia. Agustín Agualongo, militar indígena, combatió del lado realista durante más de 13 años y fue fusilado por los republicanos. Fernando VII le concedió póstumamente el grado de brigadier general.

En 1728, Barule encabezó una gran rebelión de cimarrones en el Chocó, logrando la proclamación de un gobierno propio en el Palenque de Tadó, con más de 120 esclavos y cerca de 2.000 miembros. Fue capturado y ejecutado en febrero de 1728.
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José Acevedo y Gómez arengó desde el balcón del Cabildo el 20 de julio, incitando a los santafereños a aprovechar la “ocasión única y feliz” para la independencia. Su oratoria fue decisiva para avivar el movimiento.
El “Memorial de Agravios” de Camilo Torres no tuvo impacto político inmediato, pero es clave para entender la visión criolla sobre derechos y autonomía. En él, Torres defendía que los americanos eran tan españoles como los peninsulares.
El incendio de las Galerías Arrubla en 1900, provocado por Emilio Streicher, destruyó archivos municipales y las actas originales de la independencia y fundación de Bogotá, causando una pérdida irreparable para la memoria nacional.
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El último virrey nombrado para el Nuevo Reino de Granada, don Benito Pérez, nunca llegó a ejercer su cargo. Su historia quedó consignada en informes enviados desde La Habana a las autoridades españolas.
José González Llorente, protagonista del famoso incidente del Florero, era un comerciante peninsular políglota y traductor oficial de documentos para el virrey. A diferencia de la versión tradicional, no era enemigo declarado de los americanos y murió en el exilio en Cuba.

Pedro Pascasio Martínez, niño soldado, es recordado por capturar al general español José María Barreiro tras la batalla de Boyacá en 1819. Por su actuación, Bolívar le otorgó el grado de sargento y una gratificación de cien pesos.
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En 1809, pasquines anónimos aparecieron en Santafé incitando a la resistencia contra los franceses y los impuestos reales. Muchos fueron escritos por estudiantes del Colegio Mayor del Rosario y San Bartolomé, evidenciando el germen revolucionario en el ambiente universitario.
Estos 20 episodios documentados por el Archivo de Bogotá revelan la complejidad y diversidad de actores, ideas y sucesos que moldearon la independencia de Colombia, desafiando la visión tradicional y ampliando la comprensión de este proceso histórico.