
La más reciente toma del Madison Square Garden por parte de Harry Styles es parte de una tendencia que, según algunos, transfiere a los fans el costo de salir de gira.
Cuando Harry Styles se subió al escenario del Madison Square Garden el miércoles para la primera de 30 presentaciones de su residencia allí, se convirtió el más reciente y quizás más ambicioso ejemplo de la tendencia favorita de la industria de los conciertos: ofrecer más espectáculos en menos lugares.
El año pasado, Bad Bunny realizó una residencia de 31 fechas en Puerto Rico, rebosante de orgullo local. En 2024, Billy Joel completó una temporada de 10 años en el Garden, y agotó las entradas durante 104 noches. Este año, Jay-Z está celebrando álbumes emblemáticos con conciertos en estadios en Nueva York, Londres, París y Los Ángeles. Y en Las Vegas, la tecnología de punta de Sphere ha subido la apuesta multimedia para los conciertos en todas partes.
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Para los artistas y sus promotores, estas temporadas concentradas han surgido a través de una combinación de cálculos de ajuste de presupuesto –los ahorros tan solo en transporte de carga y combustible pueden ser sustanciales– y un deseo de aumentar la espectacularidad, según ejecutivos de giras y de talento.
“Los compromisos más largos permiten a los artistas crear experiencias que sencillamente no son prácticas cuando una producción se mueve de forma constante”, dijo Omar Al-joulani, el presidente de giras de Live Nation. La empresa está organizando más de 470 espectáculos de residencia este año, la mayoría de ellos en Las Vegas.
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Para su más reciente gira, Styles, el rompecorazones del pop británico de 32 años, se presentará en 67 fechas en solo siete ciudades de todo el mundo, un movimiento que ha hecho de su gira el tema de conversación de la industria, y que desató un frenesí por las entradas. Cuando las preventas comenzaron en enero, muchos fans se mostraron reacios ante los precios que superaron la marca de los 1000 dólares, pero aun así las compraron en grandes cantidades. Miles de asientos para los conciertos del Garden han sido anunciados en los mercados de reventa por varias veces su costo original, incluso a medida que Ticketmaster ha liberado más entradas a cuentagotas en semanas recientes para los fans que se unieron a las listas de espera nocturnas.
Para los asistentes veteranos a conciertos, las residencias no son nada nuevo. Los fans de Bruce Springsteen todavía se deshacen en elogios al hablar de su reveladora serie de 10 conciertos en The Bottom Line en 1975. Prince tocó 21 noches en la O2 Arena de Londres en 2007. La última vez que Styles estuvo de gira, de 2021 a 2023, hizo una serie de conciertos de residencia, como parte de una adaptación de toda la industria a hacer giras en los últimos días de la pandemia de la covid.
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El paradigma ha evolucionado a medida que los artistas han buscado renovar sus espectáculos y destacar en un mercado saturado. Festivales como Coachella, que demostraron que los fans viajarían por un espectáculo especial, proporcionaron un modelo, dijo Mitch Rose, director de giras en América del Norte de la Creative Artists Agency.
“Coachella era un destino al que la gente iba para pasar el rato, iba por la música, iba porque le daba FOMO”, dijo, usando las siglas en inglés de la frase “miedo a perderse de algo”. “Así que pienso en las residencias como si fueran lo mismo que un festival”. Rose, quien representa a Styles, John Mayer, Katy Perry y a otros artistas importantes, dijo que no podía comentar sobre detalles específicos de las giras de sus clientes. Los representantes de Styles también declinaron hacer comentarios.
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Las Vegas, alguna vez menospreciada como un destino para artistas cuya mejor época ya había pasado, se ha transformado gradualmente en una capital lucrativa para artistas de primer nivel. Celine Dion fue clave en este cambio, al vender alrededor de 660 millones de dólares en entradas para dos residencias que comenzaron en 2003. Elton John, Britney Spears, Adele y otras estrellas siguieron su ejemplo. (Después de problemas de salud, Dion realizará una serie de conciertos de regreso el próximo mes en París).
Luego llegó Sphere, la creación de 2,3 millardos de dólares de James Dolan, el ejecutivo detrás del Madison Square Garden, la cual ha transformado aún más a Las Vegas. Desde que U2 inauguró el recinto en 2023, su despliegue visual futurista –y la disposición de los fans a pagar precios elevados por estar ahí– han establecido un nuevo estándar. Rose llamó a Sphere la nueva “madre de todas las residencias”.
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Para los artistas y sus equipos, quedarse en un solo lugar puede aliviar el desgaste de las giras y ofrecer inusuales comodidades hogareñas, dijo Michele Bernstein, una exsocia de William Morris Endeavor que ha sido consultora de giras para artistas como Bruno Mars y Dead & Company. “Puedes tener cierta familiaridad”, dijo Bernstein. “Preparar tu propio café, mantener tu rutina de ejercicios”.
Pero cuando una residencia reemplaza una gira completa, eso puede imponer cargas financieras a quienes compran entradas.
“Es peor para los fans”, dijo Jonathan Daniel de Crush Music, que maneja las carreras de Green Day, Miley Cyrus y Alanis Morissette. “Pero ningún artista piensa: ‘¿Cómo podemos empeorar las cosas para ellos?’”, agregó Daniel.
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Los promotores han descubierto que incluso cuando los precios se disparen, los seguidores de los músicos están dispuestos a pagar, y a viajar distancias significativas, si creen que un espectáculo valdrá el gasto; un fenómeno que la industria ahora monitorea como “turismo de fans”.
Según datos de encuestas recopilados por Live Nation, casi seis de cada 10 aficionados viajan para al menos un espectáculo al año, y el 91 por ciento de los encuestados afirmó que un evento en vivo había “influido en su decisión de visitar un destino por primera vez”.
Craig Church, de 38 años, del área de la bahía de San Francisco, fue uno de los miles de fans de Harry Styles que respaldan esa investigación.
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Church dijo que cuando se abrieron las preventas de la gira, se encontró buscando entradas en Ticketmaster a mitad de la noche para Nueva York y Londres. Aprovechando cualquier ventaja que pudo, consiguió dos lugares en pista para él y su esposa en el estadio de Wembley en Londres por unos 450 dólares cada uno, al utilizar códigos que obtuvo por encargar copias en vinilo del álbum más reciente de Styles, Kiss all the time. Disco, Occasionally.
Church, quien compartió con The New York Times recibos detallados de sus compras, convirtió el viaje del concierto en unas vacaciones de una semana en Londres en junio que costaron alrededor de 10.000 dólares, de los cuales estimó que 4400 dólares estaban directamente vinculados a la gira de Styles. “Terminó valiendo la pena toda la odisea”, dijo Church.
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La creencia generalizada de la industria es que solo las superestrellas de élite –como Styles, Adele o Joel– pueden encabezar el tipo de costosas residencias que llenan arenas y venden entradas por cientos de miles. Pero los artistas independientes, cuyas audiencias pueden ser más pequeñas pero igual de dedicadas, también pueden llevar a cabo versiones a su propia escala.
Casi todos los años desde 2001, Yo La Tengo, pilares del rock independiente originarios de Hoboken, Nueva Jersey, han realizado una serie de ocho noches por Janucá. Ahora una celebrada tradición a nivel de clubes, comenzó como una ocurrencia después de que la banda se quejara de tener que hacer una fiesta de Navidad. “Simplemente nos pareció divertido y audaz”, dijo en una entrevista Ira Kaplan, el guitarrista de la banda.
La banda colocó una menorá de plástico en Maxwell’s, el querido club de Hoboken, invitó a varias personas y donó todas las ganancias a la caridad. En 2017, después de que Maxwell’s cerrara, los espectáculos se trasladaron al Bowery Ballroom de Manhattan, y durante los últimos dos años la banda ha lidiado con la reventa desenfrenada de entradas, una plaga más común para las estrellas de nivel de arena.
El decimoctavo año de conciertos de Janucá de Yo La Tengo comenzará el 4 de diciembre, y para el final de la serie, el 11 de diciembre, la banda habrá tocado 144 conciertos en la serie.
“Toma eso, Billy Joel”, dijo Kaplan secamente.
Ben Sisario, periodista especializado en música y la industria musical, lleva más de 20 años escribiendo para el Times.